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Fundación Triángulo: "El Orgullo sigue siendo un acto de resistencia porque los derechos conquistados pueden perderse muy rápido"
La organización reivindica la necesidad de una ley LGTBI autonómica en Castilla y León, alerta del aumento de los discursos de odio y defiende la ocupación del espacio público como una herramienta de visibilidad
El Orgullo LGTBI vuelve a las calles de Valladolid en un contexto que, según Fundación Triángulo Castilla y León, combina avances sociales con nuevos desafíos. La ausencia de una ley autonómica específica, el auge de discursos que cuestionan los derechos del colectivo y la necesidad de reforzar la formación en ámbitos como la sanidad, la educación o las fuerzas de seguridad son algunas de las preocupaciones que marcan este 2026.
Con motivo del mes del Orgullo, Tribuna Valladolid entrevista a Meliza Maura e Inés Modrón, representantes de Fundación Triángulo Castilla y León, sobre la situación del colectivo, los retos pendientes y el significado que sigue teniendo la reivindicación en las calles.

Pregunta: ¿En qué momento llega este Orgullo para el colectivo LGTBI en Castilla y León?
RESPUESTA: Llega en un momento en el que es imposible no verlo como un acto de resistencia. Estamos viviendo una situación compleja porque, aunque contamos con la protección que ofrece la legislación estatal, Castilla y León sigue sin tener una ley LGTBI propia. Eso nos deja en una situación de desprotección en muchos ámbitos de la vida cotidiana.
Además, estamos viendo cómo determinados discursos que cuestionan nuestra existencia y nuestros derechos han entrado en algunas instituciones. Eso hace que el Orgullo sea más necesario que nunca como espacio de reivindicación y de defensa de todo lo que aún queda por conseguir.
P: ¿Qué balance hacen del último año? ¿Ha habido más avances o más retrocesos?
R: Hay avances que son importantes. Cada vez vemos una mayor capacidad de movilización social. Hace poco nos concentramos para protestar contra un evento con mensajes transfóbicos que iba a celebrarse en un espacio público y hubo una respuesta muy significativa. Esa capacidad de organización es algo positivo. Pero también hemos vivido retrocesos preocupantes. Uno de ellos es la normalización de la LGTBIfobia. Hay mensajes que hace unos años eran impensables en el debate público y que ahora se expresan con total naturalidad. Cuando esos discursos se legitiman desde determinados espacios políticos, terminan trasladándose a la calle y eso acaba generando más agresiones y más discriminación.
P: ¿Cuáles son hoy las principales preocupaciones del colectivo en Castilla y León?
R: La principal es la falta de una ley autonómica. Lo repetimos mucho porque tiene consecuencias reales. Sin esa normativa no existen protocolos específicos desarrollados en ámbitos como la educación o la sanidad, ni un régimen sancionador administrativo que proteja a las personas frente a determinadas situaciones de discriminación.
También nos preocupan especialmente las personas trans, las familias con menores trans, la invisibilización de las personas intersexuales y la situación de las personas migrantes LGTBI. Cada letra del colectivo tiene necesidades específicas que todavía no están suficientemente cubiertas.
P: ¿Falta formación en sectores como la sanidad, la educación o las fuerzas de seguridad?
R: Muchísima. Y no puede depender de la buena voluntad individual de algunos profesionales especialmente sensibilizados. Tiene que ser algo estructural.
Lo vemos constantemente. Hay personas trans que encuentran enormes dificultades en procesos administrativos tan básicos como el cambio de nombre o en determinados trámites sanitarios. También ocurre con las denuncias por delitos de odio. Muchas veces recomendamos acudir primero a una asociación antes de denunciar porque no siempre existe la formación necesaria para identificar correctamente una agresión LGTBIfóbica.

P: ¿Cómo valoran la implicación de las instituciones locales?
R: Tenemos la sensación de que muchas veces la implicación llega cuando ya existe un problema. Cuando se produce una agresión, cuando surge un conflicto en un centro educativo o cuando aparece una situación concreta.
Lo que necesitamos es prevención. Formación continuada, campañas permanentes y políticas estructurales. No actuaciones puntuales cuando ya ha ocurrido algo grave.
P: ¿Qué mensaje quieren lanzar con el Orgullo de este año?
R: Que no vamos a permitir retrocesos en derechos. Seguiremos reclamando una ley LGTBI para Castilla y León porque cada año vemos con más claridad las carencias que provoca su ausencia.
También queremos reivindicar el espacio público. Durante décadas se nos ha dicho que nuestra realidad debía quedarse en el ámbito privado. Nosotros defendemos justamente lo contrario: tenemos el mismo derecho que cualquier otra persona a ocupar las calles, las plazas y la vida pública.
P. ¿Qué papel sigue teniendo la manifestación en 2026?
R: Sigue siendo fundamental. Es un espacio donde reivindicamos los derechos que faltan por conquistar, pero también donde celebramos todo lo que hemos conseguido gracias a décadas de lucha.
Hay algo que nunca debemos olvidar: los derechos se consiguen muy despacio, pero pueden perderse muy rápido. Por eso es tan importante seguir movilizándose y sumar cada vez a más personas.
P: ¿Qué impacto tiene realmente el mes del Orgullo en Valladolid?
R: Tiene un enorme valor simbólico y práctico. Ayuda a visibilizar realidades que muchas veces permanecen invisibles durante el resto del año y permite que muchas personas encuentren espacios seguros.
Además, sirve para recordar que el trabajo de las asociaciones no se limita a junio. Nosotros organizamos actividades durante todo el año: presentaciones de libros, talleres, proyecciones, encuentros o asesoramiento. Lo que ocurre es que durante el Orgullo se pone el foco sobre todo ese trabajo.

P: ¿Cómo imaginan el Orgullo dentro de cinco años?
R: Ojalá sea un movimiento todavía más transversal y capaz de implicar a sectores muy diversos de la sociedad. Que deje de verse como algo que afecta únicamente al colectivo y se entienda que hablamos de derechos humanos y de convivencia democrática.
También espero que lleguemos con más herramientas y más recursos. Porque las necesidades siguen creciendo.
P: ¿Y cuáles son los principales retos de Fundación Triángulo Castilla y León?
R: Los recursos. Esa es la palabra clave. Mucha gente piensa que somos una gran estructura, pero la realidad es muy distinta. Somos muy pocas personas intentando atender una comunidad enorme.
Tenemos la suerte de contar con un voluntariado extraordinario, comprometido y estable. Gracias a ellos salen adelante proyectos como el Zorrilla's Fest o muchas actividades que desarrollamos durante el año. Pero no podemos olvidar que son personas voluntarias y que hacen este trabajo de manera altruista.
Nuestro sueño sería poder llegar a todas las provincias de Castilla y León con la misma intensidad, llevar actividades culturales, formación y acompañamiento a más lugares. Pero para eso hacen falta más medios humanos y económicos.
Mientras tanto seguiremos haciendo lo que hemos hecho siempre: defender derechos, crear espacios seguros y recordar que la igualdad nunca es un logro definitivo, sino una conquista que hay que cuidar cada día.

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