'We Are All Strangers' emociona en la Seminci con un retrato de la familia y la vida en Singapur

Anthony Chen cierra su trilogía 'Growing Up' con una historia sobre los vínculos familiares, las diferencias sociales y la búsqueda de un lugar propio en el mundo

'We Are All Strangers' emociona en la Seminci con un retrato de la familia y la vida en Singapur
El autor esRebeca Pasalodos Pérez
Rebeca Pasalodos Pérez
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La familia, los afectos y las dificultades para encontrar un camino propio protagonizan 'We Are All Strangers', la película con la que el cineasta singapurense Anthony Chen ha completado su trilogía 'Growing Up'. El largometraje, recibido con una buena acogida en su estreno en España en la 71ª Semana Internacional de Cine de Valladolid, ofrece una mirada cercana a la sociedad de Singapur a través de las relaciones entre padres e hijos, las desigualdades económicas y las segundas oportunidades.

La cinta supone el tercer capítulo de un proyecto que comenzó en 2013 con 'Ilo Ilo' y continuó en 2019 con 'Wet Season'. En las tres películas, Chen ha contado con Jia Ler Koh y Yann Yann Yeo, dos intérpretes a los que ha acompañado en distintas etapas vitales. El primero debutó con apenas 11 años en su ópera prima, después de un casting en el que participaron unos 8.000 menores de 21 colegios de primaria. Ahora regresa convertido en un joven adulto, mientras que Yeo pasa de interpretar a su madre en la primera entrega y a una profesora en la segunda a dar vida a su inesperada madrastra en esta nueva historia.

El relato se centra en Junyang (Jia Ler Koh), un joven de 21 años sin grandes aspiraciones y sin rumbo, y en su padre, Boon Kiat (Andi Lim), que trata de salir adelante vendiendo fideos en un mercado nocturno tras la muerte de su mujer. La vida de ambos da un giro cuando el amor aparece en sus respectivos caminos, aunque de formas muy distintas.

Junyang mantiene una relación con Lydia (Lim Regene), una pianista de 19 años procedente de una familia acomodada que se queda embarazada. Al mismo tiempo, su padre conoce a Bee Hwa (Yann Yann Yeo), una camarera malaya que trabaja como inmigrante y que consigue devolverle la ilusión. Dos historias sentimentales que terminan por cambiar la dinámica familiar y obligan a sus protagonistas a enfrentarse a una realidad que no habían previsto.

Con los cuatro personajes compartiendo un pequeño piso de protección familiar, 'We Are All Strangers' convierte la convivencia en el escenario de una transformación personal y colectiva. Las tensiones sentimentales y económicas se entremezclan con la enfermedad, la pérdida y la llegada de una nueva vida, mientras los protagonistas intentan encontrar su lugar dentro de una familia que no responde a los modelos tradicionales.

Chen aborda estas situaciones con una puesta en escena discreta y una mirada comprensiva hacia sus personajes. El resultado conecta con el cine de autores como Edward Yang o Hirokazu Kore-eda, herederos de una tradición en la que la vida doméstica sirve para explicar cuestiones mucho más amplias. Como sucedía en las películas de Yasujiro Ozu, la familia funciona aquí como un reflejo de las tensiones y los cambios que atraviesan la sociedad.

La película también se adentra en algunos de los problemas del Singapur actual, desde la precariedad y las diferencias de clase hasta la desafección de los jóvenes, las promesas de dinero fácil y los peligros de las redes sociales y las estafas por internet. Frente a la falta de expectativas de su hijo, Boon Kiat representa una forma de entender la vida basada en el trabajo, la honestidad y la aceptación de las dificultades. En un momento del relato, el padre trata de transmitirle una lección con una frase que resume su experiencia: "Demasiada felicidad y poco sufrimiento desequilibra una vida".

La historia retrata así una sociedad marcada por las contradicciones, en la que conviven las aspiraciones de prosperidad con las dificultades cotidianas para llegar a fin de mes. En medio de ese escenario, sus personajes buscan algo que va más allá de la estabilidad económica: el cariño, el amor y la sensación de pertenecer a un lugar.

El propio Anthony Chen explica en las notas de producción que su interés por la familia nace de su capacidad para representar, a pequeña escala, los conflictos del mundo. "La familia es la lente primigenia con la que aprendemos a observar el mundo", señala el director, que considera este entorno el primer espacio en el que se aprende el significado del amor, el conflicto, el deber y el sacrificio. Con 'We Are All Strangers', el cineasta cierra una trilogía que también refleja su propia evolución personal, desde sus últimos años de juventud hasta su etapa actual como marido y padre.

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