Los trabajos de la ARMH se centran en la recuperación de más 160 cuerpos
El año 2022 está a punto de cerrarse, pero en el Cementerio del Carmen la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Valladolid continúa trabajando de manera incansable para desenterrar y dar a conocer la historia de todos y cada uno de los represaliados durante la Guerra Civil en Valladolid y provincia.
Sus cuerpos fueron tirados a una fosa común de El Carmen, en la que los dieciséis, según todos los indicios, acaban de ser recuperados por los arqueólogos de la Asociación que ya han exhumado cientos de cuerpos que fueron fusilados por la simple razón de ser contarios a la facción ganadora.
Julio del Olmo y los voluntarios de la Asociación consiguieron identificar los cuerpos del Guardia Civil Salvador Lapuente, el teniente Ángel Egaña Mendivi, así como el médico Emilio Pedrero, así como los trece de Laguna de Duero, con su alcalde a la cabeza.
Ahora ha salido a la luz una de esas historias de las que hacen que a uno se le encoja el corazón. Entre la tierra se encuentra un féretro con un cadáver, el número 44 localizado en la fosa número siete, el cuerpo presenta fracturas causadas por, al menos, tres impactos de bala que astillaron y rompieron el radio de su brazo izquierdo, el hueso temporal del cráneo y la columna vertebral.
Mirando más detenidamente, en el interior de lo que aparente parece una chaqueta se encuentra una fotografía, casi un espejismo, desdibujada. Sobre cristal, en una emulsión de plata y gelatina, grabada y todavía reconocible la imagen de dos niños cogidos de la mano; parece un niño y una niña. Seguramente sus hijos fueran los que aparecieran en esta imagen, un último recuerdo que pueda que mirara antes de recibir el fatal disparo que le condenó a ser tirado en una fosa.
"Rotos sus huesos, quebrantada su vida que cae al suelo, el fino cristal aguanta y no se rompe. Y 85 años después sigue acompañando en la soledad de la tierra a quien seguramente era su padre", comenta la ARMH en una publicación en redes sociales.
Ahondando más este trágico suceso del Olmo asegura que todos los indicios apuntan a que podría tratarse del sindicalista de UGT, Julio López Blanco, que fue fusilado en las graveras de San Isidro el 25 de mayo de 1937 acusado, junto a doce compañeros de infortunio, de un delito de rebelión tras perpetrar un supuesto motín para escapar de la cárcel de Las Cocheras.
El tiempo ha hecho que perdieran los rostros de estos huérfanos para siempre, pero su historia ha vuelto a emerger ahora para recordar lo ocurrido en esa página negra de la historia de España entre 1936 y 1939. Ojalá en un futuro se pueda poner cara a este hombre y sus hijos, que tuvieron que crecer sin su padre.
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