Este centro educativo de Valladolid implementó hace tres años herramientas que sirven para que los jóvenes desarrollen su espíritu crítico, focalicen sus esfuerzos y aprendan de forma más dinámica
Educar para un nuevo paradigma: el Colegio de San Agustín lidera el reto de la enseñanza ética con IA
Este centro educativo de Valladolid implementó hace tres años herramientas que sirven para que los jóvenes desarrollen su espíritu crítico, focalicen sus esfuerzos y aprendan de forma más dinámica
En los pasillos del Colegio San Agustín de Valladolid, el aire no solo huele a tiza y libros nuevos, sino a la tecnología de una revolución que ya no es ciencia ficción. Imagine a un alumno de primaria consultando a un asistente virtual para afianzar sus tablas de multiplicar o a un estudiante de bachillerato que, lejos de copiar un resumen de internet, entrena a un agente de inteligencia artificial para que le ayude a planificar su camino hacia la universidad. En este centro, la tecnología no es un invitado ruidoso, sino un aliado silencioso y potente. Al frente de esta transformación se encuentran Andrés Manuel Marcos Mateo, director de secundaria y bachillerato, e Ibán de la Horra, coordinador TIC del centro, quienes han decidido que, ante el tsunami tecnológico, lo más inteligente no es construir muros, sino enseñar a sus alumnos a navegar las olas.
Este ambicioso proyecto surge de la convicción profunda de que el mundo educativo se encuentra ante un cambio de era. Andrés Manuel Marcos Mateo es tajante al definir este momento como un nuevo paradigma en la educación que va a transformar la forma de aprender de los chicos y la manera de impartir lecciones de los docentes. El docente recalca que el Colegio San Agustín siempre ha apostado por la vanguardia tecnológica y, por ello, no podían quedarse atrás en esta carrera. "No podemos poner puertas al campo", afirma con rotundidad, señalando que sus alumnos, al llegar a la vida adulta, tendrán que trabajar estrechamente con la inteligencia artificial en cualquier sector profesional. La meta es adelantarse para que, antes de que los estudiantes utilicen estas herramientas simplemente como un atajo para eludir sus tareas, aprendan a usarlas bajo un estricto código ético y de responsabilidad.
La implementación ha sido un proceso meditado y progresivo. Aunque el centro ya trabajaba conceptos de machine learning con alumnos de 4º de la ESO hace tres años para darles una introducción básica, ha sido este curso cuando se ha dado el gran salto hacia la IA generativa y conversacional, especialmente en 2º de Bachillerato. Ibán de la Horra explica que la clave ha sido la dosificación, seleccionando cuidadosamente qué recursos integrar en el currículo para que la tecnología complemente el aprendizaje sin sustituirlo. Para ello, han fusionado la IA con otras herramientas potentes como el metaverso y la realidad extendida, buscando siempre que el aprendizaje sea significativo y que los dispositivos, que a menudo son fuente de dispersión, sirvan en este caso para enfocar el conocimiento.

Practicar idiomas con la IA, calcular volúmenes en el metaverso
Una de las joyas del programa es el uso de la IA aplicada a las matemáticas y la informática. De la Horra destaca el proyecto del metaverso, una solución creativa ante la dificultad que muchos alumnos encuentran al estudiar geometría en dos dimensiones sobre el papel. "Cuando las llevas a las tres dimensiones, como que esa parte de visualización no la tienen", comenta. A través de un entorno virtual interactivo y seguro, los estudiantes pueden manipular volúmenes, analizar planos y trabajar teoremas de forma colaborativa, lo que dispara su motivación. A esto se suma el concepto de Vibe-coding, que permite a los alumnos desarrollar programas utilizando agentes de IA que generan el código original. Lo fascinante de este método es que el estudiante luego descompone ese código, analiza por qué funciona y cambia parámetros para ver los resultados, aprendiendo programación desde una perspectiva analítica y creativa en lugar de limitarse a memorizar comandos clásicos.
