Alberto Conejero: "La memoria nos hace comprender el pasado, cuestionar el presente y construir un futuro"
El dramaturgo regresa a Valladolid con ‘Leonora’ y el estreno nacional de ‘Verbena, imprenta y café’, mientras celebra el éxito de ‘La bola negra’ y reivindica la libertad, la memoria y el papel de la creación escénica
Alberto Conejero mantiene un vínculo especial con Valladolid, una ciudad en la que vivió durante ocho años y donde ejerció como profesor en la Escuela Superior de Arte Dramático de Castilla y León. El dramaturgo, poeta y director regresa ahora a sus escenarios con nuevos proyectos y con el cariño de un público que ha seguido de cerca su trayectoria. El Teatro Calderón acogerá 'Leonora', una obra escrita y dirigida por él, y el estreno nacional de 'Verbena, imprenta y café', una creación junto a Xavier Bobés que se adentra en las amistades y complicidades de la Generación del 27.
Su nombre también atraviesa uno de los grandes acontecimientos recientes del cine español. Conejero es coguionista de 'La bola negra', la película de Javier Calvo y Javier Ambrossi que representará a España en los próximos premios Oscar. Una historia que conecta distintas épocas a través de la identidad, el deseo y la memoria, y que vuelve a poner sobre la mesa la necesidad de recuperar las vidas y los afectos que durante mucho tiempo quedaron relegados al silencio.
En su obra, la memoria individual y colectiva, la libertad y la identidad ocupan un lugar central. Desde la figura de Federico García Lorca hasta las historias de quienes tuvieron que ocultar sus sentimientos para sobrevivir, Conejero reivindica la capacidad de la ficción para acercarnos a otras vidas y reconocer su humanidad. En esta entrevista, repasa su relación con Valladolid, reflexiona sobre el presente del teatro y el cine y comparte las historias que todavía le quedan por contar.

PREGUNTA: Durante ocho años fue profesor en la Escuela Superior de Arte Dramático de Castilla y León. ¿Qué recuerdos conserva de aquella etapa en Valladolid y qué cree que le aportó, tanto personal como profesionalmente?
RESPUESTA: Guardo mucho cariño a Valladolid y a aquellos años de docencia. Fuimos el claustro y la promoción que inauguró la nueva sede en el Miguel Delibes. La enseñanza te obliga a cuestionar tus certezas, te devuelve a la condición maravillosa de aprendiz. Lamento mucho que me obligaran a abandonar mi plaza. En otro lugar me gustaría volver a la docencia.
P: ¿Qué tiene Valladolid que haya dejado huella en usted? ¿Hay algún lugar, alguna persona o alguna experiencia de aquellos años a la que regrese especialmente en sus recuerdos?
R: Viví en una buhardilla de la calle Santiago. En invierno apenas lograba calentarla con una salamandra que alimentaba con lo que encontraba. Corregí muchos ejercicios de los alumnos en ese calor. Guardo el recuerdo de los estudiantes. Eran lo mejor de la escuela.
P: El pasado mes de junio participó en el encuentro Valladolid, ciudad de teatro, junto a José María Esbec, director del Teatro Calderón. ¿Cómo ve la relación de Valladolid con las artes escénicas? ¿Qué papel cree que desempeña la ciudad dentro del panorama teatral español?
R: Una ciudad viva cuida de sus teatros y de sus creadores. No basta con recibir los espectáculos que se producen en otros lugares: es importante que cada territorio tenga capacidad para generar sus propias propuestas y acompañar a las compañías locales. Valladolid tiene las estructuras y los talentos para hacer un gran teatro. Es necesario que la política haga su parte.
P: Ahora regresa al Teatro Calderón con 'Leonora', un montaje escrito y dirigido por usted. ¿Qué significa volver a Valladolid con una obra propia después de los años en los que formó parte de su comunidad educativa?
R: Aquí se recibió con muchísimo cariño 'El mar: visión de unos niños que no lo han visto nunca'. Sé que en esta ciudad se espera mi teatro con cariño y con exigencia. Confío mucho en este espectáculo, en el talento de Natalia Huarte. Leonora Carrington me interesó por su espíritu indócil y por su capacidad para defender su vocación en circunstancias extraordinariamente difíciles. Cuando leí sus memorias, encontré una mujer que había sobrevivido a muchos naufragios. Sé que los espectadores se van a enamorar del arte de Natalia Huarte.

P: El Calderón acogerá también el estreno nacional de 'Verbena, imprenta y café', su cocreación con Xavier Bobés sobre la Generación del 27. ¿Qué le interesa de aquel grupo de escritores y artistas y qué podemos descubrir hoy a través de sus vidas y sus obras?
R: A menudo construimos la historia cultural alrededor de grandes nombres y olvidamos las amistades y las complicidades que hicieron posible aquella extraordinaria efervescencia creativa. Hay, además, una pregunta que creo importa a nuestro presente: ¿qué hace posible que una comunidad artística florezca? Nadie crea completamente solo, aunque a veces nos guste construir la imagen romántica del artista aislado. ¿Somos capaces de reconocer y admirar el talento de los demás?

