Este matrimonio de maestros del colegio Campos Góticos de Rioseco se ha jubilado después de casi cuatro décadas de una vocación que convirtieron en “vicio”
La lección final de Juan Carlos y Ana tras una vida dedicada a la docencia
Este matrimonio de maestros del colegio Campos Góticos de Rioseco se ha jubilado después de casi cuatro décadas de una vocación que convirtieron en “vicio”
Se conocieron en un aula y han hecho de su profesión, el magisterio, una "forma de vida". "Lo nuestro ha sido más vicio que vocación". Juan Carlos López y Ana Santos, un matrimonio de maestros, han puesto punto y final a su vida profesional tras 35 y 38 años, respectivamente, dedicados en cuerpo y alma a la educación. La pareja recibe a Tribuna Valladolid en el colegio Campos Góticos de Medina de Rioseco, donde han desarrollado gran parte de su trayectoria laboral.
Ahora, en agosto, todo es silencio y reposo. Las aulas están vacías desde que acabara el curso, pero en unos días todo cambiará. El bullicio, los juegos en el patio y las clases, llenas de vida, devolverán la actividad al centro. Fue el 30 de junio cuando Juan Carlos y Ana se despidieron de sus compañeros, aunque reconocen que, con el verano de por medio, aún no se han hecho "a la idea". "El vértigo llegará el 1 de septiembre", dice el maestro especialista en inglés, que en breves fechas publicará su libro número 25, "a modo del legado que quiero dejar". Se trata de una publicación dirigida a los docentes donde se despejan muchas de las dudas y problemas a los que los profesionales de la educación se enfrentan cada día.
No quieren desvincularse por completo de la profesión por la que han luchado y vivido en las últimas cuatro décadas. Juan Carlos seguirá con sus publicaciones, divulgaciones y conferencias, con su escuela de familias y con sus proyectos educativos contra el bullying. "Queremos seguir haciendo el bien". Ana, por su parte, requiere "recolocar su vida", pero tiene muy claro que necesita seguir ayudando a los niños inmigrantes, una de sus grandes vocaciones. Quiere elaborar "material de ayuda y apoyo para los compañeros que en sus clases tengan esta realidad", una situación muy extendida en Tierra de Campos y que es ya una constante en casi todos los colegios.
En el colegio aprendes de tus compañeros, porque nadie sabe tanto como todos juntos
De hecho, en el CRA riosecano de Campos Góticos, el pasado curso escolar contaron con más de 70 niños inmigrantes de 17 nacionalidades diferentes. "Los profesores no somos magos. Cuando entras en una clase con alumnos de otros países, tienes un agobio: quieres atender a todos los niños y la tarea es muy dificultosa", explica la maestra.
Sus inicios
Es curioso, pero ninguno de los dos quería ser profesor, aunque parezcan predestinados a ello. Los tres hermanos de Juan Carlos eran maestros casados con maestras. En ese caldo de cultivo, el vallisoletano con ascendencia en Villarramiel (Palencia) comenzó a estudiar Ingeniería Técnica "como rebeldía" (sonríe). Aunque al final no pudo negar la evidencia y dedicó su vida a la educación, algo similar le ocurrió a su mujer, natural de Guijuelo (Salamanca). Son tres hermanas y las tres son profesoras.
"Yo no quería ser maestra, pero en mi pueblo montamos un grupo de scouts y ahí descubrí mi vocación. Mi madre siempre me decía que con dos años lloraba mucho y no quería ir a clase. Para no gustarme, me he pasado toda la vida en la escuela", dice con una amplia sonrisa. Los dos son maestros de Infantil y Primaria, además de licenciados en Pedagogía. Juan Carlos, asimismo, es doctor en Ciencias de la Educación.
Tras aprobar las oposiciones, recorrieron muchos destinos, casi siempre en la escuela rural. Se conocieron en Sanabria y ya no se separaron, aunque durante algunos cursos estuvieron alejados por más de 400 kilómetros. Poco a poco fueron recortando las distancias entre sus plazas. En Medina de Rioseco instalaron su vida y formaron una familia; en el colegio Campos Góticos encontraron su espacio, donde han ejercido la docencia durante más de 25 años.
