"Estaría muy orgulloso": el recuerdo del hermano y el hijo de uno de los bomberos fallecidos en la Siete Siete

Manuel Vidal perdió a su hermano José Luis en el incendio de la discoteca en 1996; su sobrino Jaime tenía cuatro años y acabó siguiendo los pasos profesionales de su padre

"Estaría muy orgulloso": el recuerdo del hermano y el hijo de uno de los bomberos fallecidos en la Siete Siete
Manuel y Jaime Vidal, el hermano y el hijo, respectivamente, de uno de los bomberos fallecidos en la Siete Siete.
El autor esMiguel Ángel  Fernández
Miguel Ángel Fernández
Lectura estimada: 7 min.

A las seis y cuarto de la mañana del 6 de octubre de 1996, Valladolid todavía dormía. En la discoteca Siete Siete, junto al Puente Mayor, la noche estaba a punto de terminar cuando un incendio convirtió aquel sótano en una trampa mortal. Cuatro personas perdieron la vida. Entre ellas estaban los bomberos José Luis Vidal Arias y Juan Carlos Matarranz de las Moras, que habían entrado en el local para tratar de localizar a quienes todavía podían permanecer en su interior.

Treinta años después, aquella madrugada sigue teniendo un lugar reservado en la memoria de quienes la vivieron. También en la de Manuel Vidal, hermano de José Luis y bombero del Ayuntamiento de Valladolid durante cuatro décadas. Cuando se produjo el incendio, Manuel ni siquiera estaba en la ciudad. Había viajado hasta Bilbao para asistir a una boda después de intercambiar el turno con su hermano. Una de esas casualidades que, con el paso del tiempo, adquieren un significado imposible de ignorar.

"Yo realmente no estaba aquí en Valladolid. Me había pillado en una boda en Bilbao. Había cambiado el turno con mi hermano", recuerda. La noticia le llegó de madrugada y de una manera deliberadamente incompleta. A su mujer le comunicaron que José Luis había tenido un accidente y que tenían que regresar a Valladolid. Nada más.

"Durante el viaje me quitaron la radio del coche para que no oyera la noticia", explica Manuel. Desde Bilbao emprendió el camino junto a la familia de su mujer sin conocer todavía la dimensión de lo ocurrido. "Fue un viaje pensando en lo peor, lógicamente". La confirmación llegó al alcanzar el Hospital Clínico de Valladolid. Allí supieron que la tragedia había golpeado directamente a su familia.

Mientras Manuel regresaba desde Bilbao, sus padres hacían el mismo camino desde El Bierzo. Ellos se enteraron de que uno de los fallecidos era su hijo mientras escuchaban la radio en Benavente. La Guardia Civil los acompañó hasta Valladolid. En el Clínico terminó reuniéndose toda la familia, en unas horas en las que ya no quedaba espacio para asimilar lo ocurrido.

Manuel ni siquiera pudo ver a su hermano. "No me dejaron. Me imagino el porqué", recuerda décadas después. Después llegaron el sepelio, las gestiones y todo aquello que sigue a una tragedia de semejantes dimensiones. Pero para él había algo más. José Luis no era solamente su hermano. También era su compañero de profesión.

La tragedia tuvo así una doble dimensión. "Yo lo vivo como profesional, el qué ocurrió, por qué ocurrió y cómo ocurrió, y después como familiar", explica Manuel. Los dos compartían turno y él era quien recibía el relevo de José Luis. Una circunstancia que hizo todavía más difícil regresar al parque de bomberos.

"Empiezas a darle vueltas a la cabeza a las casualidades de la vida", reconoce. Su mujer llegó a plantearle una posibilidad estremecedora: si Manuel hubiera estado aquel día en Valladolid, quizá los dos habrían entrado en la Siete Siete. "Ibas a entrar sí o sí. Era tu hermano".

La vuelta al trabajo fue especialmente complicada. Manuel permaneció "un mes y pico" de baja psicológica antes de regresar al parque. Allí cada rincón le recordaba a José Luis. "Llegabas y veías la taquilla que teníamos al lado, donde nos cambiábamos juntos. Él me daba el relevo y veías que no venía. Vas en el camión y vas pensando en él". La frase resume una parte de la tragedia que no aparece en los balances oficiales: la dificultad de regresar a un lugar cotidiano después de haber perdido allí a un compañero y, además, a un hermano.

A pesar de todo, Manuel continuó en el cuerpo. Llegó a acumular 40 años de servicio antes de jubilarse en 2018. Los últimos ocho años estuvo destinado en el área de telecomunicaciones, pero la experiencia de la Siete Siete condicionó inevitablemente su manera de afrontar las intervenciones. "Aunque lo haces desde el inicio, ya estás un poquito más pendiente de que no ocurran cosas a la hora de intervenir", explica.

Tres décadas después, Manuel mantiene además una valoración crítica sobre aquella actuación. Lo expresa como una conclusión personal derivada de su experiencia profesional: "Como profesional, el balance que hago es que no se hicieron bien las cosas". Reconoce que su interpretación puede no coincidir con la de otros compañeros, pero mantiene su posición: "Si se hubieran hecho bien las cosas, a lo mejor no habría sucedido. Está por ver, nunca se verá, lógicamente, pero sigo pensando que no se hicieron bien".

Una historia que Jaime conoció sin recordar

En aquella madrugada de 1996, Jaime Vidal tenía apenas cuatro años. No conserva recuerdos propios de la tragedia que acabó con la vida de su padre, pero creció escuchando hablar de ella. "Los recuerdos que tú te creas son a través de las historias que te van contando en la familia", explica.

