Blanca Llamazares, madre de Teresa Rodríguez: "Ojalá lo que me ha pasado a mí no le ocurra a ninguna madre más"

La madre de la vallisoletana asesinada reflexiona sobre el 8M, la lucha contra la violencia machista y la necesidad de una red de apoyo para las familias de las víctimas

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Blanca Llamazares, madre de Teresa Rodríguez: "Ojalá lo que me ha pasado a mí no le ocurra a ninguna madre más"
Blanca Llamazares, madre de la enfermera vallisoletana supuestamente asesinada por su expareja en Bruselas.
El autor esMiguel Ángel  Fernández
Miguel Ángel Fernández
Lectura estimada: 7 min.

En el marco del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, la memoria de las víctimas de la violencia machista vuelve a ocupar un lugar central en el debate social. Detrás de cada cifra hay historias truncadas, familias que continúan buscando justicia y voces que se niegan a permitir que el silencio borre lo ocurrido. Entre ellas está la de Teresa Rodríguez, la joven enfermera vallisoletana que fue asesinada en Bruselas en octubre de 2022 por su expareja.

Más de tres años después de aquel crimen, su nombre sigue presente en la lucha contra la violencia de género y en el recuerdo de quienes la conocieron. Su historia trascendió fronteras y abrió un proceso doloroso para su familia, que desde entonces ha tenido que convivir con la ausencia y con la necesidad de mantener viva su memoria.
Su madre, Blanca Llamazares, se ha convertido desde entonces en una voz firme que reivindica justicia y recuerdo. Con serenidad, pero también con una profunda determinación, ha decidido hablar para que la historia de su hija no se diluya con el paso del tiempo y para subrayar la importancia de seguir combatiendo todas las formas de violencia contra las mujeres.

En esta entrevista exclusiva con Tribuna Valladolid, Blanca Llamazares reflexiona sobre el significado del 8M desde una experiencia marcada por la pérdida, pero también por el compromiso. Su testimonio es, al mismo tiempo, un homenaje a Teresa Rodríguez y un recordatorio de que la lucha por una sociedad más segura y justa para las mujeres sigue siendo una tarea colectiva.

PREGUNTA: ¿Cómo está ahora? ¿Cómo se encuentra meses después de que finalizase el proceso judicial en Bruselas por la muerte de su hija?
RESPUESTA: Estoy mejor. Y mi entorno también. Después de tres años de un proceso interminable y duro, estamos más tranquilos. Cerrar el juicio ha sido muy importante. Hemos dejado atrás ese capítulo. Aunque, todos los días, convivo con la pena.

De camino a esta entrevista me he encontrado con un autobús del Centro de Hemoterapia y Hemodonación de Castilla y León, donde trabajó Teresa durante algunos meses antes de marcharse a Bélgica. Al verlo, se me han saltado las lágrimas.

Ya no lloras tanto como al principio. Son momentos puntuales en los que te emocionas. Pero es duro. Aun así, yo estoy en las barricadas. Me refugio en la lucha feminista que quiere erradicar la violencia de género de una vez por todas. Mi objetivo es conseguir que esto no les suceda a más familias. Ojalá lo que me ha pasado a mí, no le pase a ninguna madre más en el mundo.

P: ¿Cómo fue el regreso a Valladolid tras el juicio en Bélgica?
R: Ha sido una liberación. César, el asesino de mi hija, está en la cárcel y es una persona que he borrado de mi cabeza. Lo que suceda o no con él me es indiferente. Aunque temo que puedan extraditarlo a España. Pero ya me da igual.

P: ¿Se ha cerrado la etapa en Bélgica entonces?
R: Sigo en contacto con la justicia belga porque todavía no nos han devuelto ciertas pertenencias de mi hija que yo insisto en recuperar. Me gustaría tener su teléfono móvil y su ordenador para poder ver sus fotos y el resto de archivos que ella guardaba y que, para mí, son recuerdos muy valiosos.

R: ¿Qué pensamiento no puede quitarse de la cabeza respecto a esto?
R: He hablado con otras familias que han pasado por situaciones similares, y todos coincidimos en que tenemos un sentimiento de culpa por no haber visto venir esta situación.

Nos duele no haber detectado, con tiempo, que el que se convertiría en el asesino de nuestra hija, estaba a punto de hacerlo.

P: ¿Cuál es ahora el motor que te ayuda a seguir luchando?
R: Lo que quiero es que la sociedad sepa que estas personas existen y que están entre nosotros. No los ves porque parecen personas normales. Los asesinos machistas pasan desapercibidos.

La violencia de género no siempre es como nos cuentan. El maltratador no da un aviso, como norma general. Pensamos que primero llega la violencia verbal, luego la física y después ya acaba matándote. Pero, por desgracia, a veces te mata directamente sin que a ti o a tu entorno os de tiempo a reaccionar.

El sistema VioGen existe y ayuda a esas personas que han vivido ya una violencia pero, ¿qué pasa con las que no? ¿quién protege a las víctimas que mueren sin haber recibido antes una bofetada?

P: A su juicio, ¿Cuál es el siguiente paso para erradicar los asesinatos machistas como el que sufrió Teresa y cuyas consecuencias sufren, ahora, usted y su familia?
R: Esto se puede evitar si nos damos cuenta de que es un problema estructural. No es algo político. Le puede pasar a cualquier persona, sea de izquierdas o de derechas. Debemos remar todos juntos.

