El peor accidente atómico de la historia marcó un antes y un después en la seguridad nuclear, mientras hoy la energía atómica gana terreno
Chernóbil, 40 años después: del miedo nuclear a su resurgir como aliada climática
El peor accidente atómico de la historia marcó un antes y un después en la seguridad nuclear, mientras hoy la energía atómica gana terreno
Han pasado 40 años desde el accidente de Desastre de Chernóbil, una tragedia que no solo dejó una huella imborrable en Europa, sino que cambió para siempre la percepción global de la energía nuclear. Aquel suceso, ocurrido en 1986 en la entonces Unión Soviética __EMDASH__hoy territorio de Ucrania__EMDASH__, marcó el final de la llamada "inocencia atómica".
La explosión del reactor número 4 liberó hasta 200 toneladas de material radiactivo, con una potencia estimada equivalente a entre 100 y 500 bombas como la de Bombardeo de Hiroshima. Las consecuencias fueron devastadoras: amplias zonas contaminadas en Ucrania, Bielorrusia y Rusia, y una profunda alarma en toda Europa ante un desastre invisible y sin fronteras.
El impacto fue inmediato. Países como Italia decidieron abandonar la energía nuclear tras un referéndum en 1987, mientras que en Alemania creció con fuerza el movimiento ecologista con un claro rechazo a esta tecnología.
El Organismo Internacional de Energía Atómica reconoce que Chernóbil supuso "un momento decisivo" para la cooperación internacional en seguridad nuclear. A raíz del accidente, se crearon acuerdos clave que siguen vigentes hoy, como la obligación de notificar de inmediato cualquier incidente y coordinar la respuesta internacional. Estas medidas buscaban evitar situaciones como la vivida entonces, cuando la Unión Soviética tardó días en informar del accidente, que fue detectado inicialmente fuera de sus fronteras.
Las lecciones de Chernóbil derivaron en avances significativos: mejores diseños de reactores, mayor independencia de los organismos reguladores y una cultura de seguridad más estricta. También se introdujo la revisión entre países, un sistema de control mutuo para reforzar la transparencia.
Décadas después, el accidente de Accidente nuclear de Fukushima Daiichi volvió a sacudir la confianza en esta energía y frenó su expansión en países como Japón o Alemania, que optó por cerrar progresivamente sus centrales.
El giro: la energía nuclear frente al cambio climático
Sin embargo, el contexto actual ha cambiado. La urgencia por frenar el calentamiento global ha reabierto el debate sobre la energía nuclear, ahora vista por muchos como una alternativa clave para reducir emisiones.
Según el OIEA, la energía nuclear está presente en 31 países y genera alrededor del 10 % de la electricidad mundial, lo que supone aproximadamente una cuarta parte de la energía baja en carbono.
En los últimos años, se ha producido un cambio notable: cada vez más países apuestan por ampliar sus programas nucleares o introducir esta tecnología por primera vez. Más de 20 naciones han acordado triplicar la capacidad nuclear para 2050, y cerca de 40 países sin tradición en este ámbito estudian incorporarla.
El desarrollo de reactores de última generación, con sistemas de seguridad avanzados y menor dependencia de la intervención humana, ha contribuido a mejorar la confianza en esta industria.
Para el OIEA, el cambio es claro: gobiernos y ciudadanos están reconsiderando una energía que durante décadas generó rechazo. En su escenario más optimista, la agencia prevé que la capacidad nuclear mundial podría más que duplicarse de aquí a 2050.
Cuatro décadas después de Chernóbil, la energía nuclear sigue siendo objeto de debate. Pero lo que parece indiscutible es que, de símbolo del miedo, ha pasado a ocupar un lugar central en la búsqueda de soluciones frente a uno de los mayores desafíos globales: el cambio climático.
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