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El primer museo en exhibir una tabla periódica en lengua de signos está en Valladolid
El proyecto ha sido impulsado por la Universidad de Oviedo tras diez años de investigación y crea por primera vez signos específicos para los 118 elementos químicos
El Museo de la Ciencia de Valladolid ha incorporado a su exposición permanente la primera tabla periódica del mundo traducida íntegramente a lengua de signos. Este es un recurso pionero que supone un antes y un después en la forma de enseñar y divulgar la química a personas con discapacidad auditiva.
La iniciativa fue presentada por la concejala de Educación y Cultura del Ayunatemiento de Valladolid, Irene Carvajal, quien defendió que este tipo de propuestas responden a una idea: "La ciencia puede ser universal, pero no siempre es accesible". Para ello, resulta necesario "impulsar herramientas que garanticen que el conocimiento llegue a todos los públicos". En este sentido, subrayó que el museo debe "actuar como un espacio de aprendizaje abierto, capaz de adaptarse a diferentes formas de comunicación y comprensión". Además de los desarrolladores, el acto contó con la presencia de Beatriz Gutiérrez, coordinadora de Educación del Museo de la Ciencia de Valladolid y responsable de su plan de accesibilidad y el gerente de la Fundación Municipal de Cultura, José Ignacio de Uribe.
El proyecto ha sido creado por el equipo de investigación 'Mis Manos Hablan', de la Universidad de Oviedo, liderado por Aránzazu Valdés González y Javier Martín Antón, tras cerca de diez años de trabajo. Tal y como explicó Aránzazu durante la presentación, "el punto de partida fue la detección de una carencia absoluta, ya que no existía ninguna traducción completa de la tabla periódica en ninguna de las 300 lenguas de signos del mundo, ni siquiera un sistema coherente de signos para los elementos químicos".
Valdés lo resumió con una idea que ha guiado toda la investigación: "Aquello que no se nombra difícilmente puede enseñarse y comprenderse en profundidad". Hasta ahora, la enseñanza de la química a personas sordas se apoyaba en el deletreo constante de palabras o símbolos, un proceso que, según los investigadores, resultaba "lento, poco preciso y cognitivamente exigente tanto para el alumnado como para los intérpretes".
Frente a esta situación, el equipo ha diseñado un método lingüístico propio que ha permitido crear 118 signos, uno por cada elemento químico. El sistema se basa en la combinación de un signo común que representaba la tabla periódica con otros elementos visuales relacionados con la etiología o con referencias cotidianas. "El objetivo era que cada elemento tuviera una unidad simple, clara y útil en el aula. La propuesta no solo mejora la precisión, también hace más fácil el proceso de enseñanza-aprendizaje", explicó Aránzazu. El proyecto busca reducir la dependencia de la lengua oral en la lengua de signos. Se trata de "dotar a la lengua de signos de autonomía también en ámbitos científicos".
La tabla, instalada en un espacio destacado del museo y con un formato de gran tamaño, se enmarca dentro del programa de accesibilidad del centro. "No se trata solo de que las personas sordas puedan entender la química, sino de que todos entendamos mejor la importancia de la inclusión", señalaron. A su vez, la metodología ha sido concebida para poder aplicarse a otras lenguas de signos y abre la puerta a su expansión internacional. De hecho, el equipo ya ha iniciado contactos y no descarta que surjan iniciativas similares en otros países a partir de este modelo.
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