La fundamental es la educación. Tenemos que enfocarnos en los jóvenes. En materia de igualdad no podemos retroceder. Debemos respetar a todo el mundo y podemos ejercer la violencia contra nadie y, mucho menos, contra las mujeres.

Esto es un problema real que existe en España y en el mundo y que no va a solucionarse hasta que toda la sociedad nos pongamos todos a una.

P: ¿Cómo afronta este 8 de marzo?
R: Como siempre, como cada año desde hace mucho. Este domingo voy a ir a la manifestación como iba con Teresa cuando ella vivía. Yo comencé a acudir a las concentraciones para acompañar a Teresa, que estaba muy concienciada en lo que a feminismo se refiere. Para mí, el 8M es mi hija.

No podemos dejar de concentrarnos y gritar por la igualdad. Hay que manifestarse y estar ahí. Estamos yendo hacia atrás. Ahora, nos hacen creer que ser feminista es una degradación de la persona. Se quiere ensuciar el término y su causa con fines políticos. Nos pintan como taradas y personas de ultraizquierda. Eso no puede ser.

P: ¿Qué ha aprendido a raíz de esta situación?
R: Principalmente, el aprendizaje que me llevo es que, en tan solo un instante, tu vida puede cambiar para siempre. Es tremendo que tengas que vivir algo así para darte, realmente, cuenta de que existe la violencia de género. Ojalá no hubiese aprendido todas estas cosas.

P: Desde su aprendizaje quiere concienciar al resto para que no siga sucediendo, ¿verdad?
R: Eso es. Tenemos que seguir. Teresa hacía referencia al término 'Endelea', una palabra del idioma suajili que significa "seguir", "continuar" o "avanzar". Es un verbo imperativo o exhortativo que nos insta a no quedarse quietos, a proseguir. Ese es ahora mi cometido. No podemos normalizar que en 2026 haya ya diez mujeres asesinadas. Oímos las noticias sobre la violencia machista como algo cotidiano. Si en ese tiempo, hubiesen asesinado a diez futbolistas, todo el mundo estaría escandalizado. Las mujeres no somos menos que nadie y nos están matando.

P: En el 2024, Bélgica puso en práctica una modificación de sus leyes en lo referente a la Violencia de Género, incluyendo el término de 'feminicidio' como posible móvil de un asesinato. Pero cuando asesinaron a Teresa ese cambio no se había llevado a cabo. ¿Cómo de importante hubiese sido contar con esa herramienta legal?
R: Incidí mucho, personalmente, sobre lo que para mí es el motivo del asesinato de Teresa. No podemos obviar el machismo y las leyes tienen que ampararnos a las mujeres ante este tipo de asesinatos.

Durante el proceso judicial, del pasado mes de octubre, la Fiscalía me hizo ver que pensaban como yo pero que el crimen de mi hija era anterior al cambio de esa ley, por lo que no se podía juzgar al entonces acusado de esa forma.
Yo he insistido y seguiré insistiendo en que se necesita un marco legal conjunto, internacional y único, que nos ampare a las víctimas.

P: Elena Valenciano y Soraya Rodríguez dan voz a las familias que sobreviven al asesinato machista en el libro 'Después del minuto de silencio' del que usted forma parte de un capítulo. ¿Qué sucede tras el asesinato? ¿qué pasa después?
R: Estás muy solo. Así he llegado yo a sentirme y continúo sintiéndome. Ojalá hubiese una asociación o algo por el estilo que nos orientase o nos acompañase tras estas desgracias. El libro relata muy bien todo lo que estamos viviendo muchas familias españolas por culpa del machismo. Mi voz es solo un poquito de todas esas historias que, por desgarcia, existen.

He llegado a pensar que mi familia ha tenido suerte porque Teresa no tenía hijos con su asesino. He conocido a personas que están a cargo de nietos o sobrinos porque las mujeres de su familia están muertas a manos de los hombres con los que tenías a esos pequeños. No me puedo hacer una idea del desconcierto que eso provoca en abuelos o tíos.

Las víctimas directas son las asesinadas pero luego estamos el resto. Han matado a mi hija y voy a ser víctima el resto de mi vida. ¿Qué pasa conmigo? ¿qué pasa con mi marido?

P: ¿No ha sentido respaldo en ningún momento tras el crimen?
R: Claro que sí. Una cosa no quita de la otra. He estado muy apoyada por gente increíble. Personas que conocía y otras que he ido conociendo por el camino. Son muchos los que me han respaldado porque querían a Teresa o porque creen en esta lucha que capitaneamos contra el machismo.

P: ¿Cuál es el siguiente paso que le gustaría dar?
R: Me encantaría formar una asociación de víctimas de la violencia machista. Una red de apoyo para darnos la mano unos a otros y, de alguna manera, hacernos más llevadero el mal trago. Un grupo que, además, sirviese para concienciar a toda España. No podemos dividirnos.

En su momento, España acabó con ETA porque todos los partidos y la gente de la calle remaron en la misma dirección. Ahora tenemos que hacerlo igual. La violencia machista parece un gigante invencible pero podremos con ella. Solo necesitamos más apoyo. Todos unidos contra el mismo enemigo.

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