La versatilidad de la IA se extiende a áreas tan diversas como los idiomas o la anatomía. En el caso de las lenguas extranjeras, el centro utiliza aventuras gráficas y agentes conversacionales por voz que permiten a los alumnos realizar roleplays en inglés, francés o alemán. "Estamos trabajando los idiomas de una manera práctica, que es hablando", señala Marcos Mateo, subrayando que esta interactividad permite entrenar a la IA con contenidos específicos para que actúe como una referencia controlada para el alumno. Por otro lado, en asignaturas como anatomía, la IA permite a los estudiantes construir el cuerpo humano en tres dimensiones, dotándolos de una visión espacial que una fotografía convencional no puede ofrecer, lo que hace que el conocimiento se asiente de forma mucho más profunda en el cerebro.
Entender la IA desde un espíritu crítico
Sin embargo, el motor de toda esta maquinaria es el fomento del espíritu crítico y la ética. En el Colegio San Agustín son plenamente conscientes de los riesgos, como los sesgos algorítmicos o las "alucinaciones" de la IA, donde el sistema puede inventar datos con total seguridad. Por ello, el primer paso en cualquier clase sobre IA es hablar de responsabilidad, seguridad y consecuencias legales. De la Horra recalca que enseñan a los chicos a no aceptar las respuestas de un chatbot como "amén Jesús", sino a contrastar y verificar cada información. Se busca que los alumnos sean resolutivos y creativos, aprendiendo incluso a formular los mejores prompts para solucionar problemas complejos.

Para garantizar que la IA no sustituya el esfuerzo, el colegio ha transformado radicalmente su forma de evaluar. Andrés Manuel y su equipo han pasado de la clase magistral a un modelo donde el profesor actúa como guía. Ya no se piden actividades de "copia y pega", sino retos donde el alumno debe construir algo propio utilizando la información obtenida. "No me importa que utilice una herramienta de inteligencia artificial cuando sea capaz de luego salir al encerado y explicárselo a los demás", afirma. La clave reside en que, si el mensaje y la comprensión demostrada ante el resto de la clase son correctos, el proceso de aprendizaje se considera un éxito. Incluso para los alumnos de 2º de Bachillerato, que viven bajo la presión de la selectividad, se han creado agentes que les ayudan a planificar su estudio basándose en sus propios apuntes y esquemas previos, obligándoles a procesar la información antes de pedir ayuda a la máquina.
La necesidad de integrar en la ecuación a profesores y padres
Este cambio de rumbo no sería posible sin un profesorado en formación constante y una comunidad de padres implicada. El Colegio San Agustín cuenta con la certificación TIC 5, el nivel máximo de competencia digital, lo que avala la preparación de sus docentes. Además, el centro dispone de sistemas de control (MDM) que permiten gestionar de forma segura el acceso a las herramientas, decidiendo qué se puede usar en cada momento del aula. Conscientes de que esta es una tarea compartida, el colegio organiza charlas en su Escuela de Padres para quitar el miedo a las familias y transmitirles que la IA debe verse con responsabilidad y no como una amenaza. En palabras de sus responsables, se trata de educar a la sociedad para que esta tecnología sea un apoyo ético y potente tanto en el colegio como en casa. En definitiva, el San Agustín está demostrando que, con la guía adecuada, la IA no hace a los alumnos menos capaces, sino que los convierte en protagonistas de un aprendizaje mucho más personalizado, interactivo y, sobre todo, humano. "La inteligencia artificial no viene a sustituir a la educación. Viene a recordarnos que educar no consiste solo en transmitir información, sino en enseñar a pensar", concluye Manuel Marcos.
Una empresa de Medina de Rioseco logra el segundo puesto en la categoría 'frutado verde ligero' y refuerza su proyección internacional
Plantea actuar sobre el suelo cedido por Renfe, abrir 24 horas el parking del mercado y habilitar una nueva parcela municipal
El torero permanece en la UCI después de la operación de urgencia a la que fue sometido








