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El silencio se apodera de la Peregrinación de la Promesa para cerrar el Martes Santo
La Hermandad Penitencial de Nuestro Padre Jesús Atado a la Columna protagonizó un cortejo que, una vez más, partió a las 22.30 horas de la Plaza del Salvador
La Procesión de la Peregrinación de la Promesa cerró el Martes Santo de la mejor manera posible en una noche friolera, más que en la jornada anterior, y emotiva que cautivó la atención de los fieles presentes pasando por el casco histórico de la ciudad.
La Hermandad Penitencial de Nuestro Padre Jesús Atado a la Columna protagonizó un cortejo que, una vez más, partió a las 22.30 horas de la Iglesia de las Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús para iniciar un recorrido que la llevó por la plaza del Salvador, Castelar, Regalado, Catedral, plaza de la Libertad, Angustias, Macías Picavea y Platería hasta la Iglesia Penitencial de la Santa Vera Cruz, donde recogió el paso 'El Señor Atado a la Columna', obra de Gregorio Fernández, una joya que la ciudad volvió a disfrutar 24 horas después de que lo hiciera en la Procesión del Santísimo Rosario del Dolor.

Uno de los momentos más destacados se vivió precisamente en la salida de esta imagen desde la Vera Cruz, donde despertó la devoción de los asistentes antes de continuar, iluminando el recorrido, por Platería, plaza del Ochavo, Vicente Moliner, plaza Fuente Dorada, Cánovas del Castillo, Regalado, Núñez de Arce y López Gómez en dirección al Santuario. Como viene siendo habitual, en la Basílica Nacional de la Gran Promesa tuvo lugar otro de los instantes más sobrecogedores de la noche: la renovación de la promesa de silencio. La hermandad volvió a imponer el recogimiento entre los presentes en un acto cargado de simbolismo que se ha consolidado como uno de los más importantes del calendario penitencial.
La procesión continuó por Alonso Pesquera, plaza del Colegio de Santa Cruz, Librería, plaza de la Universidad, López Gómez, Arribas, Catedral, plaza de la Libertad, Macías Picavea y Platería para regresar nuevamente a la Iglesia de la Vera Cruz, donde se produjo la despedida del paso, que durmió en la sede que lo custodia. El cortejo completó su itinerario por la plaza del Ochavo, Lonja, Quiñones, Duque de la Victoria, Regalado, Teresa Gil, San Felipe Neri y plaza del Salvador hasta la Iglesia de las Esclavas, cerrando así una jornada intensa en la que Valladolid volvió a demostrar su fervor y su capacidad para convertir la tradición en una experiencia colectiva de emoción.

Como ya ocurrió el pasado año, la hermandad volvió a dejar una huella imborrable en la noche del Martes Santo, con la solemnidad de sus hermanos y la fuerza expresiva de una imagen que, siglos después, continúa iluminando el corazón de la ciudad.
La ciudad vivió dos de sus procesiones más emblemáticas en una emotiva jornada llena de encuentros, solemnidad, devoción y fervor
La Hermandad Penitencial de Nuestro Padre Jesús Atado a la Columna protagonizó un cortejo que, una vez más, partió a las 22.30 horas de la Plaza del Salvador
Ambas imágenes protagonizan un emotivo encuentro en la calle de la Amargura ante la presencia de miles de personas