Con la jubilación la gente me pregunta: '¿Tienes algún hobby?'. El problema es que mi hobby era el colegio
Aún recuerdan el primer día que entraron a un aula. "Mi primer destino fue un colegio muy complicado de Benavente. Cuando entré dije: 'Buenos días, soy el de inglés'. Me dijeron: 'Tú no eres el de inglés, eres el de Educación Física'. Me daba igual, yo me di cuenta de que era feliz dando clase. He sido feliz desde el primer día hasta el último, fuera un lunes o un viernes". Juan Carlos vivió allí situaciones que le marcaron profesional y personalmente: "Una niña deshacía una goma de borrar y me dijo que hacía 'gomaína' porque su madre hacía cocaína".
Ana, por su parte, recuerda su primera experiencia en un colegio de un pueblo de la sierra de Salamanca: "Los inicios fueron complicados. Sales de la facultad y tienes que enfrentarte a una realidad muy diferente. Casi no tienes tablas, aunque poco a poco te vas adaptando". "Esa es la verdadera Universidad", interrumpe Juan Carlos López. "Allí aprendes de tus compañeros, porque nadie sabe tanto como todos juntos. Surgen nuevos problemas a los que hay que dar una solución, por ejemplo, el de la inmigración. Hay que adaptarse, trabajar con ello y conseguir el máximo de todos".

Su último curso
Acordaron que este sería su último curso; la historia no podía tener otro desenlace una jubilación 'al alimón'. Y eso que Ana podría haber puesto punto y final el pasado año, pero prefirió esperar a su compañero de vida y de escuela. "Ha sido muy especial, porque he preparado mi última Navidad, los últimos carnavales… me ha costado mucho". La voz se le quiebra y los ojos vidriosis de Ana no ocultan la emoción. "Hemos recibido el cariño de todos los compañeros, de los alumnos y de los padres; ha sido muy bonito", añade Juan Carlos, quien confiesa que siempre ha sentido "un cierto reconocimiento por ser maestro".
Se sienten dos riosecanos más. En la Ciudad de los Almirantes han vivido ya tres décadas y, a pesar de su jubilación, no se irán. "Aquí han nacido nuestros hijos y los hemos visto crecer. Es un pueblo tan cómodo… con una gran calidad de vida. Se vive muy bien, tienes de todo", reconoce el profesor.
Esperan haber dejado huella en el colegio. "Queremos seguir dejando la semilla. De hecho, estamos inmersos en un programa para transformar el patio y mejorar la biblioteca". Han sido testigos en primera persona de la evolución de este centro rural agrupado y de su día a día. "Hemos visto a nuestros compañeros crecer, a algunos enfermar e, incluso, morir. También a alumnos. Eso ha sido lo más triste, sin duda lo más duro".
Ser maestro es un estilo de vida, una manera de trasnformar y mejorar la sociedad
Tampoco han sido ajenos a la evolución educativa en casi cuatro décadas de profesión. En líneas generales, valoran positivamente el cambio. "Antes era café para todos y el que podía, bien; el que no, que se buscara la vida. Ahora, el objetivo de casi todos los profesores es conseguir el máximo posible de cada alumno. Esto ya es un cambio importante", aclara la maestra.
Juan Carlos cree que ahora hay que "asumir muchos papeles de padres". "Yo siempre digo que somos una segunda oportunidad para muchos alumnos, porque la primera la tienen complicadilla en casa. Nos tenemos que adaptar a muchos cambios sociales y también tecnológicos. Sigo siendo optimista porque hay muy buenos profesionales, aunque hay que insistir en la formación continua del profesorado y eliminar la excesiva burocratización", advierte.
En este sentido, Ana Santos agrega que los niños son "muy diferentes" a los de hace años. "Quizá haya una crisis de valores por la vida tan acelerada que llevamos. Nosotros, como profesores, tenemos que incidir en ello, porque muchas veces pasan más tiempo con sus profes que con sus familias".
