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El juego de las tabas en Tordesillas
TORDESILLAS, CLAVELES DEL AYER
Ese era el nombre con el que se conocía a este juego al que los infantes, y quienes no lo eran tanto, echaban más de una tarde a las apuestas de dinero, de cigarrillos, de perras gordas o chicas, entre los contrafuertes de San Antolín, al pie mismo del Palacio o en cualquier otro sitio donde se echaban al aire los huesecillos de las ovejas. Así era 'el tabeo', en TORDESILLAS, cuya denominación estuvo vigente hasta la desaparición del mismo juego en el que entretenían las jornadas chicos y grandes.
Y aquí había un personaje inolvidable de esta gestión 'tabera' y este no era otro que Emilio Vega, 'emilito', el hermano de Ricardo que regentaron una pescadería en la calle de Santa María a la que llamaron 'La Perla' hasta que la desgracia de morir ahogado en Osluga una tarde en la que desfilaban los participantes de las diferentes naciones que compitieron en el Campeonato Mundial de Pesca que se celebró en Castronuño, se lo llevó para siempre.
Emilito fue un personaje más que singular conocido en los ambientes del juego de todo tipo y que cuando llegaba la peña, le daba a los bongos como Cándido Camero, el músico cubano, con ritmo y alegría.
Él, como otros, llegó a emplomar el juego del tabeo, incrustando disimuladamente un pedacito de plomo en una de las tabas para que así cayera siempre del mismo lado.
El juego de las tabas consistía en lanzar tres de ellas al aire para que cayeran de 'culo'; de 'carne'; de 'panza' o de 'hoyo' que esas eran las cuatro posiciones posibles. Las apuestas iban a favor de la carne o del culo. Y así, el lanzador decía: '¡Vamos, cabritera, dame una carne sola!'. Los 'adelantos' posteriores llegaron a denominar 'PEREJIL' cuando la taba quedaba en posición vertical.
Hoy en este relieve pétreo de varios niños jugando en la época romana, antes de Cristo, me ha revivido el recuerdo de cuando jugaban, jugábamos, los chiquillos de Tordesillas al tabeo entre los contrafuertes de San Antolín.
Y espero no me den los chicos tordesillanos, hoy hombres hechos y derechos, un pasapuente por ello, más que nada por haberles avivado el recuerdo de la niñez.
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