José Ribagorda recuerda a Iván Sanz y su familia un mes después de la tragedia de la A-67

El periodista dedica una emotiva despedida al bodeguero de Dehesa de los Canónigos, fallecido junto a su mujer Irene y dos de sus hijos en un accidente

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José Ribagorda recuerda a Iván Sanz y su familia un mes después de la tragedia de la A-67
José Ribagorda e Iván Sanz.
El autor esMiguel Ángel  Fernández
Miguel Ángel Fernández
Lectura estimada: 3 min.

Ha pasado algo más de un mes desde el accidente que conmocionó a la Ribera del Duero y a toda la provincia de Valladolid. El pasado 5 de julio, Iván Sanz Cid, su mujer Irene y dos de sus tres hijos, Irenita y Alvarito, perdieron la vida en un accidente de tráfico ocurrido en la A-67, a la altura de Herrera de Pisuerga.

Más de cuatro semanas después, el dolor continúa muy presente entre quienes conocieron a la familia. Uno de ellos es el periodista José Ribagorda, que ha compartido en redes sociales una extensa carta dedicada a la memoria de Iván Sanz y sus familiares.

"Ha pasado poco más de un mes del fallecimiento de Iván Sanz Cid, su mujer Irene y dos de sus tres hijos, Irenita y Alvarito, y sigo sin creérmelo", comienza el periodista, que reconoce que todavía no ha conseguido asimilar la pérdida.

Ribagorda recuerda los últimos quince años de amistad y asegura que la familia dejó una huella profunda en quienes compartieron su vida con ellos. El periodista reconoce que cada día resulta difícil afrontar su ausencia y admite no encontrar una explicación para una tragedia de semejantes dimensiones.

El recuerdo de un amigo convertido en familia

En su despedida, Ribagorda dedica buena parte de sus palabras a reivindicar la personalidad de Iván Sanz, al que describe como "un ser extraordinario" y alguien que llegó a ser mucho más que un amigo.

"Para nosotros, era más que un amigo, era nuestro hermano, nuestra familia misma", afirma el periodista, que destaca su carácter generoso, su disposición permanente a ayudar y su forma de relacionarse con quienes le rodeaban.

También pone en valor los principios que, a su juicio, Iván heredó de sus padres, Luis y Mari Luz: humildad, esfuerzo, sacrificio, respeto por la tradición y una profunda importancia de la familia.

Según Ribagorda, esa manera de entender la vida se reflejaba también en su implicación con todo tipo de proyectos, desde el equipo de rugby de su hijo Alvarito hasta iniciativas solidarias, organizaciones y actividades relacionadas con la promoción de los vinos de la Ribera del Duero y la gastronomía de Valladolid.

Un vacío también para el mundo del vino

La muerte de Iván Sanz ha dejado además un importante vacío en el sector vitivinícola. Ribagorda destaca especialmente el trabajo que desarrolló junto a su hermana Belén y al equipo de Dehesa de los Canónigos, la bodega familiar fundada por sus padres.

El periodista subraya que Iván contribuyó decisivamente a modernizar el proyecto y a situarlo en una posición destacada tanto dentro como fuera de España.

La bodega, ubicada en la Ribera del Duero, se convirtió durante los últimos años en uno de los grandes proyectos familiares vinculados a la elaboración de vino en la provincia de Valladolid.

"Las viñas de la Dehesa de los Canónigos no dejan de llorar"

Ribagorda cierra su homenaje con una imagen vinculada precisamente a la tierra que tanto significó para Iván. "Las viñas de la Dehesa de los Canónigos no dejan de llorar", escribe el periodista, antes de imaginar que las lágrimas de esas viñas terminarán mezclándose con las uvas de la próxima cosecha.

Una vendimia, la de 2026, que estará inevitablemente marcada por la ausencia del bodeguero y que Ribagorda imagina como un último legado de su amigo.

"Descansa en paz, amigo, hermano mío. Descansad en paz Irene, Irenita y Alvarito. Siempre viviréis en nosotros", concluye su emotiva despedida.

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