Ali Asgari lleva a la Seminci un canto a la vida frente a la represión en Irán con 'A Bit of Light'
El cineasta iraní regresa a Valladolid, donde ganó la Espiga de Oro al mejor cortometraje en 2016, con una película que aborda la capacidad del ser humano para encontrar motivos para seguir adelante incluso en los momentos más oscuros
La vida puede abrirse paso incluso en medio del sufrimiento. Esa es la reflexión que plantea el cineasta iraní Ali Asgari en 'A Bit of Light', su nueva película, con la que regresa a la Semana Internacional de Cine de Valladolid (Seminci) para competir en la Sección Oficial de su 71 edición. El director propone un relato humanista sobre la represión, la desesperanza y la capacidad de las personas para adaptarse a las circunstancias más difíciles sin renunciar a pequeños momentos de felicidad.
Asgari es ya un rostro conocido para el festival vallisoletano. En 2016 consiguió la Espiga de Oro al mejor cortometraje por 'Il silenzio', una obra que codirigió junto a Farnoosh Samadi. Un año después volvió a Seminci con su primer largometraje, 'Disappearance', que formó parte de la sección Punto de Encuentro. Ahora da el salto a la competición principal con una historia que conecta con la mirada humanista que ha caracterizado históricamente al certamen.
'A Bit of Light' sigue durante una jornada a Arash, un médico de familia interpretado por Misagh Zareh, colaborador habitual del también cineasta iraní Mohammad Rasoulof. Su vida cambia por completo cuando las autoridades le retiran la licencia y cierran su consulta. El motivo es haber atendido a varias personas que habían resultado heridas tras ser golpeadas durante las manifestaciones contra el régimen.
La decisión de las autoridades deja al protagonista sin su trabajo y sin aquello que daba sentido a su día a día. Desbordado por la situación, Arash empieza a plantearse quitarse la vida. Un punto de partida que recuerda a 'El sabor de las cerezas', la reconocida película de Abbas Kiarostami, un director muy vinculado a la historia de la Seminci, que clausuró el festival en 1997 con aquella obra.
En ambos relatos, los encuentros que se producen durante el camino de sus protagonistas terminan poniendo en cuestión su decisión. En el caso de Asgari, Arash encuentra en su relación con los demás una razón para seguir viviendo. Es un hombre incapaz de permanecer indiferente ante el dolor ajeno, ya sea el de sus pacientes, el de los manifestantes represaliados o el de los seres vivos que dependen de él.
Esa sensibilidad también se manifiesta en detalles aparentemente pequeños, como la preocupación por su gata o por las plantas que hasta entonces cuidaba en su consulta. Incluso cuando contempla la posibilidad de no estar, intenta encontrarles un futuro mejor. La película construye así el retrato de alguien que, pese a sentirse derrotado, no consigue desprenderse de su responsabilidad hacia los demás.
La narración avanza a través de sus encuentros con pacientes, agentes de seguridad, familiares y conocidos. Entre ellos aparecen su sobrino, al que visita en el teatro, y sus hermanas y su madre. Asgari apuesta por una puesta en escena contenida, con escasos movimientos de cámara y diálogos en los que también hay espacio para el humor negro. Mientras tanto, Arash se enfrenta a una pregunta que atraviesa toda la película: "¿Por qué debería uno seguir viviendo con todo este sufrimiento?".
Una historia nacida de un periodo especialmente difícil para Irán. El propio director explicó durante la presentación de la película en España que el proyecto tomó forma en un contexto marcado por la tensión interna y el comienzo de otra guerra. "La película se hizo en un momento bastante trágico y difícil para Irán", señaló, antes de reconocer que aquellas circunstancias siguen siendo complicadas.
Asgari recordó que, en medio de la tristeza y la desesperación que encontraba en las calles, había situaciones cotidianas que le resultaban difíciles de comprender. Los niños seguían jugando, la gente acudía a los restaurantes y la vida continuaba aparentemente con normalidad. "No podía comprender de dónde sacaban fuerzas para vivir", explicó.
Con el tiempo, aquella contradicción se convirtió en el punto de partida de su película. "Me di cuenta de que la vida continúa. Es muy apreciada para el ser humano", afirmó. El cineasta quiso explorar cómo las personas encuentran la manera de adaptarse a situaciones extremas y conservar pequeños espacios de alegría, incluso cuando las circunstancias parecen no dejar lugar a la esperanza.
"Es muy interesante ver cómo el ser humano intenta por todos los medios adaptarse a la situación, seguir viviendo y encontrar un poquito de alegría, aunque sea falsa, que le haga seguir adelante", añadió.
El humor ocupa también un lugar importante en ese planteamiento. Para Asgari, no está reñido con el sufrimiento, sino que forma parte de la propia experiencia humana. "En mi película he puesto la vida real, donde está presente todo: el humor, la tristeza", explicó. A su juicio, ambos sentimientos conviven constantemente y ayudan a entender la complejidad de las personas.
El director resumió esa convivencia con una imagen: la luz y la oscuridad no están enfrentadas, sino que forman parte de una misma realidad. Una idea que atraviesa 'A Bit of Light' y que convierte la historia de Arash en una reflexión sobre la resistencia cotidiana, la solidaridad y la necesidad de encontrar motivos para continuar incluso cuando todo parece estar en contra.








