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La historia de Laura Herrero, la vallisoletana que lucha contra la esclerosis múltiple jugando al rugby
Ha sido seleccionada para disputar un partido internacional en Gales, donde compartirá equipo con deportistas de diferentes países
Hay momentos que cambian una vida para siempre. A Laura Herrero (Valladolid, 1979), por ejemplo, aquel instante llegó cuando tenía 18 años. Estaba viendo la televisión en casa de sus abuelos cuando, de repente, dejó de responderle un brazo. Poco después, comenzó a tener dificultades para hablar. Lo que inicialmente parecía una situación pasajera terminó convirtiéndose en el comienzo de una historia que hoy cobra protagonismo. El diagnóstico fue esclerosis múltiple, una enfermedad que ha condicionado su vida, pero que no ha conseguido apartarla de su vocación por enseñar ni de su pasión por el deporte.
Casi cuatro décadas después de aquel primer episodio, Laura se prepara para afrontar un nuevo desafío. La vallisoletana, jugadora del equipo de rugby inclusivo de El Salvador, Los ChamiOsos, ha sido seleccionada para formar parte de una selección internacional que disputará un encuentro en Gales. Una oportunidad que llega en un momento especialmente complicado para ella, después de que la evolución de su enfermedad haya reducido considerablemente su movilidad. "Lo que quiero demostrar es que las personas con discapacidad también podemos jugar", asegura en una entrevista concedida a TRIBUNA.
Su historia es la de una mujer que tuvo que aprender a convivir con una enfermedad que no siempre se ve, que le obligó a abandonar prematuramente su profesión como maestra, y que encontró en el rugby un chaleco salvavidas. Es decir, un lugar donde aprendió, de nuevo, a caminar, a correr y, sobre todo, a sentirse parte de un equipo.
Un diagnóstico a los 18 años cambió todos sus planes
Laura recuerda perfectamente cómo empezó todo. Tenía 18 años, estaba a punto de hacer Selectividad y se encontraba en casa de sus abuelos cuando empezó a notar que algo no iba bien. "Estaba viendo la tele en casa de mis abuelos y, de repente, no podía con el brazo. Mi madre me decía que dejara de hacer bromas. Empecé a hablar mal y ya fue cuando dijeron: 'Vámonos al hospital'", relata.
Después, llegaron las pruebas médicas, las punciones lumbares y un diagnóstico que apenas conocía: la esclerosis múltiple. Una enfermedad con la que tendría que convivir cuando todavía estaba dando los primeros pasos en su vida. Durante los primeros años, la enfermedad le permitió mantener una vida relativamente normal. Sufría brotes, pero después recuperaba parte de las capacidades afectadas. Al menos, esa era su percepción. "La enfermedad, entre comillas, me trata bien porque me dan brotes, y yo recupero. Eso es lo que pienso, que voy recuperando, hasta hace 15 años, cuando me dijo: 'Aquí estoy, y te vas a quedar conmigo'", recuerda.
El punto de inflexión llegó con su segundo embarazo. Su estado físico empeoró y comenzó a experimentar dificultades que afectaron incluso a los gestos más cotidianos: "Ya no podía prácticamente ni coger a mi hijo. Fue algo duro, muy duro, porque no podía con un recién nacido. Era un poco triste".
Aquella situación también afectó a su trayectoria profesional. Laura había estudiado Magisterio y había trabajado temporalmente en algunos colegios, pero la evolución de la enfermedad la obligó a dejar de trabajar: "Yo era una mujer súper activa y tenía que hacer algo. Llega un momento en el que dices: '¿Y ahora con mi vida qué puedo hacer?'".
La rehabilitación y el paso del tiempo le permitieron ir recuperando algunas capacidades, aunque reconoce que hubo momentos difíciles: "A mí me ven siempre con una sonrisa, tirando hacia adelante, pero llega un momento en el que tienes que tocar fondo... Es necesario pasar por ese mal trago para poder tirar, de nuevo, hacia arriba".