P: Es coguionista de 'La bola negra', la película de Los Javis que representará a España en los próximos premios Oscar. ¿Cómo está viviendo la repercusión de la película y qué supone para usted que una historia en la que ha trabajado llegue a tener semejante alcance?
R: Lo vivo con asombro, alegría y como una ocasión de aprendizaje. Es una experiencia extraordinaria. Me emociona especialmente que muchas personas estén descubriendo a Rafael Rodríguez Rapún. Celebro que la película esté llevando nuevos lectores hacia una obra que nunca ha dejado de acompañarme.
P: La película conecta distintas épocas a través de cuestiones como la identidad, el deseo, la memoria y la homosexualidad. ¿Qué cree que explica que una historia con ese trasfondo conecte con públicos tan diferentes?
R: Porque todos compartimos el deseo de amar y ser correspondidos, el miedo al rechazo y la necesidad de encontrar un lugar en el mundo. La ficción nos permite acercarnos a vidas distintas de la nuestra y reconocer su dignidad. Cuando una película consigue que personas de distintas generaciones se encuentren en una sala y salgan con ganas de hablar, ha sucedido algo que merece la pena celebrar.
P: Usted procede fundamentalmente del mundo de la dramaturgia. ¿Qué ha descubierto del lenguaje cinematográfico al trabajar con Javier Calvo y Javier Ambrossi? ¿Qué puede aportar un dramaturgo a la escritura de una película?
R: Es un gran aprendizaje, aunque ya tenía experiencia en el guión. De hecho, estaba trabajando en el tratamiento cinematográfico de 'La geometría del trigo' cuando recibí la llamada de Javier Ambrossi y Javier Calvo. En este guión he aportado mi conocimiento de la obra de Lorca y el trabajo de investigación que llevo realizando durante décadas. La trama de Granada necesitaba además de un aliento poético al que he contribuido desde mi propia condición de poeta. Siento que la película se ha beneficiado del encuentro de mundos aparentemente diversos pero unidos por el amor a Federico y porque los tres hemos tenido que hacer nuestro camino con muchas bolas negras en los bolsillos.

P: ¿Cree que el éxito de 'La bola negra' puede contribuir a que la industria audiovisual española se interese más por historias y personajes LGTBIQ+ que durante mucho tiempo han quedado fuera de los relatos mayoritarios?
R: Celebro que una historia con tres protagonistas homosexuales esté alcanzando el corazón de todo tipo de espectadores, que de igual modo que yo puedo sentirme interpelado y emocionarme con la historia de Romeo y Julieta, un espectador que no pertenezca al colectivo se emocione con la de Rafael y Sebastián porque la ficción no debe ser sólo auto-referencial, que nos importe porque habla de nosotros, sino porque habla de la humanidad, que es su único asunto.
P: Lorca es una figura que atraviesa, de una manera u otra, buena parte de las conversaciones sobre cultura, identidad y libertad en España. ¿Qué sigue encontrando en su obra que le resulte imprescindible para entender el presente?
Lo primero que leí de Lorca fue 'La casa de Bernarda Alba', en el instituto. Me fascinó tanto que después leí por mi cuenta 'Bodas de sangre' y los 'Sonetos del amor oscuro'. Ahí encontré una de las grandes puertas de entrada a mi vocación.
Lorca me enseñó la potencia de la palabra poética y una enorme alegría de vivir pese a los fantasmas y miedos. Es un autor al que regreso continuamente porque su obra no deja de formular preguntas sobre el deseo, la libertad y las convenciones que intentan determinar cómo debemos vivir. Lorca es un gran poeta y dramaturgo, pero también fue un hombre cuya vida y asesinato están vinculados a una historia de represión que no podemos despolitizar sin falsearla. Me parece maravilloso que nuevas generaciones se acerquen a él, que lo lean, que lo sientan como alguien cercano.
P: En La piedra oscura se acercó a Rafael Rodríguez Rapún, compañero de Lorca en La Barraca. ¿Qué le llevó a interesarse por su figura y qué posibilidades encontró en una historia que permite mirar a Lorca desde la intimidad y los afectos?
R: "Tú nunca entenderás lo que te quiero / porque duermes en mí y estás dormido". ¿Quién era ese "tú" de los Sonetos del amor oscuro, quién provocó ese torrente de deseo, quién dormía en el pecho del poeta? Me encontré con una figura fundamental para comprender determinados aspectos de su biografía y de su universo poético, pero cuya propia historia había quedado en un segundo plano. Contacté con su hermano Tomás hace más de quince años, al comienzo de mi investigación. Fue un encuentro decisivo. Siempre le agradeceré su confianza y su comprensión de que la ficción puede llamar la atención sobre la realidad sin sustituirla ni suplantarla. Dediqué dos años de investigación antes de ponerme a escribir 'La piedra oscura'. Rafael fue hombre profundamente comprometido con sus ideales políticos, su vida luminosa y su trágica muerte importan no sólo por su relación con Lorca sino porque representa a toda una generación destruida por el fascismo.