Llevarse el trabajo a casa
Cada respuesta es una reflexión basada en la experiencia, en el estudio y en el amor a una profesión que tanto les ha reportado después de entregarle su vida. "Nuestro trabajo no es un trabajo al uso en el que cierras la puerta y te vas a tu casa. Al final te llevas el trabajo, los problemas y los dilemas. La suerte que teníamos es que en casa había una segunda opinión para abordar estas cuestiones. Siempre nos hemos complementado muy bien. Ahora, analizándolo con el paso de los años, creo que hemos trabajado más de la cuenta, pero es que nos gustaba mucho. Con la jubilación la gente me pregunta: '¿Tienes algún hobby?'. El problema es que mi hobby era el colegio", sonríe Ana.
Echan la vista atrás y les resulta muy complicado elegir un solo momento, pero los dos se decantan por detalles tan sencillos como emocionantes. Juan Carlos se queda con un alumno con autismo con el que logró grandes avances: "Cuando fue al instituto, le ofrecieron que eligiera un premio y él pidió ir a clase de inglés. Eso me emociona, igual que cuando me ve por la calle y viene con mucho entusiasmo a saludarme". Ana recuerda con la voz quebrada cómo una alumna pidió un deseo especial en su cumpleaños. "El día de su cumple les doy una pequeña recompensa. Ellos eligen sentarse con un amigo, que no haya deberes o cualquier otra cosa. Aquella niña pidió que no me jubilara". A duras penas contiene la emoción. A su memoria viaja, con mucho cariño, otro alumno inmigrante con el que se volcó desde pequeñito: "Cuando empezó Bachillerato, me pidió que le recibiera para agradecerme todo lo que había hecho por él y por enfocarle su educación, porque me reconoció que, si no, hubiera sido un 'bala perdida'".

Un estilo de vida
Cuando se les pregunta sobre qué significa en su vida la educación, hacen una larga pausa, reflexionan y sentencian: "Un estilo de vida, una manera de transformar y mejorar la sociedad. Somos un elemento importante para equilibrar, para compensar desigualdades". "Para nosotros ha sido nuestra vida y además nos ha hecho felices. Ser maestros es una labor muy bonita y privilegiada: eres la persona que va a ayudar a sus alumnos a moldear un carácter, a una persona".
Una niña pidió, como recompensa por su cumpleaños, que no me jubilara
La charla con los dos maestros se alarga más de lo previsto. Derrochan sentido común, pasión por su profesión, entusiasmo sincero y sensatez a la hora de abordar cómo debe ser la educación. La última cuestión tiene miga:
PREGUNTA: Si pudierais volver atrás al día en que entrasteis por primera vez a un colegio como profesores, ¿qué consejo os daríais a vosotros mismos?
JUAN CARLOS LÓPEZ: Lo que les digo a mis hijos cada día: 'Qué suerte de profesión, has acertado'. En segundo lugar, que cuando llegas a un colegio nuevo, otorgues el beneficio de la duda de los cien días... O sea, no empieces a juzgar antes de tiempo. Concede los cien días. Tercero, que no seas un problema. Si tú no eres un problema, el colegio tiene un problema menos. Y por último, vas a conocer gente muy buena y muchos niños te van a necesitar.
ANA SANTOS: Yo diría que ha merecido la pena. Han sido años muy bonitos. Sin duda, lo volvería a hacer. Lo importante que les enseñas no se enseña con los libros: se enseña con tu manera de ser y de trabajar. Es importante tener claro el alcance que tenemos en lo que hacemos, tanto para lo bueno como para lo malo. Aquí no podemos tener días malos.
La entrevista llega a su fin. La pareja de maestros abandona el colegio. Saben que las puertas del aula no abrirán para ellos el primero de septiembre, pero también están convencidos de que echarán una mano desde su experiencia y sus ganas por seguir colaborando. La saga continúa: su hijo Víctor ya ejerce en un colegio y su hija Celia estudia magisterio. "Han decidido seguir con el negocio familiar", despachan con una sonrisa. La tiza y la pizarra, al menos en sentido metafórico, seguirán siendo el emblema en la casa de los López Santos.
Todo el personal docente y laboral del colegio Campos Góticos, en la despedida de Juan Carlos y Ana. FOTO: CRA CAMPOS GÓTICOS.
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