El día que Zara dejó de parecer Zara

El día que Zara dejó de parecer Zara
La colección de John Galliano para Zara.
Lectura estimada: 6 min.

Hay colaboraciones que nacen para vender. Hay colaboraciones que nacen para generar titulares. Y luego está John Galliano para Zara, una de esas raras alianzas que consiguen que una marca que creíamos conocer de memoria vuelva a resultarnos sorprendente.

Seamos sinceros: entrar en Zara se había convertido, para muchos, en un ejercicio casi automático. Una camisa, unos pantalones, una americana, ese vestido que hemos visto tres veces en Instagram antes incluso de llegar a la tienda. El algoritmo decide, las tendencias mandan y nosotros compramos. La moda rápida había conseguido algo extraordinario: convertir la novedad en rutina. Y entonces llega Galliano y decide desmontarlo todo.

No literalmente todo, claro. Pero sí la manera en la que entendemos una prenda. Re[form], la primera colección fruto de la colaboración entre el diseñador y Zara, parte precisamente de ahí: coger prendas y elementos del archivo de la propia Zara, desmontarlos, deformarlos, ampliarlos, reducirlos, cambiarlos de contexto y reconstruirlos hasta convertirlos en otra cosa. Galliano habla de un proceso parecido al sampling de los DJs o al trabajo de los hackers: coger algo que ya existe y utilizarlo para crear un lenguaje nuevo.

Y ahí está, precisamente, la genialidad. Porque lo interesante no es que John Galliano haya diseñado una colección para Zara. Lo interesante es que John Galliano ha conseguido que Zara deje de parecer Zara.

Hay algo tremendamente divertido en esta colección. Y también profundamente gallianesco. Una camisa puede crecer hasta convertirse prácticamente en otra prenda. Un abrigo puede cambiar radicalmente su estructura. Los bolsillos aparecen donde aparentemente no deberían estar. Las proporciones se exageran. Las siluetas se retuercen. Los tejidos se mezclan.

Galliano no parece preguntarse: "¿Cómo puedo hacer una camisa bonita?". Parece preguntarse: "¿Qué pasa si dejo de tratarla como una camisa?". Y esa diferencia es enorme.

En la colección aparecen vestidos fluidos, sastrería de proporciones exageradas, abrigos, prendas de punto, camisetas gráficas, accesorios y piezas de inspiración lencera. Pero incluso cuando estamos ante prendas relativamente convencionales, hay algo que las separa de la Zara que conocemos: una cierta sensación de haber sido manipuladas, intervenidas, casi saboteadas.

Es precisamente ahí donde aparece el Galliano que llevamos décadas reconociendo. El romanticismo llevado al exceso. El volumen. El dramatismo. El juego con la construcción de las prendas. La mezcla entre lo decadente y lo popular. La capacidad de hacer que una pieza parezca sacada de otra época y, al mismo tiempo, completamente contemporánea. Y todo eso aparece aquí sin necesidad de disfrazarse de alta costura.

Quizá una de las cosas más interesantes de Re[form] sea que obliga a replantearnos qué entendemos por lujo. Durante años hemos asumido que el lujo estaba en determinados tejidos, determinadas casas, determinados precios y determinadas etiquetas. Galliano ha construido buena parte de su carrera precisamente en ese territorio, desde sus primeros años hasta Dior y, posteriormente, Maison Margiela.

Ahora decide entrar en Zara. Y no lo hace rebajando sus ideas para adaptarlas a la tienda. Según explicó el propio diseñador a Vogue, no quería "rebajar el nivel". Esa frase explica bastante bien la colección. Porque Re[form] no pretende parecer barata. Tampoco pretende ocultar que procede de Zara. Lo que hace es jugar con esa contradicción.

Una camiseta puede seguir siendo una camiseta. Un pantalón puede seguir siendo un pantalón. Pero la forma en la que están pensados, cortados y presentados hace que el resultado pertenezca a otro universo. Es moda comercial con complejo de laboratorio. Y eso, en 2026, resulta mucho más interesante que otra colección de básicos beige.

La moda también tiene que divertir. Lo dijo él mismo al explicar qué buscaba con este nuevo capítulo de su carrera: "Quería que fuera divertido". Y se nota.

Hay prendas que parecen diseñadas para salir a la calle. Otras parecen diseñadas para provocar una conversación. Algunas parecen directamente un pequeño objeto de deseo. Pero ninguna parece completamente inocente. Eso es lo que más me gusta de la colección.

