Ocho muertos y una ciudad conmocionada: la tragedia ferroviaria de Valladolid

El accidente en Adamuz reabre el recuerdo de una de las mayores tragedias vividas en la capital vallisoletana, en la estación de Campo Grande hace cuatro décadas

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Ocho muertos y una ciudad conmocionada: la tragedia ferroviaria de Valladolid
La tragedia ferroviaria de Valladolid en 1988.
El autor esMiguel Ángel  Fernández
Miguel Ángel Fernández
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El accidente ferroviario registrado este domingo, 18 de enero, en el municipio cordobés de Adamuz ha vuelto a poner el foco sobre la seguridad en la red ferroviaria española y ha despertado la memoria de otras tragedias que marcaron a distintas ciudades del país. Entre ellas, la que sacudió Valladolid en la madrugada del 3 de marzo de 1988, cuando un choque entre dos trenes expresos en la estación de Campo Grande causó ocho muertos y una treintena de heridos.

Aquel suceso se produjo alrededor de las tres de la mañana, cuando el expreso 860 Costa Vasca, procedente de Madrid y con destino a Bilbao, perdió el control al aproximarse a la estación vallisoletana. El maquinista detectó una anomalía mientras circulaba a unos 75 kilómetros por hora e intentó frenar sin éxito. A poco más de un kilómetro de la entrada a la estación, llegó incluso a cortar el suministro eléctrico de la locomotora, una maniobra extrema que tampoco logró detener el convoy.

Ante la imposibilidad de evitar el impacto, el maquinista saltó de la locomotora instantes antes de que el tren embistiera al expreso 861 Cantabria, que se encontraba estacionado en el andén 1 y cubría el trayecto Madrid-Santander. La colisión se produjo a unos 45 kilómetros por hora y tuvo consecuencias devastadoras: un vagón plataforma cargado de coches, situado en la cola del Cantabria, se incrustó en el coche cama contiguo, causando la muerte de ocho pasajeros, todos ellos viajeros del tren con destino a Santander.

La investigación posterior apuntó a un fallo en el sistema de frenos como causa principal del accidente, aunque también se señaló que no se activó el sistema de emergencia. Meses después, el Juzgado de lo Penal número dos de Valladolid condenó al maquinista y a su ayudante por una falta de imprudencia, imponiéndoles una breve pena de arresto y una multa económica, además de indemnizaciones a las víctimas que acudieron a los tribunales.

Entre los fallecidos se encontraba el consejero de Obras Públicas del Gobierno de Cantabria, Félix Ducasse. Otro alto cargo del Ejecutivo cántabro, Juan Tarín, director general de Agricultura, resultó herido y permaneció atrapado durante horas hasta ser rescatado por los bomberos.

El impacto social del accidente fue enorme en Valladolid, que no vivía una tragedia de tal magnitud desde la explosión del polvorín del Pinar de Antequera en 1940. A primera hora de la mañana, la estación se llenó de autoridades, entre ellas el entonces presidente de la Junta de Castilla y León, José María Aznar, y el presidente de Renfe. El funeral celebrado al día siguiente en la catedral congregó a unas dos mil personas, en una muestra del profundo duelo que vivió la ciudad.

Hoy, casi cuarenta años después, el recuerdo de aquel accidente vuelve a emerger al hilo de la actualidad, como un recordatorio del impacto humano que dejan este tipo de siniestros y de la importancia de mantener la seguridad ferroviaria como una prioridad constante.

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