Tiene monitorizados a todos sus miembros, saben dónde están y dónde se mueven. Los agentes califican como "un hecho puntual" lo que ha pasado en La Rondilla
Así interviene la Policía Nacional en los grupos juveniles violentos que actúan en Valladolid
Tiene monitorizados a todos sus miembros, saben dónde están y dónde se mueven. Los agentes califican como "un hecho puntual" lo que ha pasado en La Rondilla
El presunto asesinato de un joven en el barrio de La Rondilla, tras recibir tres puñaladas en la calle Democracia, ha vuelto a situar en el foco a los grupos juveniles violentos que operan en Valladolid. En una entrevista concedida a TRIBUNA, la Policía Nacional reconoce la existencia de estos grupos (2, con compañías afines) en la ciudad, pero descarta que se trate de estructuras de crimen organizado vinculadas a Latinoamérica y lanza un mensaje de "tranquilidad" a la ciudadanía.
"Cualquier hecho violento que ocurra en Valladolid nos genera preocupación, pero la respuesta policial ha sido inmediata y contundente", subrayan la comisaria jefa de la Brigada de Información y el jefe del equipo EVO (Extremismo Violento). "Tenemos monitorizados a todos estos jóvenes y, si se mueven para cometer hechos de este tipo, vamos a estar detrás de ellos y los vamos a detener", añaden
Un fenómeno "de imitación" sin ser un crimen organizado
En la capital vallisoletana, en la actualidad, operan dos grupos (Trinitarios y Dominican Don't Play) que utilizan "nombres y simbología asociados históricamente a organizaciones surgidas en países como Estados Unidos". Aun así, la Policía insiste en que en Valladolid no existe una estructura jerarquizada ni conexiones directas con organizaciones internacionales.
"El fenómeno es innegable, pero no responde al ideario colectivo de crimen organizado procedente de Latinoamérica. Eso está descartado", recalcan. Lo que se observa en la ciudad es un fenómeno "reciente" de grupos juveniles violentos de imitación que adoptan esa simbología para ganar notoriedad y respeto en la calle.
La violencia, añaden, se circunscribe fundamentalmente a enfrentamientos entre ellos. "Son violentos entre sí, no con el resto de jóvenes de Valladolid. Las reyertas se producen en su ámbito. Hoy uno es agresor y mañana puede ser la víctima", explican.
Sin estigmas por apariencia o nacionalidad
La Policía rechaza que el problema pueda simplificarse en términos de nacionalidad, sexo o apariencia. "Estigmatizar por el aspecto no tiene sentido, como tampoco decir que el problema radica en la nacionalidad. Es absurdo. Son grupos compuestos por jóvenes nacidos en diversos países", aseguran.
En este sentido, advierten del riesgo de utilizar términos como "bandas latinas", que -a su juicio- contribuyen a generar alarma social y a distorsionar la realidad. "La sociedad vallisoletana cree que hay más de lo que hay, y nada más lejos de la realidad", recalcan, apuntando también a la responsabilidad de algunos enfoques mediáticos que amplifican el fenómeno.

Una de las personas que atendieron a TRIBUNA en la Jefatura Superior de Policía Nacional de Castilla y León ubicada en la calle Felipe II. Alejandro de Grado.
Captación, carencias y radicalización exprés
Más allá de la respuesta policial, los agentes ponen el acento en el origen del problema. La captación no es acumulativa -"salen unos y entran otros"- y se dirige, especialmente, a menores con carencias afectivas, sociales o familiares.
"El sentirse reconocido, tener un grupo de referencia, comprender tu identidad... Cuando esas necesidades no están cubiertas por la familia o el entorno, pasan a estar cubiertas por otro tipo de personas", señalan. Si fallan la familia, el colegio, la convivencia y los amigos, "el último eslabón somos nosotros -la Policía Nacional-, y nos encontramos con un problema ya generado".
La radicalización, advierten, puede producirse en apenas uno o dos meses. El peso de las redes sociales es determinante. "El adolescente tiene hoy dos mundos, el físico y el virtual, y el virtual ya se ha comido al otro. El bombardeo es continuo", explican. En ese entorno digital se comparten "agresiones grabadas, humillaciones y contenidos violentos que glorifican lo que consideran actos de valentía".
"Ellos se autoradicalizan y autodoctrinan con lo que ven. A cambio, les ofrecen éxito, fama e, incluso, dinero", añaden. El sentimiento de pertenencia y el orgullo de formar parte de algo refuerzan esa identidad de grupo, siempre con la existencia de un "enemigo", en este caso el otro grupo existente.
Más menores y labor preventiva
La Policía detecta un aumento de menores de edad en estos grupos, especialmente jóvenes que están cerca de cumplir los 18 años, que aún son "inconscientes y manipulables". Muchos, afortunadamente, abandonan el 'barco' al alcanzar la mayoría de edad y tomar conciencia de las posibles consecuencias penales.
En cualquier caso, la actuación policial combina investigación y prevención. Los agentes de Seguridad Ciudadana desempeñan un papel clave en la detección de movimientos y dinámicas en la calle, aportando información que permite actuar con rapidez ante cualquier delito. "Si sucede algún hecho delictivo, sabemos quién ha sido y dónde encontrarlo", afirman.
No obstante, recuerdan que no es posible "poner un policía en cada esquina" ni detener a alguien por un delito que aún no ha cometido. La clave, insisten, está en intervenir en el origen.
Llamamiento a padres y colegios
La comisaria jefa de la Brigada de Información de la Policía Nacional y el jefe del equipo EVO proponen campañas de sensibilización específicas para alertar sobre cambios de conducta en los menores: alteraciones bruscas en la forma de vestir o hablar, bajada radical de las notas, agresividad en casa e incumplimiento de normas básicas, entre otros factores.
"Es una labor fundamentalmente parental. Los padres deben saber con quién se relaciona su hijo y dónde va cuando sale", remarcan. En este sentido, los centros educativos también deben desempeñar un papel activo, con apoyo institucional para canalizar las necesidades detectadas.
Es más, y en relación con el suceso de La Rondilla, la Policía insiste en que se trata de un caso puntual dentro de un fenómeno acotado y que la respuesta fue "rápida y contundente". Por esa razón, la conclusión es meridianemente clara: vigilancia constante, actuación firme ante el delito y, sobre todo, prevención temprana para evitar que nuevos menores se vean atraídos por una violencia que, en la mayoría de los casos, se alimenta más de carencias y redes sociales que de estructuras criminales organizadas. A eso se suma la labor de los medios de comunicación, la cual critican porque, "a veces, no se dedican a informar, sino a alertar a la ciudadanía contando una realidad paralela, una muy diferente".
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