Orquesta y coro UVA

La crítica cultural de Ágreda, como cada lunes, en TRIBUNA

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Orquesta y coro UVA
Concierto en el Centro Cultural Miguel Delibes. Fotografía cedida a TRIBUNA.
El autor esÁgreda L.M.
Ágreda L.M.
Lectura estimada: 2 min.

Abrió el Concierto de Apertura, curso 26/27 la Orquesta y Coro de la Universidad de Valladolid en el Centro Cultural Miguel Delibes (CCMD) otro Delibes, Léo Delibes con Coppélia con un excelente El rostro y la sombra que confirmó la buena pinta que desde la primera nota iba a tener el concierto. La Dirección artística y musical corrió a cargo de Iñigo Igualador que estuvo a gran altura todo el concierto.

Estaba el personal que llenaba la Sala Sinfónica Jesús López Cobos del CCMD de buen ánimo y buen humor, se palpaba en el ambiente. ¿Por qué será que entramos a escuchar un concierto y automáticamente nos convertimos en otra cosa? Empieza a sonar Coppélia y se nos va de la cabeza automáticamente todo lo que tiene que ver con la actualidad.

De repente se alcanza un estado de suspensión, como si entráramos en otro mundo, un mundo diferente y uno se encuentra libre y relajado. Viendo como los jóvenes músicos de la Universidad de Valladolid tocan con una elegancia natural, creando un diálogo entre ellos y el Coro poniendo la nota divertida o transcendente dependiendo de lo pida la música de Jacques Offenbach en ese momento.

Porque fue precisamente Offenbach lo más sobresaliente de la tarde. Aparecieron en escena las sopranos Ángela Herrero Monjas y Elena Rey Izquierdo para que Les Contes D'Hoffman tomaran la densidad e importancia precisa. Las dos solitas brillaron con luz propia prácticamente sin darse importancia. Iñigo Igualador supo administrar con precisión la tensión que exige Offenbach llevando a los espectadores a momentos de disfrute y pasionales.

El público aplaudió a rabiar a la orquesta, al coro y las sopranos. Es lo que tienen estos conciertos casi familiares que tienen una energía y una química que adolecen otros conciertos que prácticamente no se conocen a ningún músico.

Es cierto, hay algo de entrañable en estos conciertos caseros. Resultan placenteros de principio a fin. Será que existe entre todos una compenetración natural, no ensayada, como si la hubieran heredado sin que se hubieran dado cuenta. Y claro que importa la música, como no, pero ver a un hijo, a un nieto, o un amigo tocando en una orquesta o cantando en el coro le hace uno disfrutar de otra manera, como si estuviera rezando por dentro para que todo salga a pedir de boca.

La música de Offenbach es de una belleza indescriptible, sacude al público emocional y psicológicamente y requiere de los músicos una concentración y toda su lucidez. Por todo eso resultó, hay que decirlo, un concierto magnético, vitamínico y muy estimulante. 

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