"Mis nervios son como un cable pelado"
Una de las mayores dificultades de convivir con esclerosis múltiple es que muchas de sus consecuencias no resultan tan evidentes para las personas que no lo sufren. Pero Laura lo sabe bien. Es consciente de lo que sucede a su alrededor. A lo largo de los años ha escuchado en numerosas ocasiones que no parece tener la enfermedad que padece. Por eso, cuando alguien le pregunta qué es la esclerosis múltiple, recurre a una explicación sencilla que permite comprender cómo afecta a su organismo: "Mi cuerpo es, imagínate, una lámpara. Tú das al interruptor y la bombilla se enciende, pero si tú cortas con tijeras ese cable, y das al interruptor, esa bombilla a veces se va a encender y a veces no".
En su caso, explica, el cable representa los nervios y la mielina, que es la sustancia que los recubre, está dañada: "Mis nervios son como un cable pelado. Hay veces que das la orden y dices: 'Voy a andar', pero no andas. A veces no ves, no puedes coger nada con la mano, no puedes hablar, no puedes tragar, te mareas, parece que vas borracha todo el día...".
Esas son algunas de las dificultades que ha experimentado a lo largo de su vida y que no siempre se perciben a simple vista. "Hay mucha gente que me dice: 'Jobar, es que no parece que tengas esa enfermedad'. Y tú dices: 'A ver, es que no va de eso'. Esta es la enfermedad de las mil caras", apunta.
Laura también utiliza esa metáfora para explicar cómo intenta afrontar las limitaciones que le impone su enfermedad: "De los cinco cables que tengo, volviendo a lo de antes, tres están dañados. Entonces, lo que intentas es fortalecer los dos que te quedan para intentar tirar para adelante".
Y aunque es consciente de que la esclerosis múltiple no tiene cura, mantiene su disposición a probar nuevas formas de mejorar su calidad de vida: "Si te dicen que ha salido algo nuevo, y que si haces el pino, mejoras, pues Laura va a hacer el pino. Si hay que sentarse todos los días diez segundos de cuclillas, Laura lo hará también. Probaría de todo porque lo que Laura quiere hacer, es avanzar".

El rugby, el deporte que le enseñó, de nuevo, a caminar
La llegada del rugby a su vida fue por casualidad. Su hijo mayor comenzó a practicar este deporte y, aproximadamente un año después, alguien le propuso que también ella lo podría hacer. Laura se pensaba que la estaban gastando una broma: "Pero vamos a ver, ¿estáis locos? Si no puedo caminar...".
Sin embargo, terminó aceptando la propuesta y comenzó a entrenar con el equipo femenino de El Salvador, cuyas jugadoras competían entonces en categoría regional. Aquellos primeros entrenamientos no fueron sencillos. Laura apenas podía correr y tenía dificultades para realizar algunos de los ejercicios que sus compañeras completaban con normalidad.
"Imagínate, en el primer entrenamiento llegas, y te dicen que vayas a correr, y tú te pones a arrastrar las piernas porque no puedes. Y tus compañeras te miran como diciendo: 'Pero esta a qué viene, se supone que es un fichaje estrella y no sabe ni coger un balón'", recuerda entre risas. Poco a poco, el rugby empezó a convertirse en una herramienta para recuperar habilidades que había perdido: "Yo empiezo a entrenar, empiezo a jugar y empiezo a aprender a volver a andar, a correr... Vuelvo a hacerlo todo".
Pero hubo un momento que terminó de convencerla. Durante una convivencia con sus compañeras, cuando todavía tenía muchas dificultades para desplazarse, debía completar una prueba física que no podía terminar sola. Una de las jugadoras, a la que apenas conocía, se acercó y le ofreció ayuda: "Me dijo: 'No te preocupes, sube a hombros, yo te llevo. Vas a llegar a la meta'. Para mí, eso marcó un antes y un después". Aquella experiencia le permitió descubrir una faceta del rugby que desconocía: "A mí me ha demostrado este deporte que es inclusivo, que da igual, que ayuda. En el club me han conocido en mis buenos tiempos, y como digo yo, también en mis malos, y ahí siguen. Es algo increíble".
