María del Mar, una vallisoletana con un viaje cancelado a Etiopía: "La gente se olvida de que está medio mundo a tiros"
La propietaria de la agencia Gran Bahía tuvo que suspender un viaje al norte del país por el regreso de la guerra y reclama más atención para los conflictos olvidados de África
Un viaje preparado durante meses, varios aeropuertos cerrados y una guerra que vuelve a golpear a una población que todavía arrastra las heridas del anterior conflicto. Es la situación que ha llevado a María del Mar Díaz Fernández, propietaria de la agencia de viajes vallisoletana Gran Bahía, a cancelar el viaje que tenía previsto realizar con un grupo a Etiopía.
El conflicto ha vuelto a escalar en el norte del país después de que grupos armados vinculados al Tigray reanudaran los combates contra las fuerzas del Gobierno federal. La ofensiva ha afectado a las regiones de Tigray, Afar y Amhara y ha elevado de nuevo el riesgo de una guerra civil apenas cuatro años después del final de la anterior, que dejó cientos de miles de muertos.
Para María del Mar, la noticia tiene además una dimensión personal. Ella ya había estado en Etiopía hace cuatro años, cuando el país intentaba dejar atrás aquella guerra. Ahora tenía previsto regresar acompañada de un grupo de profesionales del sector turístico con el que suele viajar al menos una vez al año.
"No solo vamos a ver monumentos. Nos gusta mezclarnos con la población", explica. Esa forma de viajar, alejada del turismo convencional, es precisamente la que hace que la situación actual le resulte especialmente dolorosa.
"Ya estuvimos hace cuatro años en Etiopía, cuando se habían retirado las guerrillas del Tigray. En Lalibela estaba la gente en la miseria total. Las guerrillas llegan y arrasan con todo lo que ven a su paso", recuerda.

Un viaje entre volcanes, iglesias y la depresión del Danakil
El itinerario que finalmente no podrá realizarse combinaba cultura, aventura y naturaleza. El grupo tenía previsto recorrer el norte del país, entrar por uno de los aeropuertos de la zona y salir por otro, antes de visitar algunos de los lugares más emblemáticos de la región.
Entre ellos estaban Axum, las iglesias excavadas en la roca y la depresión del Danakil, además del volcán Erta Ale. Parte del grupo continuaría después hacia el sur para conocer distintas comunidades y tribus de la zona.

Pero el regreso de la violencia ha obligado a cambiar los planes. "Los aeropuertos están cerrados, están pegando tiros y hay muertos. No sabemos ahora muy bien qué va a pasar porque tampoco hay mucha información", cuenta María del Mar.
La situación ha empeorado desde finales de septiembre. Siete grupos rebeldes del norte declararon la llamada "guerra total" al Gobierno federal y los enfrentamientos se extendieron por varias zonas. La ONU ha alertado además del desplazamiento de población y del deterioro de la situación humanitaria.
El conflicto también ha reavivado las tensiones con Eritrea. Etiopía acusa al país vecino de apoyar a los grupos rebeldes, mientras Asmara rechaza esas acusaciones. La escalada llevó a ambos países a romper sus relaciones diplomáticas a comienzos de octubre.
"Muchísima pena"
La cancelación no es solo la pérdida de unas vacaciones. Para quienes formaban parte del grupo, el viaje tenía un componente emocional. María del Mar explica que algunos de sus compañeros tenían previsto desplazarse también al sur para recordar a Tony, un guía y operador turístico español fallecido en la región. Parte de sus cenizas permanece en una comunidad con la que había establecido una relación especialmente estrecha.
"Él cuando iba allí dormía con ellos, no se iba a un hotel. Cuando nosotros estuvimos con él hace cuatro años le querían muchísimo", relata. El homenaje era, por tanto, uno de los motivos que convertían este viaje en algo diferente. "Iban a ver dónde estaba la tumba con esa parte de las cenizas que hay allí. Era muy emotivo también por ese tema", explica.

