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Lluvia y frío: un repaso a los inviernos más lluviosos de Valladolid
La provincia afronta jornadas de precipitaciones que podrían superar los registros habituales y rememora episodios históricos de invierno cargados de agua
La provincia de Valladolid se prepara para una semana marcada por la lluvia intensa y persistente. Según los pronósticos de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET), desde este martes hasta el próximo sábado se esperan precipitaciones generalizadas que podrían acumular entre 30 y 50 litros por metro cuadrado en algunos puntos del territorio, con intervalos de viento moderado y temperaturas propias de la temporada invernal.
Este temporal invita a recordar algunos de los inviernos más lluviosos que han dejado huella en la memoria de la ciudad y la provincia. Entre ellos destaca el invierno de 1982-1983, que según los registros históricos de la AEMET, registró más de 1.000 litros por metro cuadrado a lo largo de la temporada, convirtiéndose en uno de los periodos más húmedos de las últimas décadas. Las calles de Valladolid quedaron anegadas en varias ocasiones, y numerosos cultivos agrícolas sufrieron daños significativos.
Otro invierno especialmente lluvioso fue el de 1997-1998, cuando la precipitación acumulada superó la media anual en apenas tres meses, provocando inundaciones localizadas en el Valle del Pisuerga y el Esgueva, así como interrupciones en las carreteras comarcales. Los vallisoletanos recuerdan aquel invierno por el contraste entre las tardes grises y la intensa actividad cultural en interiores, con teatros y museos como refugio frente a la lluvia constante.
Según José Luis Martínez, meteorólogo y colaborador habitual de medios locales, la situación de esta semana responde a un frente atlántico que arrastra aire húmedo desde el norte de España, una dinámica que se ha vuelto más frecuente en los últimos años. "Si bien no se esperan registros históricos como los de los 80 o los 90, sí se trata de un episodio significativo que obliga a extremar precauciones en carreteras y zonas agrícolas", advierte Martínez.
Los expertos recuerdan que los inviernos lluviosos tienen también un impacto positivo en los acuíferos y embalses de la provincia, fundamentales para garantizar el abastecimiento durante el verano. No obstante, el aumento de precipitaciones intensas también eleva el riesgo de inundaciones localizadas, especialmente en barrios urbanos con sistemas de drenaje saturados o en áreas rurales con cultivos sensibles al exceso de agua.
Para los vallisoletanos, la lluvia es un símbolo de invierno, que combina la nostalgia de tardes de paseo bajo paraguas con la precaución ante posibles complicaciones. Como rememoran algunos vecinos de la ciudad, "los inviernos más lluviosos siempre traen historias para contar: charcos que parecían ríos, cancelaciones de fiestas en los pueblos y tardes interminables de café y tertulia en casa".
Con la lluvia prevista, las autoridades municipales han emitido recomendaciones para circular con precaución, mantener limpios los desagües y evitar zonas susceptibles de anegarse. Mientras tanto, Valladolid se prepara para vivir unos días donde, al menos por unos instantes, el cielo gris será protagonista de la ciudad y la provincia.
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