La huella del terrorismo en Valladolid: las víctimas que dejaron ETA, los GRAPO y el 11-M

Desde 1974 hasta los atentados de Madrid de 2004, diferentes episodios de terrorismo dejaron víctimas nacidas en la provincia y llevaron la actividad de ETA y los GRAPO hasta Valladolid

imagen
La huella del terrorismo en Valladolid: las víctimas que dejaron ETA, los GRAPO y el 11-M
El autor esEva Martínez Miguel
Eva Martínez Miguel
Lectura estimada: 5 min.

Un coronel asesinado a tiros al salir de su casa en Valladolid, dos vallisoletanos asesinados por ETA en el País Vasco, un guardia civil de Olmedo gravemente herido por una bomba y dos jóvenes entre las víctimas mortales del 11-M. A ellos se suma Luis Martínez Marín, nacido en Valladolid y fallecido en el atentado de la cafetería Rolando de Madrid en 1974.

Detrás de estos episodios aparecen los nombres de Manuel López Muñoz, Lorenzo Motos Rodríguez, Jesús Ildefonso García Vadillo, David Náñez, Laura Isabel Laforga Bajón, Carlos Soto Arranz y Luis Martínez Marín. Seis víctimas mortales y un superviviente vinculados a Valladolid en diferentes acciones terroristas ocurridas entre 1974 y 2004.

Sus casos vuelven a cobrar actualidad este 21 de agosto, fecha en la que se conmemora el Día Internacional de Conmemoración y Homenaje a las Víctimas del Terrorismo, establecido por Naciones Unidas para recordar a quienes sufrieron las consecuencias de este tipo de violencia.

Vallisoletanos en los años más duros de ETA

La conexión más antigua se remonta a septiembre de 1974. Luis Martínez Marín, nacido en Valladolid en 1896 y residente desde hacía años en Madrid, fue una de las víctimas mortales del atentado de la cafetería Rolando, situada en la calle del Correo de la capital española.

La explosión dejó numerosas víctimas, la mayoría civiles. La autoría del atentado ha sido objeto de controversia durante décadas, diferentes investigaciones y testimonios lo han relacionado con ETA, aunque la organización nunca llegó a reivindicarlo. 

La vinculación con ETA se hace inequívoca seis años después. El 13 de octubre de 1980, el vallisoletano Lorenzo Motos Rodríguez fue asesinado en San Sebastián. Tenía 61 años, era teniente coronel del Ejército, padre de siete hijos y llevaba 28 años viviendo en la ciudad vasca. Aquella mañana se dirigía en coche al cuartel de Loiola cuando tuvo que detenerse ante un semáforo en rojo en la plaza de Álava. Tres integrantes de ETA se acercaron al vehículo y dispararon contra él.

No fue el único nacido en la provincia asesinado por ETA. Cinco años después, el 29 de abril de 1985, la víctima fue Jesús Ildefonso García Vadillo, natural de Alcazarén. Tenía 32 años, residía en Galdácano y trabajaba como analista químico en Aceros Echevarría. Regresaba a su domicilio después de recoger del colegio a su hija de cinco años cuando tres terroristas le dispararon por la espalda.

Las características de la munición utilizada apuntaron desde el comienzo hacia ETA, y la propia organización reivindicó posteriormente el asesinato.

Cuando el terrorismo llegó a Valladolid

Hasta entonces, Valladolid era fundamentalmente el lugar de origen de algunas víctimas. En junio de 1990, la situación cambió. La violencia terrorista llegó directamente a las calles de la capital. Manuel López Muñoz llevaba más de tres décadas viviendo en Valladolid. Había nacido en Ávila, tenía 62 años y era coronel de Infantería en la reserva activa y secretario del gobernador militar.

A primera hora del 15 de junio salió de su domicilio del número 10 de la calle Turina, en el Cuatro de Marzo, para dirigirse al trabajo. Un hombre se aproximó y le disparó a corta distancia. Los GRAPO reivindicaron el asesinato al día siguiente. La investigación condujo posteriormente hasta un piso franco utilizado por integrantes de la organización en Valladolid y las pruebas balísticas permitieron relacionar una de las armas intervenidas con el crimen.

