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Gigantes y Cabezudos, casi ocho décadas haciendo felices a los niños vallisoletanos
Amigables, temidos y divertidos; estas figuras han entretenido a generaciones y se encuentran entre sus recuerdos más queridos
Cuando llegan las Fiestas a Valladolid muchos piensan en los conciertos, las casetas, las atracciones... pero, si hay algo característico de estos días es, sin duda, el desfile de Gigantes y Cabezudos. Más de 75 años llevan animando y siendo un icono de estas fechas.
Hoy relacionados con el ambiente festivo, la tradición surgió, precisamente, con el fin opuesto: el de asustar y aleccionar sobre los peligros de los festejos y los pecados a los que podían conducir las fiestas y el desenfreno, sobre todo durante la Edad Media. Cuesta creerlo, pero su origen fue muy diferente a tal y como lo conocemos hoy en día.
Con el paso del tiempo se han convertido en comparsa obligatoria durante las fiestas y otros muchos eventos de Valladolid. Todos, a excepción de cuatro cabezudos, datan de 1947, aunque se sabe que con anterioridad existieron otras figuras ya perdidas. Son obra del artista fallero Remigio Más, quien contó con un presupuesto de 90.000 pesetas para cumplir con el encargo del Ayuntamiento de Valladolid, según cuenta el propio consistorio.
En Valladolid desfilan cuatro parejas de gigantes y otras cuatro de cabezudos. Los gigantes se corresponden con los cuatro continentes: dos nativos americanos -'Indio' e 'India'-, dos personajes con rasgos asiáticos -'Chino' y 'China'-, otros dos africanos -'Moro' y 'Mora'- y una pareja ataviada con ropajes nobles y corona -'Rey' y 'Reina'-, un guiño a los Reyes Católicos en representación de Europa.
Por cada una de estas llamativas figuras, de hasta cuatro metros y con un peso de entre 38 y 52 kilos, desfilan dos o tres personas que se turnan como porteadores.
Entre los espigados gigantes bailan los cabezudos 'Niño' y 'Niña', que antaño ejercían de 'maceros' durante las fiestas patronales, 'Indio','Chino', 'Pirata', 'Torero', 'Bruja' (o 'Vieja') y 'Bandolero'. Alguna de estas se incorporó al grupo de Gigantes y Cabezudos en los años 80 y aún perduran hasta nuestros días, a pesar de haber sufrido algún que otro accidente como el de Fernando el Católico el otro día.
El toque más cercano con el público lo dan los cabezudos, hace unos años se armaban con cachabas para escarmentar a quien no corriese de ellos. Ahora la cosa es algo diferente, los personajes muestran una cara más amable jugando y bailando con el público a la para que ofrecen caramelos. Menos 'Pirata' y 'Bruja' que acuden con una cachiporra y una escoba para asustar de forma moderada al respetable.
Parte del folklore de Valladolid, generaciones les han temido, se han reído y han disfrutado con ellos. Sin duda una de las cosas más evocadoras y queridas de las fiestas y como no, junto a ellos se puede disfrutar también del tío Tragaldabas y la Tía Melitona que tienen ganas de saciar su apetito con los niños de la ciudad.
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