El Salón La Tigre

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El Salón La Tigre
Foto: Rafa Crespo
El autor esÁgreda L.M.
Ágreda L.M.
Lectura estimada: 2 min.
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Como cuando abres un higo, el contraste entre el interior y el exterior de El Salón La Tigre (C/ Solanilla, 5, Valladolid) es extremo. Allí está Marco Negroni. Se le ve relajado, contento, con el optimismo de quien ha llevado la piedra a la cima de la montaña. No es para menos. Amable, ¿quieres tomar un café? Posiblemente el mejor café, el mejor batido y el mejor cóctel  de Valladolid se toman aquí. Como estableció Pierre Bourdieu en su libro, La distinción, el gusto ha sido durante años el gran elemento de diferenciación social. Según su teoría, ese elemento nos permite juzgar a los demás y, a la vez, ser juzgados.

Marco Negroni, tiene un gusto sofisticado. Y sabe mirar. Entrar en "su casa" es como entrar en la biblioteca del duque de Devonshire. En uno de los cuentos que Bruce Chatwin, otro trotamundos como Negroni, recogió en ¿Qué hago yo aquí? Un anciano, pretendido comprador de arte, acude a Shotheb'ys donde el joven Bruce trabaja, y le pide ver algo especial. Al instante le muestra un fragmento de pintura ática. "¿Ah, veo que usted sabe mirar! Yo también sé mirar, así que nos haremos amigos", dice el cliente.

Marco Negroni, viajero, fotógrafo y no sé cuántas cosas más, también sabe mirar. ¿Quién le enseñó hacerlo? Creo que la mayor suerte que ha tenido Marco es haber tenido la madre que ha tenido. Además, el destino le ha regalado algo muy valioso: su carácter. Y otra cosa que salta a la vista cuando entras en La Tigre, tiene una gran memoria visual. Todo aquí sorprende, cada rincón, cada objeto, cada fotografía, tiene una gran armonía.

Se podría decir que nada tiene que ver con la estética, sino con la atención, curiosamente. Porque Marco Negroni tiene la mirada en el corazón.  La vista es el sentido que utiliza para todo. "Ese ojo", le ha empujado por el mundo, realizando exposiciones, de Dj por los mejores garitos de Europa y en especial recogiendo cosas de aquí y de allí.

Cada objeto, cada pieza que tiene en sus locales, La Passión, en la calle Ruiz Hernández, también es suyo, las ha ido recogiendo como quien recoge del suelo las perlas de un collar. Es un gran coleccionista. Tiene una gran atracción por lo exótico. En el fondo, coleccionar para Negroni es una forma de buscar más allá de sí mismo.

Aquí te puedes tomar un batido, un coctel, un café, una cerveza, un zumo,  y un sorprendente pincho de tortilla que está exquisito. La música está seleccionada con mucho gusto, ahora mismo suenan los Rolling Stones. Se podría decir sin miedo a equivocarme que Marco Negroni lo hace todo por amor. Colecciona por amor, y por eso sabe muy bien distinguir lo efímero de lo valioso. Es cierto, Negroni, sabe mirar. Y sabe crear lugares donde uno puede descansar de sí mismo.

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