Han pasado ya nueve años desde que Laura comenzó su aventura en el rugby. Durante ese tiempo, ha compartido entrenamientos con jugadoras que posteriormente han alcanzado la máxima categoría nacional, aunque la evolución de su enfermedad terminó obligándola a abandonar los entrenamientos con el equipo femenino. De hecho, desde hace aproximadamente tres años, está jugando con Los ChamiOsos, el equipo inclusivo de El Salvador. "Ya no puedo entrenar con las chicas, ya no puedo ni correr ni prácticamente andar", reconoce. Sin embargo, eso no significa que haya dejado de jugar.
Los ChamiOsos reúnen a personas con y sin discapacidad, con diferentes capacidades físicas e intelectuales, que comparten entrenamientos, competiciones y experiencias alrededor del rugby. Laura destaca que esa diversidad obliga a conocer a cada jugador y adaptar la manera de trabajar a sus necesidades: "Puedes tener cuatro chavales con autismo y a los cuatro les tienes que tratar de diferente forma, aunque tengan lo mismo. Tienes que molestarte en conocerles, saber qué es lo que ocurre y trabajar de diferentes maneras".
Es precisamente en ese trabajo diario donde ha encontrado su vocación. Aunque tuvo que abandonar su profesión como maestra, considera que sigue ejerciendo como tal cada vez que acude a un entrenamiento: "Yo digo que ejerzo mi vocación porque estoy en una categoría en la que hay que saber trabajar con chavales con discapacidad, sin discapacidad, y saber tratar esa heterogeneidad, esa diversidad que a mí en mi carrera me enseñaron. A día de hoy, sigo siendo maestra".
Sin embargo, insiste en que el aprendizaje es recíproco y que, en muchas ocasiones, son sus propios compañeros quienes terminan enseñándole las lecciones más importantes: "Pensamos muchas veces: 'Jobar, voy a ayudarles', porque hay que moverles, hay que enseñarles a hacer deporte. Y de lo que te das cuenta realmente es de que son ellos los que te enseñan a ti. Pensamos en los pobrecitos, y no nos damos cuenta de que a lo mejor los pobrecitos somos nosotros. Te dan una lección de vida cada día".
De Valladolid a conquistar el Mundial femenino de rugby inclusivo
Su incorporación a Los ChamioOsos también le abrió las puertas de la competición internacional. En 2022, Laura viajó con El Salvador al Mundial de rugby de habilidades mixtas, conocido como Mixed Ability Rugby, celebrado en Cork, Irlanda.
El equipo vallisoletano participó en la competición masculina y femenina, y Laura formó parte del conjunto que consiguió proclamarse campeón del primer Mundial femenino de esta modalidad. Una experiencia que recuerda con especial cariño y que le permitió competir al máximo nivel dentro del rugby inclusivo. En aquel momento, su estado físico era considerablemente diferente al actual. "En 2022 jugaba 30 o 35 minutos corriendo. Tenía mis secuelas, pero podía correr", explica.
Cuatro años después, la evolución de la esclerosis múltiple ha reducido notablemente su capacidad de movimiento. En estos momentos, utiliza una silla de ruedas fuera del campo y tiene dificultades para caminar, aunque continúa participando en los entrenamientos y partidos de Los ChamiOsos. "¿Correr? No sé lo que hago. Yo quiero levantar la pierna y algo intento. En la categoría en la que estoy puedes ir andando, puedes ir cojeando y placar igual", asegura.
El rugby inclusivo permite que personas con diferentes capacidades compartan el terreno de juego mediante adaptaciones que tienen en cuenta las características de cada participante. Laura explica que el objetivo es evitar las etiquetas y favorecer que todos puedan jugar: "Se juega al rugby exactamente igual, salvo que no hay empuje en la melé. De lo que se trata es de no etiquetar, de que tú puedas jugar exactamente igual que una persona que no tiene discapacidad".
En este sentido, destaca la importancia de que cada jugador sea consciente tanto de sus propias limitaciones como de las de sus compañeros y rivales: "Si yo veo que una persona que me viene de frente y apenas puede andar, no le voy a hacer un placaje al cien por cien. La voy a acompañar al suelo, y le voy a hacer un placaje digno. Tengo que saber a quién sí, y a quién no".

