De lo espiritual en la danza
Todo es complejo en My home, no home de Nazareth Panadero&Michael Strecker que estoy viendo esta noche en la Sala Concha Velasco del LAVA. ¿Como articular los movimientos que encierran historias particulares y forman a esta hora de la noche historias colectivas? Todo, todo: la música, los cuerpos, las palabras, los objetos esconden un contenido profundo que el espectador atrevido tiene que descifrar.
Captar lo espiritual en la danza es reconocerse en lo colectivo y lo diverso. La danza es el arte efímero del cuerpo. Por eso el público tiene que dejarse llevar por su intuición. Dejarse llevar por el talento de Nazareth y Michael y habitar el subconsciente para recibir una experiencia maravillosa y magnifica que dura justo 60 minutos.
La danza que estamos viendo esta noche no es otra cosa que una forma de expresión diferente llena de contradicciones y sin límites que comunica de manera diferente a cada espectador al margen del lenguaje. Y vibrar. Vibrar sentado en la butaca es percibir y pensar, todo al mismo tiempo de este arte que está más vivo que nunca.
My home, no home es la pura representación de la vida, la "danza de la vida". Como escribe Martha Graham, el instrumento mediante el que se expresa la danza es también el instrumento mediante el que se vive la vida: el cuerpo humano. Es el instrumento mediante el que se manifiesta lo más importante de la vida.
Toda obra de arte es hija de su tiempo, eso nadie lo duda y en la mayoría de las veces es la madre de nuestros sentimientos, para hacer caso a lo que dice Vasili Kandinsky. Resultan muy interesantes esas imágenes que aparecen en la pantalla y comprobar como esa realidad virtual y la realidad de lo que esta pasando en el escenario, el público tiene que dejarse llevar por las sinergias entre los cuerpos y los sonidos.
Porque My home, no home nos obliga a pensar desde el cuerpo como bien proponía Pina Bauch. Ver como se mueven por el escenario Nazareth Panadero y Michael Strecker es ver la vida en movimiento. Bailar es una acción visible de la vida.
En tiempo convulsos, la danza sigue siendo una lección de esperanza y de coraje, de equipo, de empeño colectivo. Una mujer y un hombre bailando, mujeres y hombres sentados en sus butacas, juntos en la oscuridad. La danza, une, alienta y salva. Ha sido una alegría ir esta noche al LAVA y ver a Nazareth Panadero y Michael Strecker.
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