Finalmente, el grupo ha tenido que renunciar al recorrido. "Al haber estado allí ya, nos da muchísima pena", reconoce. Y detrás de esa decepción aparece también el recuerdo de la anterior guerra: "Se habla de 600.000 muertos. No hay datos oficiales al cien por cien, pero se habla de esa cifra y la población, cuando nosotros fuimos a Lalibela, estaba muy, muy tocada".
"Lo de Etiopía no lo sabe nadie"
Hay otra cuestión que preocupa especialmente a esta vallisoletana: la escasa atención que, a su juicio, recibe el conflicto fuera de África. "Lo que más me duele de verdad es cómo se pone el panorama en esos sitios. Pobre gente y que estemos así en el siglo XXI", lamenta.
María del Mar considera que la sucesión de crisis internacionales termina desplazando de la agenda a conflictos que continúan provocando sufrimiento. "Hay guerras por todas partes, pero la gente se olvida de ellas. Ya nadie se acuerda ni de Ucrania, ni de Siria, ni de Palestina. Como salen otras noticias, la gente se olvida y está medio mundo a tiros".
Y pone como ejemplo precisamente Etiopía: "Lo de Etiopía no lo sabe nadie. Yo, de mis amigos, ni uno tenía ni idea". La situación del continente africano le preocupa especialmente. Habla de corrupción, desigualdad y de una generación joven que, según ha comprobado en sus viajes, está cada vez más informada y conectada.

"La gente joven está muy harta en África", asegura. "Ya no es como antes, que se encerraban en la tribu y no sabían lo que había fuera. Ahora tienen redes sociales y saben lo que hay por ahí".
También cuestiona la idea de que quienes viven en esos países quieran necesariamente abandonarlos. "Con la gente que he hablado allí, la gente no quiere irse de sus países. La gente quiere trabajar en sus países, pero muchas veces, con la corrupción que hay, no les queda otra".
Más allá de un gesto puntual
María del Mar también ha intentado aportar su granito de arena en algunos de sus viajes. Cuenta que, en una ocasión, viajó a La Habana con su hija llevando medicamentos y productos de higiene para algunas familias. Pero reconoce que ese tipo de ayuda tiene un alcance limitado. "Estás ayudando a unas familias puntualmente, pero eso les va a durar una semana. Eso no es una ayuda real", reflexiona.
A su juicio, quienes quieran colaborar con poblaciones afectadas por situaciones de extrema necesidad deberían recurrir a organizaciones especializadas capaces de mantener una asistencia continuada. Y pone el foco también en la responsabilidad de los gobiernos y en la necesidad de que las poblaciones puedan desarrollar su propia economía y acceder a unas condiciones de vida dignas.

Viajar también es aprender a respetar
Su experiencia como viajera y profesional del sector turístico le lleva finalmente a otra reflexión: la responsabilidad de quienes visitan estos destinos. "Cuando la gente viaje, que tenga un respeto por los sitios donde viaja y por la gente de esos países", reclama.
Una de las situaciones que más le incomodan es la manera en la que algunos turistas fotografían a las personas que encuentran durante sus recorridos. "A veces vamos y te pones a hacer fotos a la gente sin pedir permiso, como si fueran monos de feria. A nosotros no nos gustaría que vinieran de otras culturas a hacernos fotos".
Ese respeto, sostiene, también debe aplicarse al entorno. "En la naturaleza no ir por ahí tirando las toallitas, los vasos del café... Tener un poquito más de respeto todos con todo. Con las personas, lo primero, y luego con la naturaleza también".
Por ahora, el viaje a Etiopía queda aparcado. El itinerario tendrá que esperar a que la situación permita regresar al norte del país con garantías. Para María del Mar, sin embargo, lo ocurrido deja una certeza que va más allá de un viaje cancelado: detrás de cada destino turístico hay personas que continúan intentando vivir en medio de conflictos que, demasiado a menudo, dejan de ocupar titulares mucho antes de que termine su sufrimiento.