Una nueva oportunidad en Gales
Después de aquella experiencia mundialista, Laura se prepara ahora para afrontar un nuevo desafío. La vallisoletana ha sido seleccionada para formar parte de una selección internacional de rugby inclusivo, integrada por 25 deportistas de diferentes países, con la que disputará un encuentro amistoso frente a los Warriors en la localidad galesa de Llanelli.
Laura no esperaba que fuera convocada. Sabía que la selección internacional iba a incorporar a jugadores de El Salvador, pero desconocía quiénes serían los elegidos. Cuando se publicó el vídeo en YouTube con los nombres, descubrió que era una de las seleccionadas: "Cuando sale tu nombre, mi pensamiento fue: '¿A dónde voy yo? ¿A dónde voy yo con la pierna así?'".
La noticia llegó, además, después de un nuevo episodio relacionado con su enfermedad, del que todavía estaba intentando recuperarse. De hecho, llegó a ponerse en contacto con el seleccionador para explicarle que no se veía capaz de jugar: "Le escribo y le digo que yo no puedo ir, que no era plan. Y me dice que sí, que debo ir y que hay que hacerlo".
Ella, finalmente, aceptó la propuesta. Eso sí, no viajará sola. Junto a ella, estará su compañera Susana, también seleccionada para participar en el amistoso internacional. La expedición tiene previsto desplazarse a Gales este martes, 22 de septiembre, para participar en una concentración previa y disputar el partido el día 24, a las 15.00 horas: "Sé que es un amistoso, pero te juegas la honra. Voy a ir a por todas. Si yo puedo ganar a alguien que no tiene discapacidad y demostrar al mundo que puedo realmente jugar a un deporte exactamente igual que otra persona, ¿por qué no lo voy a hacer?".
Los obstáculos que debe lidiar
La convocatoria internacional pone encima de la mesa las dificultades que afrontan las personas con movilidad reducida cuando tienen que realizar un viaje de estas características. Laura explica que desplazarse desde Valladolid hasta Llanelli implica organizar un trayecto en avión desde Madrid hasta Bristol y, posteriormente, continuar por carretera o ferrocarril hasta la localidad galesa.
Un recorrido que puede resultar relativamente sencillo para una persona sin problemas de movilidad, pero que requiere una planificación mucho más compleja cuando se necesita ayuda: "Cuando tienes una movilidad reducida es más complejo porque necesitas ayuda, necesitas apoyo. No puedes llegar y hacer un transbordo de un tren cuando necesitas dos o tres...".
En su caso, contempla la posibilidad de contratar un vehículo que la recoja en el aeropuerto y la traslade directamente hasta el hotel: "Eso no te va a costar 50 euros, te va a costar más, pero no puedes hacerlo de otra manera. Entonces, claro, el gasto es mayor y la ayuda tiene que ser mayor". A estas dificultades se suma el coste económico del desplazamiento, que deben asumir en gran medida las propias deportistas.
Por esa razón, Laura y su compañera han solicitado la colaboración de patrocinadores y empresas que puedan ayudarlas a financiar el viaje. Aunque algunas firmas ya han respondido a su petición, reconoce que las ayudas son escasas. "Si alguien quiere darnos 50 euros, bienvenidos sean", añade. Pese a todo, mantiene la confianza en que podrán completar el viaje y disfrutar de esta nueva experiencia internacional: "Es complicado, pero se logrará".
En cualquier caso, Laura desconoce hasta cuándo podrá seguir jugando. La evolución de su enfermedad le ha obligado a adaptar su actividad física y es consciente de que sus capacidades pueden cambiar. Sin embargo, su relación con el rugby va mucho más allá de lo que pueda hacer dentro del terreno de juego. El deporte, que un día le permitió volver a caminar, también le ha ofrecido la posibilidad de recuperar su vocación como maestra, compartir experiencias con personas de diferentes capacidades, y encontrar nuevas metas cuando parecía que muchas puertas se habían cerrado.
Ahora, mientras prepara su viaje a Gales, vuelve a enfrentarse a un reto que hace unos años habría parecido imposible. La misma mujer que llegó a un entrenamiento sin poder correr, que tuvo que aprender a caminar de nuevo y que hoy utiliza una silla de ruedas para desplazarse fuera del campo, se prepara para vestir la camiseta de una selección internacional. Casi nada.

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