Se titula 'Un piano entre libros' y reúne cerca de una treintena de piezas que recorren más de seis décadas de música española
Esencia
Crítica cultural de Ágreda, como cada lunes, en TRIBUNA
Dos viejos amigos que hacen años que no se ven se reencuentran después de muchos años. Juan Echanove es Pierre, un profesor universitario de Literatura, mientras que Joaquín Climent, es Cecil, un escritor de libros de éxito. Se cruzan en un restaurante donde Cecil ha ido para entrevistar al misterioso escritor de culto, Balthazar Cromm, al que nadie ha visto jamás y comienza el misterio.
Es bueno que Esencia contenga un secreto. Un secreto que el espectador tiene que descubrir po sí mismo. Un misterio que se esconde detrás del lenguaje. ¿Es igual Canadá que Madrid? Seguir los pasos de Balthazar Cromm encierra sus peligros. Hay que tener cuidado con las apariencias y no dejarse embaucar por ellas. Echanove (Pierre) y Climent (Cecil) esconden en sus personajes subterfugios, mentiras a medias, omisiones de la memoria que el lenguaje es incapaz de abordar.
La puesta en escena propuesta por Eduardo Vasco, es sobria, estos dos actorazos necesitan poco para invitar al público a que piense por sí mismo y se olvide de las redes sociales y de los falsos periodistas. El público asiste perplejo (a veces) al instante en que se descifra la personalidad y la persona de Cromm. Cuando está a punto de desenmascararle se escapa como Cary Grant en la película Atrapa un ladrón por los tejados del Teatro Calderón.
Esencia es una obra misteriosa que exige al respetable dotes de adivino. Tiene que adivinar lo oculto y lo visible y de juzgar el todo por la parte. Lo que tiene más sentido de esta obra es lo que no aparece en escena, lo oculto. Descubrir el secreto de Cromm tiene su coste.
Cecil, muchas veces tira la toalla porque cree que Pierre le está tomando el pelo. Alcanzar a comprender lo que está pasando en las tablas resulta para el espectador un reto, una experiencia extraordinaria. Durante los noventa minutos que dura la obra, el espectador tiene la oportunidad de ver el mundo desde perspectivas diferentes. El lenguaje no es capaz de hacer comprensible la verdad del misterio, de exponer con claridad concepto e ideas, ni de esclarecer todas las preguntas que se va haciendo el público.
Esencia, escrita por Ignacio García May, incita al espectador a ponerse a prueba. A poner a prueba su intelecto, su razón y su imaginación. Todo está en la mente de Echanove y de Climent. Mi admiración por estos dos actores no puede ser mayor. Por lo tanto, todo está en la mente del espectador. Y en efecto, esta experiencia teatral da auténtico sentido al teatro.
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