Media vida viajando para animar al Real Valladolid: miles de anécdotas y un ictus superado
Paco Merillas, Javier Merillas, y Daniel García, tres aficionados del Pucela, describen a TRIBUNA en el Estadio de Gran Canaria hasta qué punto llega su pasión blanquivioleta
Hay empates que se olvidan, otros no tanto, pero los viajes permanecen para siempre. El 2-2 entre la UD Las Palmas y el Real Valladolid en el Estadio de Gran Canaria será un partido más en la interminable colección de encuentros que acumulan Francisco Merillas, Javier Merillas y Daniel García. Sin embargo, para ellos, estar juntos, de nuevo, en una grada tiene un significado que trasciende cualquier resultado o cualquier encuentro que dispute 'su' Pucela.
Los tres son socios -podríamos denominarlos históricos- del Real Valladolid. Paco Merillas tiene el número 496; Daniel García, el 888; y Javier Merillas, el 1.240. Pertenecen a la Peña Valdestillas y también forman parte de la Peña Mediterráneo, un proyecto que, poco a poco, están impulsando. Pero, por encima de números, peñas y kilómetros, comparten algo más sencillo: una vida ligada al Real Valladolid.
Paco tiene 78 años y calcula que comenzó con 28 a viajar para animar al Real Valladolid. Cumple, precisamente, este año medio siglo recorriendo España detrás de una camiseta. "Vamos cada viaje como si fuesen vacaciones. Aprovechamos para pasarlo bien, y eso nos anima", explica Merillas a TRIBUNA desde Las Palmas. De hecho, planifican el viaje con antelación y margen. Es decir, mucho antes de que llegue la jornada. "Desde que sale el calendario, lo miramos y ya vamos", reconoce. El siguiente desplazamiento ya aparece en el horizonte: Granada. Aunque, como tantas veces sucede entre quienes siguen a su equipo por toda España, deberán cuadrarlo con el trabajo.

Cincuenta años de carretera dan para muchas historias. Entre ellas, Paco rescata una especialmente difícil de olvidar. Ocurrió después de un encuentro de Copa del Rey en Compostela. Tenía reservado un hotel en Vigo y, mientras se desplazaba, le sorprendió un terremoto cuando atravesaba el Puente de Rande. "Entré en modo pánico", recuerda. Pero los últimos viajes han adquirido un significado especial. A su lado está Javier, su hijo, que continúa recuperándose de un ictus sufrido después de una operación. Padre e hijo habían regresado de uno de esos desplazamientos que explican su relación con el fútbol. Tras un partido en Valencia, pasaron por una localidad afectada por las inundaciones con el fin de realizar una aportación y ayudar en la medida de sus posibilidades. Después, llegó la operación de Javier. "Salió bien, pero luego le dio un ictus y ahora está recuperándose. Lleva así 19 meses", relata Paco.
El golpe obligó a Javier a reposar. Se perdió, por ello, varios desplazamientos. Pero, poco a poco, ha vuelto a las gradas. Córdoba, Leganés, Eibar y ahora Las Palmas han marcado un antes y un después de una recuperación que continúa.

Javier, de ser socio con 11 años a volver, afortunadamente, a viajar
Javier Merillas se hizo socio del Real Valladolid en el 1989. Tenía 11 años. La explicación de cómo nació su afición apenas necesita palabras: "Por mi padre. Es lo que he mamado". Desde bien pequeño empezó a acompañar a Paco. Entre sus primeros recuerdos aparece un viaje en tren a Toledo con motivo de una promoción. "Fuimos en tren y estuvimos toda la noche viajando", rememora. El resultado no acompañó -el Pucela perdió-, pero esa experiencia no se olvida.
Hay otra imagen que conserva con mayor nitidez. La Copa de la Liga conquistada por el Real Valladolid ocupa un lugar privilegiado en su memoria. Él, de hecho, no recuerda únicamente el trofeo. Recuerda a su padre. "Cuando ganamos la Copa de la Liga, me acuerdo de mi padre, que ondeó orgulloso la bandera blanquivioleta. Eso no se olvida", cuenta.
Décadas después, el fútbol vuelve a unir a ambos en un momento delicado. Javier admite que, tras sufrir el ictus, llegó a pensar que regresar a estos desplazamientos sería mucho más difícil. Ahora, puede volver a estar al lado de su padre y de sus amigos siguiendo al equipo, aunque recalca que el proceso todavía no ha terminado: "Estoy recuperándome".
También afronta con prudencia la temporada del Real Valladolid. Cuando se le pregunta por la confianza que deposita en el equipo, evita pronunciarse. "De momento estamos ahí, poco a poco", señala. Ese "poco a poco", de hecho, sirve tanto para hablar del Pucela como de su propia recuperación.

Daniel García, una pasión desde que se inauguró el nuevo José Zorrilla
La tercera pata de esta historia es Daniel García, amigo de Javier y compañero de incontables desplazamientos. Es el socio número 888 y su vinculación con el Real Valladolid se remonta a la temporada en la que se inauguró el estadio José Zorrilla. Tenía unos 14 o 15 años.
Como sus amigos, también comenzó pronto a viajar. Con su primo estuvo, por ejemplo, en la final de la Copa del Rey disputada en el Vicente Calderón ante el Real Madrid. El Pucela perdió con un gol de Gordillo, pero Daniel todavía reivindica lo que vio aquel día: "Jugamos mejor que ellos". Después, llegaron más kilómetros. "Viajando con estos dos, tengo muchos recuerdos. Buenos y malos, de todo tipo", resume.
Algunos de ellos permiten comprobar cuánto ha cambiado la experiencia de seguir viajando. Daniel recuerda épocas en las que la presencia de ultras convertía determinados desplazamientos en situaciones desagradables. "No podías ni viajar con los colores puestos", añade.
También ha vivido ascensos, descensos y temporadas que permanecen grabadas en la memoria. Entre todas, destaca la etapa de José Luis Mendilibar y aquella campaña en la que el Real Valladolid encadenó una extraordinaria racha sin perder. Daniel no se perdió ni un solo partido. Ahora, vuelve a estar lejos de casa con sus dos amigos inseparables, a los que considera familia.