ETA también eligió posteriormente la provincia para perpetrar diferentes acciones. En diciembre de 1995 colocó un artefacto explosivo en una gasolinera de Cubillas de Santa Marta, afortunadamente no hubo víctimas.

Nueve años después, el 6 de diciembre de 2004, la organización volvió a actuar, esta vez en el centro de la capital. Una bomba explotó en el establecimiento La Banque, en plena Plaza Mayor, dentro de una cadena de atentados perpetrados aquel Día de la Constitución en diferentes ciudades españolas. Un aviso previo permitió desalojar la zona y evitó que se produjeran víctimas.

Un superviviente de Olmedo y un paquete bomba enviado desde Valladolid

El 6 de mayo de 1991 , David Náñez, guardia civil natural de Olmedo, resultó gravemente herido en un atentado de ETA en el puerto de Pasajes, Guipúzcoa. Tenía 23 años y se encontraba de servicio junto a Francisco Robles Fuentes, de 21. Ambos se aproximaron a un vehículo en cuyo interior había sido colocado un artefacto explosivo. La bomba explotó y Robles falleció.

Náñez sobrevivió, pero sufrió graves secuelas. Perdió una pierna y audición y posteriormente tuvo que retirarse de la Guardia Civil. 

Apenas dos meses después de aquel atentado, Valladolid apareció vinculada a otra acción de la organización, aunque de una manera completamente diferente. ETA utilizó una empresa de mensajería de la ciudad para enviar un paquete bomba dirigido a un alto cargo del Ministerio de Justicia en Madrid. Los terroristas utilizaron como remitente una empresa inexistente y el paquete terminó almacenado en las instalaciones madrileñas de la compañía de transporte.

Una llamada alertó de la presencia del explosivo. Durante las labores de desactivación, el 1 de julio de 1991, el artefacto explotó. Los policías Pedro Domínguez Pérez y Luis Claraco López murieron en el acto. José Luis Jiménez Barrero falleció posteriormente como consecuencia de las heridas.

Dos vallisoletanos entre las víctimas del 11-M

Los atentados yihadistas del 11 de marzo contra cuatro trenes de Cercanías de Madrid dejaron 192 fallecidos y alrededor de 2.000 heridos. Entre las víctimas mortales había dos personas naturales de la provincia de Valladolid, Laura Isabel Laforga Bajón y Carlos Soto Arranz.

Laura Laforga tenía 28 años y había nacido en Valladolid. Se había trasladado a Madrid, residía en San Fernando de Henares y trabajaba como profesora. Daba clases de español a niños extranjeros en un colegio de Carabanchel y aquella mañana viajaba en uno de los trenes afectados por las explosiones.

Carlos Soto tenía 34 años y era natural de Quintanilla de Onésimo. Había quedado huérfano a los 14 años y pasó buena parte de su vida en Valladolid junto a sus dos hermanos mayores antes de trasladarse a San Sebastián de los Reyes, donde trabajaba como soldador y había sido padre pocos meses antes. La mañana del 11 de marzo regresaba a casa después de finalizar su turno de trabajo en Alcalá de Henares cuando se produjeron los atentados.

El recuerdo de las víctimas en Valladolid

Décadas después de estos atentados, la memoria de las víctimas continúa presente en Valladolid. La capital cuenta con la Plaza de las Víctimas del Terrorismo, junto a la Academia de Caballería, y con la Plaza del Coronel López Muñoz, mientras que Olmedo dispone desde 2008 de un espacio dedicado a las víctimas de ETA.

A ello se suman los homenajes que periódicamente se celebran en la provincia y la labor de la Asociación de Víctimas del Terrorismo de Castilla y León, con sede en Arroyo de la Encomienda. El Día Internacional de Conmemoración y Homenaje a las Víctimas del Terrorismo vuelve a poner este 21 de agosto el foco sobre estas víctimas y en la importancia de preservar su memoria.

0 Comentarios

* Los comentarios sin iniciar sesión estarán a la espera de aprobación
Mobile App
X

Descarga la app de Grupo Tribuna

y estarás más cerca de toda nuestra actualidad.

Mobile App