Valquiria Teatro

Alba Frechilla y María Negro, componentes de Valquiria Teatro.

Alba Frechilla y María Negro están sentadas en la mesa del Café Teatro Zorrilla, desde aquí se divisa toda la Plaza Mayor de Valladolid. Afuera el cielo ha oscurecido y amenaza tormenta. Alba viste de verde y María de negro. Nada riguroso. Están contentas, todavía con los confetis de la fiesta de Tribuna en la cabeza.

María Negro y Alba Frechilla son conscientes de que el ser humano vive en un desdoblamiento interior continuo. Saben que cada una de sus miradas actúa y vive, mientras que la otra contempla el paso por los escenarios, el sentir y sus vivencias. Actrices y espectadoras al mismo tiempo bajo su mirada socarrona o ilusionada al mismo tiempo.

 

Se podría afirmar que cada vez que vemos actuar a Valquiria Teatro, la zona del circuito de recompensa segrega endocannabinoides, un cóctel químico de neurotransmisores, que genera placer. La satisfacción provocada se asemeja, se asimila a la que sentimos cuando besamos a apretujamos a la persona que quieres. Y por supuesto no tiene efectos secundarios.

 

Decía Cristopher Walker que siempre había sentido una extraña conexión entre lo que nos hace reír y lo que nos espanta, y muchas veces descubro que es la misma cosa. Porque la gente es... la gente somos… un misterio. Es una característica de Valquiria Teatro descubrir al espectador que detrás de lo obvio, siempre se esconde otra cosa. Por eso el teatro es una enorme máquina dedicada a comprender el mundo. Que el teatro alarga la realidad, nadie lo discute. Cualquiera que haya asistido a un espectáculo de Valquiria ha podido comprobar que lleva un trabajo minucioso alejado de lo obvio. Necesitamos retirarnos de la inmediatez para que lo vivido, lo visto y leído se convierta en algo manipulable y no lineal, susceptible de ser representado de otra manera, como si de repente nos convirtiéramos en diosas capaces de recomponer las cosas a nuestro gusto.

 

Valquiria Teatro cuida sus textos y sus actuaciones como “suele cuidarse a los niños que no tiene probabilidades de sobrevivir” y el espectador siente, nota un rubor que sube de los pies a la cabeza porque todo lo que se hace con pasión se ve con gran interés.

 

El arte es de una inutilidad imprescindible, pero nadie duda de que te abre a otros mundos y enriquece el conocimiento. Lo que proponen María y Alba es correr el velo y tener acceso a esos otros mundos.

 

La energía iluminó la fiesta por los 5 años de Tribuna y lo convirtió en un momento mágico e inolvidable que inundó el fugaz presente de todos los allí convocados.

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