P: La homosexualidad, el deseo y la dificultad de vivir libremente la propia identidad aparecen en muchas de las historias que le interesan. ¿Qué le mueve a volver sobre estas cuestiones y qué cree que todavía queda por contar?
R: Creo que hay una relación muy profunda entre el lenguaje y la identidad. En mi caso, la experiencia de haber sido un niño disléxico me hizo comprender pronto lo que significa no encontrar las palabras, fracasar ante ellas o sentir que el lenguaje se convierte en un obstáculo. Viví casi en total soledad y con un miedo horrible el descubrimiento de mi propia identidad. Por mucho que ahora se niegue, la homofobia estaba en todos lados. La literatura me ha permitido exorcizar alguno de esos fantasmas. Siento que ahora debemos contar nuestra resistencia y nuestra alegría, enarbolar la bondad como sólo pueden hacerlo quienes han vivido mucho y sufrido mucho y amado mucho y reído mucho.
P: ¿Considera que hoy existe una representación más libre y diversa de la homosexualidad en el teatro, el cine y la televisión españoles o siguen existiendo límites, prejuicios y temas que cuesta llevar al centro del relato?
R: Necesitamos personajes que tengan la misma complejidad que cualquier otro: que puedan ser contradictorios, generosos, mezquinos, divertidos, vulnerables o extraordinarios. No deberían estar reducidos a representar siempre una experiencia de sufrimiento ni a convertirse en portavoces de una comunidad entera.
P: En sus obras, la memoria individual suele dialogar con la memoria colectiva. ¿Qué importancia tiene recuperar las historias de quienes tuvieron que ocultar su identidad o sus afectos para poder sobrevivir?
R: Somos lo que recordamos y lo que imaginamos. Creo que ahí radica una parte esencial de nuestra humanidad. La memoria es una enlazadora del tiempo. Nos hace comprender el pasado, cuestionar el presente y construir un futuro. La memoria no debe limitarse a la denuncia ni a la reconstrucción del sufrimiento. También necesitamos recordar las amistades, las alegrías y las formas de resistencia que permitieron a muchas personas seguir viviendo y amando.
P: Desde su experiencia como dramaturgo, director y antiguo profesor, ¿cómo describiría el momento que atraviesa el teatro español? ¿Qué fortalezas y qué carencias detecta actualmente?
R: Asistimos a un momento excepcional de nuestro teatro, con autores, compañías e intérpretes que están desarrollando lenguajes muy diversos. Pero esa riqueza convive con la precariedad de gran parte del sector, con la amenaza ahora del vampirismo de los tecno-oligarcas y sus "inteligencias artificiales", que no son sino sistemas de expolio de la imaginación y esfuerzo de muchas generaciones.
P: ¿Siente que la dramaturgia contemporánea tiene suficiente espacio en los escenarios españoles o sigue siendo difícil que los textos nuevos encuentren su lugar frente a los grandes clásicos y las producciones más comerciales?
R: En los teatros públicos existe una tendencia a privilegiar el repertorio, mientras que la autoría contemporánea sobrevive como puede… Me gustaría que los teatros públicos asumieran con mayor decisión el acompañamiento de nuevos autores y que la escritura contemporánea no se considerase una apuesta excepcional. Necesitamos que forme parte de la vida habitual de los escenarios. Me preocupa también el escaso espacio que la literatura dramática ocupa en algunos suplementos culturales, ferias del libro y otros foros literarios. Un texto teatral puede tener una vida que vaya mucho más allá de su estreno, y necesitamos que esa dimensión literaria sea reconocida.
P: En un momento en el que el público consume cada vez más contenidos audiovisuales y digitales, ¿qué puede ofrecer el teatro que no se encuentre en una pantalla? ¿Cómo se consigue que las nuevas generaciones sientan la necesidad de acudir a una sala?
Sólo desde el amor al teatro podremos provocar más amor al teatro. Visito muchos institutos cada año y siempre trato de transmitirles ese acto tan poderoso como frágil que es una función teatral, algo que está naciendo para nosotros y que desaparecerá cuando salgamos del teatro. También es esencial que las artes tengan una presencia real en las escuelas y que no sólo exista un teatro para jóvenes sino hecho por los mismos jóvenes.
P: Para terminar, después de una trayectoria que abarca la escritura, la dirección escénica, la docencia y ahora también el cine, ¿qué historias siente que todavía necesita contar Alberto Conejero? ¿Hay algún tema al que aún no se haya atrevido a enfrentarse?
Me ilusiona la posibilidad de llevar 'La geometría del trigo' al cine y de seguir avivando nuestra historia en escena como en la obra sobre la Generación del 27 que estrenaremos en Valladolid. Si las cosas van bien, el año que viene debutaré en la narrativa. Eso sí me da miedo.