Con los años, esas historias fueron tomando forma. Los relatos de los familiares se mezclaron con los documentos de la época, los periódicos y, posteriormente, con las conversaciones mantenidas dentro del propio cuerpo de Bomberos. "Tú indagas, estás en casa, ves un periódico, lo lees de aquel día, pero luego aquí te cuentan un poco cómo sucedió todo".

Su perspectiva también ha cambiado al conocer desde dentro una profesión que, de alguna manera, siempre había formado parte de su vida. "Ahora que estoy metido en el mundillo y sabiendo un poco cuáles son los peligros que tenemos y qué cosas pudieron suceder, lo entiendes mejor", explica. Ya no contempla aquella tragedia únicamente como el hijo que perdió a su padre siendo un niño, sino también desde el conocimiento de los riesgos a los que se enfrenta un bombero.

Porque Jaime acabó siguiendo el mismo camino. "Desde pequeño, siempre he querido acabar donde estoy ahora", reconoce. La decisión, sin embargo, no fue sencilla para su madre.

Manuel recuerda una conversación que tuvo lugar años después, cuando Jaime ya había cumplido los veinte y comenzaba a plantearse seriamente preparar las oposiciones. Viajaban hacia El Bierzo junto a Rosa, la madre de Jaime, cuando ella le contó que su hijo quería ser bombero. Lo hizo con preocupación, consciente de que aquella profesión llevaba consigo una carga especial para su familia.

Manuel, que todavía estaba en activo, trató de tranquilizarla. "Le dije que lo animara, que estuviera tranquila. El riesgo que había antes tampoco lo hay ahora por los medios de protección, la formación...". Aquella conversación terminó con Rosa algo más tranquila y aceptando que su hijo persiguiera aquella vocación.

Jaime, sin embargo, reconoce que no conocía aquella conversación. Sí sabía que su madre había tenido que afrontar sus propios miedos. "Yo sé que para ella no es fácil", explica. Pero también destaca que nunca encontró en ella un obstáculo. "Siempre me ha apoyado en todo, en mis decisiones, ha estado siempre a mi lado".

La ausencia de José Luis ha acompañado a la familia durante todos estos años. Pero Jaime pone el foco también en quienes estuvieron allí después de la tragedia. "Tienes esa ausencia, pero gracias al apoyo cercano y, sobre todo, al apoyo que le dieron a mi madre, es mucho mejor", señala.

Los abuelos tuvieron un papel fundamental. "Se volcaron, se hicieron cargo prácticamente de los niños y de su madre", recuerda Manuel. La familia se convirtió en una red de apoyo que permitió a los más pequeños crecer pese a una ausencia imposible de llenar. "Nosotros también estábamos, pero no tanto como los abuelos. Hemos estado ahí siempre, estamos y estaremos. No solo yo, la familia".

El mismo oficio, otro cuerpo de Bomberos

Jaime ha heredado de su padre una profesión que, tres décadas después, es muy diferente. Tanto él como su tío coinciden en que el cuerpo de bomberos ha experimentado una transformación profunda desde aquel 6 de octubre de 1996.

"Todos sabemos que tiene que ocurrir una desgracia para que se cambien cosas, para que se mejore todo", reflexiona Jaime. Desde su experiencia actual, la diferencia resulta evidente: "El parque actual, los medios actuales y los protocolos... ahora está todo protocolizado. Al final, lo que intentas es reducir todos los riesgos que pueden ocurrir al mínimo".

Manuel, que vivió buena parte de esa transformación desde dentro, coincide plenamente. "No tiene nada que ver cómo está el parque de Bomberos ahora a cómo estaba en el año 96", afirma. Y tampoco considera que el cambio terminara cuando él se jubiló en 2018. "Incluso a cómo estaba en 2018, cuando me jubilé yo, que era cuando empezaba a dar el cambio. No tiene nada que ver en cuanto al funcionamiento y medios. Es totalmente diferente".

Para Jaime, conocer esa evolución también permite mirar aquella tragedia desde otra perspectiva. Hoy forma parte de un cuerpo con otros procedimientos, otra formación y medios de protección diferentes. Pero la memoria de quienes entraron aquella madrugada en la Siete Siete continúa presente.

"Estaría muy orgulloso de su hijo"

Hay una pregunta que Manuel responde sin apenas dudar: qué cree que pensaría José Luis si pudiera ver hoy a su hijo convertido en bombero. "Estaría muy orgulloso de él", afirma. No solo porque Jaime haya seguido sus pasos, sino porque José Luis vivía intensamente la profesión. "Su padre era un forofo de la profesión. Vivía la profesión de bombero exageradamente, incluso más que yo".

José Luis estaría, según su hermano, orgulloso de sus tres hijos, cada uno siguiendo su propio camino. Uno de ellos es policía local, otra es profesora y Jaime ha terminado convertido en bombero. Pero hay algo especialmente simbólico en este último caso: "Viendo que este ha seguido sus pasos, estaría muy orgulloso. No cabe otra".

Treinta años después, la familia continúa manteniendo vivo aquel recuerdo. Manuel quiere aprovechar este aniversario para agradecer el respaldo recibido durante todo este tiempo, tanto de los familiares como de los compañeros de profesión y de las instituciones.

"Me gustaría agradecer al Parque de Bomberos, a los compañeros jubilados, a los compañeros de ahora y también al Ayuntamiento que todos los años, el día 6 de octubre, suban al cementerio a recordarles", señala. También destaca el papel del Club Deportivo de Bomberos, que mantiene cada año el memorial dedicado a José Luis y Juan Carlos.

El tiempo ha cambiado el parque de bomberos, los protocolos y la manera de afrontar un incendio. También ha cambiado a una familia que tuvo que aprender a convivir con una ausencia. Pero hay algo que permanece intacto. "Eso es lo bueno de la familia", resume Manuel. "Hay que estar. Hay que estar".

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