Toreros del ayer en su paseíllo popular

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Toreros del ayer en su paseíllo popular
El autor esJesús  López Garañeda
Jesús López Garañeda
Lectura estimada: 2 min.

Esta fotografía taurina del ayer que acabo de recadar tiene más miga de la que parece. En ella se ven a tres toreros que abren el paseíllo en uno de los pueblos de Valladolid al que guardo simpatía y afecto, pero que prefiero no desvelar para que sea la sagacidad del lector quien lo haga.

Los tres maestros que van por delante abriendo el paseíllo, son Carlos Zúñiga, el vallisoletano que tenía el sobrenombre torero de 'El Cid' seguramente por lo bien que realizaba la suerte de matar a los toros con su tizona. En el medio va el pintor iscariense, afincado en Tordesillas, Daniel Cabrejas 'El Viola', quien antes de dedicarse a las bellas artes de la pintura y plasticidad hizo sus pinitos como novillero por esos pueblos de Dios, hasta que en León un toro le dio una paliza de padre y muy señor mío y que casi, casi lo desgracia para siempre, impulsando y adoptando la decisión de retirarse del toreo activo para siempre y echar mano de óleos y pinceles de mejor resultado al menos para su físico.

El otro torero es Curro creo recordar que Montenegro, otro que tuvo en los pueblos de Valladolid importantes actuaciones y llamadas de alcaldes y comisiones de festejos para torear en las fiestas patronales y ciertamente que no lo hacía nada mal.

Estos toreros que van sonrientes y hermoseados, andan con guapeza y porte como no digan dueñas y causaban admiración en todas las funciones de los pueblos en las que intervenían, siendo aplaudidos y reconocidos por los espectadores, bien es verdad que algunos de ellos exigían más de la cuenta sobre todo cuando la vaca o el toro aparecían en el ruedo, curados de sudores y metafísica y a ellos les hacía tragar la saliva del miedo.

La terna en esta ocasión la llevaba uno de los empresarios más importantes de la época vallisoletana a la que hace referencia la fecha y este no fue otro que el padre de Miguel Ángel SORIA, el gran y magnífico pintor vallisoletano autor de plumillas y dibujos taurinos de capital importancia.

Hablar de SORIA era destacar en su apellido la labor fundamental de promoción, apoyo, ayuda y valimiento de estos torerillos de fortuna que iban a los pueblos muchas veces a jugársela por cuatro perras.

Hoy, estos toreros populares de ayer son el vestigio que queda en la memoria de una época feliz, sentida y emocional nunca rota por nada, sino apreciada, reconocida y amada por cuantos tuvieron algo que ver entre sus manos y un capote de seda.

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