Así está ahora el sanatorio de Viana: ruinas, memoria y ecos de un pasado que no se apaga

Abandonado, expoliado y convertido en un icono del misterio en Valladolid, el antiguo sanatorio de Boecillo sobrevive hoy como un testigo mudo del paso del tiempo y de la huella humana

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Así está ahora el sanatorio de Viana: ruinas, memoria y ecos de un pasado que no se apaga
El conocido como 'Sanatorio de Viana', situado en Boecillo. Fotos: Rebeca Pasalodos
El autor esRebeca Pasalodos Pérez
Rebeca Pasalodos Pérez
Lectura estimada: 3 min.

No todos los lugares abandonados arrastran leyendas, pero hay edificios que parecen respirar historia incluso en ruinas. Espacios donde el silencio pesa más que el ruido y donde cada pared, cada pasillo derruido, parece guardar algo que no termina de desaparecer del todo. El conocido como 'Sanatorio de Viana' -aunque en realidad se alza en término municipal de Boecillo- es uno de esos lugares.

Pasear hoy en día por sus larguísimos pasillos, no solo es una mala idea por el peligro evidente a causa de su estado interior, es caminar por la evidencia de la peor cara de la condición humana: su capacidad destructiva. Suelos y alicatados levantados, retretes arrancados, paredes demolidas, cableado robado y ni un solo resquicio de lo que fue este coloso hoy agonizante. Al mismo tiempo, se encuentra algo más difícil de explicar: una sensación persistente de que el pasado sigue allí, suspendido entre los muros rotos.

Un gigante nacido para curar

El edificio fue inaugurado el 17 de mayo de 1954 como sanatorio antituberculoso, en una época, tal y como relata el portal especializado en misterio Quaerendo Invienetis, en la que la enfermedad obligaba a aislar a los pacientes lejos de las ciudades. Con capacidad para cientos de enfermos, el complejo se levantó con una intención clara: curar.

Sin embargo, muchos de quienes llegaron lo hicieron sin esperanza. El sanatorio fue también un lugar de muerte. La presión fue tal que el depósito de cadáveres llegó a desbordarse en ocasiones, y el cementerio cercano tuvo que ampliarse.

Apenas nueve años después, en 1963, el centro cerró sin una explicación clara. Los pacientes fueron trasladados y el edificio quedó vacío.


Vista del sanatorio desde el pinar. 

Intentos fallidos y abandono

En 1970 se intentó recuperar el espacio como centro de educación especial. Solo se habilitaron algunas plantas, y el proyecto apenas duró tres años. Durante ese tiempo también se registraron episodios trágicos, desde enfermedades hasta accidentes.

Tras usos puntuales en los años siguientes, el edificio quedó definitivamente abandonado en 1982. Desde entonces, su historia ha sido la del deterioro.

El presente: la huella de la destrucción

Hoy, el sanatorio es una ruina abierta en canal. No queda una estancia intacta. Las paredes están cubiertas de pintadas, los suelos arrancados, los techos, derrumbados. 

El expolio ha sido sistemático: radiadores, tuberías, cableado, barandillas… todo ha sido arrancado o vendido como chatarra. Incluso elementos de gran tamaño, como calderas o ascensores, han desaparecido. Ya no queda ni un solo elemento que dé cuenta de los usos que tuvo el lugar. Ni siquiera la capilla, la cual solo se intuye por la propia estructura básica de la estancia. Tan solo alguna pintada de las aulas de educación asoma tímidamente por debajo de los graffittis. 


Estancia que albergaba la capilla, vista desde el coro. 

Un lugar que no deja de atraer

Pese a su estado -o precisamente por él- el sanatorio sigue recibiendo visitantes. Fotógrafos, curiosos, exploradores urbanos… y también quienes buscan emociones más intensas. Porque este lugar se ha convertido en uno de los grandes referentes del misterio en la provincia de Valladolid.

A ello contribuyen también hechos reales ocurridos en su entorno, como el brutal asesinato de una joven en 1992 en los pinares cercanos a manos del 'violador del ascensor', un suceso que marcó profundamente la memoria colectiva, como lo fue el suicidio de un joven en 2022.

Entre la sugestión y la leyenda

Con los años, han proliferado los testimonios de fenómenos extraños. Hay quien habla de sombras en los pasillos, voces infantiles, cambios de temperatura o una sensación constante de incomodidad. La segunda planta es señalada como uno de los puntos más inquietantes.

Otros relatos sitúan fenómenos en la piscina o mencionan figuras como una niña o una monja vinculada al antiguo sanatorio.

Grupos de investigación han tratado de registrar evidencias con distintos dispositivos, obteniendo resultados que, para algunos, son inexplicables.

Sin embargo, el propio lugar parece predisponer a quien lo recorre: oscuridad, silencio, abandono y memoria se mezclan creando un escenario perfecto para la sugestión.

Hoy, el sanatorio de Viana es un edificio herido. Un espacio peligroso, arrasado por décadas de abandono y vandalismo. Pero también es un lugar donde las historias -reales o imaginadas- siguen vivas.

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