La lenta agonía de San Bernardino: historia de una ruina anunciada

El derrumbe de la espadaña del convento de Cuenca de Campos el pasado 14 de marzo marca un punto de no retorno para el patrimonio de Valladolid

imagen
La lenta agonía de San Bernardino: historia de una ruina anunciada
Convento de San Bernardino de Siena, en Cuenca de Campos. Fotos y vídeo: Sergio Borja
El autor esRebeca Pasalodos Pérez
Rebeca Pasalodos Pérez
Lectura estimada: 5 min.

El pasado 14 de marzo de 2026, el silencio de Cuenca de Campos se rompió con un estruendo seco, el sonido del adobe y el ladrillo rindiéndose finalmente a la gravedad. La espadaña del convento de San Bernardino de Siena, esa silueta que durante siglos sirvió de faro espiritual y visual en la llanura terracampina, se desplomó sobre el patio de entrada. No hubo víctimas, solo el polvo de una historia que se deshace ante la mirada impotente de quienes han dedicado los últimos ocho años a intentar evitarlo.

Jose Luis Sainz Guerra, presidente de la Fundación Rehabitar Tierra de Campos, camina hoy entre las piedras caídas con una mezcla de cansancio y lucidez dolorosa. Junto a él, Antonio Garcés, patrono de la fundación, señala un montículo de escombros que hace apenas tres días era parte de una bóveda. "Aquí teníamos la espadaña... y la espadaña finalmente se ha caído", relatan con la voz de quien narra una muerte anunciada. "Era la imagen más emblemática del convento; al ser este el patio de entrada, marcaba el acceso a la iglesia".


Antonio Garcés y José Luis Sainz, de la Fundación Rehabitar Tierra de Campos.

Un expolio con sello estadounidense

Para entender por qué San Bernardino se cae hoy, hay que viajar un siglo atrás, a 1925. En aquel año, las monjas clarisas, que habitaban el recinto desde su fundación en 1455 por María Fernández de Velasco, decidieron vender su tesoro más preciado: un artesonado mudéjar policromado de una calidad excepcional. El comprador fue el magnate de la prensa norteamericana William Randolph Hearst, quien trasladó parte de esa techumbre a su fastuosa residencia en California.

Aquel acto de supervivencia económica de las religiosas fue, según Sainz Guerra, la verdadera sentencia de muerte estructural del templo. "Eso debilitó extraordinariamente la iglesia porque, claro, se quita el tejado y se ponen unas bóvedas", explica el arquitecto y presidente de la Fundación. "El funcionamiento de las bóvedas es con un empuje horizontal hacia los lados, mientras que cuando tenías una estructura horizontal de madera, la carga era vertical, mucho más estable". Tras la marcha de las monjas en 1967, el edificio pasó a manos de agricultores locales que, en su pragmatismo rústico, terminaron de herir al coloso. Abrieron brechas en los muros para meter tractores y aperos de labranza, debilitando unos contrafuertes que ya no podían soportar el empuje de las nuevas cubiertas.

La herencia de 'Tinín' y la soledad de la Fundación

La lucha por salvar San Bernardino tiene un nombre propio: Faustino González Miguel, conocido por todos como 'Tinín'. Alcalde de la localidad, fundó en 2018 la Fundación Rehabitar Tierra de Campos ante la evidencia de que el monumento se iba a pique. "Era una persona de un grandísimo ímpetu y energía, pero llegó la COVID y se nos murió", lamenta José Luis. Aquella pérdida dejó a la Fundación sin su principal motor de gestión en el momento más crítico.

Desde entonces, la entidad, sin ánimo de lucro y con recursos mínimos, ha sobrevivido "llamando a las puertas de las distintas administraciones con poco éxito". A pesar de que en 2023 lograron incluir el convento en la Lista Roja de Hispania Nostra para alertar del peligro inminente, las soluciones económicas no han llegado a tiempo para la espadaña. Presentaron a la Junta de Castilla y León un proyecto de consolidación valorado en 127.000 euros que fue rechazado. Por su parte, la Diputación de Valladolid ha colaborado económicamente en proyectos de turismo, pero no en reparaciones del inmueble.

Mientras, los pocos miembros de la Fundación Rehabitar, con sus escasos recursos, ha llegado a realizar algunas intervenciones puntuales, como la rehabilitación de un palomar que se encuentra en el corral trasero y el arreglo de uno de los coros, pero nunca han contado con fondos que les permitiera frenar el colapso estructural de la iglesia, la zona más dañada.

El círculo vicioso de la 'España vaciada'

Caminar por Cuenca de Campos es enfrentarse a las cifras del olvido. El pueblo, que a principios del siglo XX contaba con 1.800 habitantes, hoy apenas registra 179. Para Sainz Guerra, esta realidad demográfica es inseparable de la ruina de San Bernardino. "Es el problema de un espacio que tiene un valor cultural, histórico y económico altísimo, pero que sencillamente estamos dejando caer", denuncia con amargura.

El presidente de la Fundación habla de un "círculo vicioso": "Cuanto más gente se marcha fuera, menos interés hay en estos pueblos y menos dinero para arreglar el patrimonio". En su análisis, la sociedad está "dimitiendo de sus obligaciones" y abandonando su historia a favor de las grandes urbes donde hay "rebajas de impuestos", mientras que en el medio rural se mantienen las cargas habituales con una fracción de los servicios e interés institucional.

Un palacio convertido en escombros

El convento no era solo un edificio religioso; era un complejo que integraba el antiguo palacio de la familia Fernández de Velasco, duques de Frías. Aún hoy, entre la ruina, se pueden ver restos de la muralla medieval de piedra y ladrillo que perteneció a la aristócrata fundadora. Antonio Garcés muestra la nave de la epístola, en el lado sur, que se desplomó en febrero de 2025 arrastrando consigo la fachada de acceso. "Este montículo que ves aquí es de hace tres días, es lo que ha caído de ese lado de la bóveda", señala Bobillo frente a un montón de ladrillos recién caídos.

La situación es desesperada porque el colapso de la espadaña ha generado nuevos movimientos en la estructura. "El punto más crítico ahora son las cúpulas de la nave central, que se han abierto", advierte Jose Luis. Lo que queda en pie es una cáscara de barro y yeso que espera una intervención urgente de apeo y desescombro que sigue pendiente de contratación. "La ayuda no llega y, de hecho, se nos está cayendo el monumento", sentencia con una claridad que duele.

La memoria que se resiste a morir

A pesar de todo, la Fundación no se rinde. Recuerdan que el convento albergaba tesoros como las estatuas orantes de mármol de la fundadora y de Diego de Guevara, o ese "hermoso niño de Dios" de marfil que se procesionaba en las tomas de hábito. La mayoría de estos bienes muebles volaron hacia Palencia en 1967, pero el alma del edificio sigue allí, entre los muros de tapial y los zócalos de ladrillo que aún resisten.

Desde Rehabitar Tierra de Campos no pierden la esperanza y piden ayuda para poder mantener este bien de valor incalculable. Para ello, en su web se puede encontrar información de cómo unirse como entidad colaboradora, hacerse amigo de la fundación o colaborar de forma puntual. "La situación exige una intervención inmediata que garantice la seguridad del edificio para las futuras generaciones", reclaman.

Un grito para evitar que la historia de San Bernardino se convierta de forma definitiva en una montaña de arena por no haber llegado a tiempo.

0 Comentarios

* Los comentarios sin iniciar sesión estarán a la espera de aprobación
Mobile App
X

Descarga la app de Grupo Tribuna

y estarás más cerca de toda nuestra actualidad.

Mobile App