En un momento en el que buena parte de la moda comercial parece obsesionada con conseguir que todo combine con todo, Galliano hace exactamente lo contrario: introduce cierta incomodidad.

Una manga que no esperabas. Una silueta exagerada. Un cuello que parece haberse escapado de otra prenda. Una falda que parece construida a partir de varias prendas diferentes. Un zapato que convierte un look sencillo en algo mucho más extraño. No quiere que mires y pienses "qué bonito". Quiere que mires dos veces. Y eso es muchísimo más difícil.

Otra de las virtudes de Re[form] es que no parece una colección diseñada a partir de un Excel de tendencias. No todo está pensado para convertirse en el próximo best seller. No todo es inmediatamente fácil. Hay prendas excesivas, teatrales y, para qué negarlo, difíciles. Pero precisamente por eso funciona.

Una colaboración entre Zara y John Galliano podría haber terminado siendo una colección de camisetas con el nombre del diseñador y cuatro vestidos "especiales". Habría sido la opción más fácil. Galliano ha hecho algo bastante más interesante: ha utilizado Zara como materia prima.

La propia colección nace de esa intervención sobre prendas del archivo de la compañía, mediante procesos de deconstrucción, ampliación, reducción, mezcla y reconstrucción. Fashionista destaca, por ejemplo, cómo algunas piezas cambian completamente de naturaleza durante ese proceso. Eso convierte la colección en algo más que una colaboración. La convierte en un experimento.

Porque también podemos ponernos intelectuales todo lo que queramos, pero al final esto sigue siendo moda. Y aquí hay ropa que apetece ponerse. Los jerséis de cashmere, las prendas de punto, los pantalones de sastrería amplios, los abrigos sobredimensionados, las camisetas gráficas o determinados vestidos funcionan como puertas de entrada a la colección para quienes no quieran salir a la calle vestidos como si acabaran de abandonar un desfile de Galliano.

Y esa es otra de las cosas que me parece especialmente inteligente. La colección tiene fantasía, pero también tiene armario. Puedes comprar el drama completo o quedarte con una pieza que cambie todo un look. Puedes llevar un vestido que parece salido de una película o simplemente ponerte un jersey de cashmere y unos pantalones amplios. Galliano ofrece distintos grados de locura. Y eso es exactamente lo que debería hacer una buena colección.

El acuerdo entre Galliano y Zara está planteado, además, como una colaboración de dos años y cuatro colecciones. Es decir: lo que estamos viendo ahora no parece un experimento aislado, sino el comienzo de un proyecto mucho más ambicioso.

Y quizá esa sea la parte más emocionante. Porque si esto es solamente el primer capítulo, la pregunta ya no es qué ha hecho Galliano con Zara. La pregunta es hasta dónde puede llevarla.

Zara ha demostrado durante años que sabe interpretar las tendencias. Galliano pertenece a otra categoría de diseñador: la de quienes no se limitan a interpretar la moda, sino que quieren modificar la forma en la que la miramos. Juntarlos podría haber sido un desastre. En cambio, funciona precisamente porque hay fricción. Zara aporta la escala. Galliano aporta el caos. Y de esa mezcla sale algo que el gigante de Inditex necesitaba desesperadamente: sorpresa.

Y esta es, quizá, la conclusión más importante. No quiero que todas las colecciones de Zara sean así. No quiero que desaparezcan las camisas blancas, los vaqueros, los básicos ni esas prendas que compras un martes cualquiera porque necesitas algo para el viernes. Quiero que exista esa Zara. Pero también quiero que exista esta otra.

Una Zara que se atreve a llamar a uno de los diseñadores más influyentes de las últimas décadas y decirle: "Tienes nuestro archivo. Haz con él lo que quieras". Galliano ha respondido desmontándolo. Y, sinceramente, qué alegría.

Porque en una industria saturada de colaboraciones, logomanía y colecciones que parecen diseñadas para ser fotografiadas antes que para ser recordadas, Re[form] tiene algo mucho más valioso: una idea.

Una idea que además se puede vestir. Y quizá ese sea el mayor triunfo de John Galliano para Zara: conseguir que volvamos a entrar en una tienda de Zara sin saber exactamente qué vamos a encontrarnos. En moda, pocas cosas son más excitantes que eso.

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