El día que Valladolid miró al cielo: el supuesto ovni que paralizó la ciudad en 1965

Miles de vallisoletanos contemplaron durante horas un enorme objeto triangular sobre la ciudad el 16 de septiembre de 1965; un piloto se acercó hasta él y un dominico lo observó con telescopio

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El día que Valladolid miró al cielo: el supuesto ovni que paralizó la ciudad en 1965
El día que Valladolid miró al cielo: el supuesto ovni que paralizó la ciudad en 1965.
El autor esMiguel Ángel  Fernández
Miguel Ángel Fernández
Lectura estimada: 6 min.

Valladolid estaba de fiesta aquel jueves, 16 de septiembre de 1965. Las celebraciones de San Mateo llenaban las calles y la ciudad vivía una de esas tardes en las que la atención estaba puesta en el programa festivo. Pero, durante unas horas, algo consiguió que buena parte de los vallisoletanos olvidara lo que ocurría en tierra y levantara la mirada hacia el cielo.

Sobre la ciudad había aparecido un objeto luminoso de grandes dimensiones. Quienes lo observaron hablaban de una silueta triangular, blanquecina o plateada, que parecía permanecer prácticamente inmóvil y que oscilaba lentamente. No era un destello fugaz ni algo que desapareciera en cuestión de segundos: el fenómeno permaneció visible durante horas y pudo contemplarse desde distintos puntos de Valladolid y de provincias próximas.

Al día siguiente, El Norte de Castilla llevó el episodio a su portada. La noticia recogía las numerosas llamadas recibidas en la redacción de lectores que querían saber qué habían visto sobre sus cabezas. El periódico hablaba de un objeto cuyo origen no había podido ser identificado y relataba cómo vecinos se habían lanzado a calles, balcones y terrazas para seguir su evolución.

La historia acabaría convirtiéndose en uno de los episodios más conocidos de la ufología española. Pero detrás de la etiqueta de 'ovni', objeto volador no identificad, hay una historia mucho más terrenal: la de una ciudad que miró al firmamento, un piloto que intentó aproximarse, un sacerdote que apuntó un telescopio hacia el extraño cuerpo y varias hipótesis que, seis décadas después, siguen formando parte del relato.

Un triángulo sobre el Pisuerga

Las reconstrucciones posteriores sitúan el comienzo del avistamiento en torno a las cuatro de la tarde, aunque los testimonios conservados presentan diferencias horarias. Algunas fuentes sitúan el fenómeno más avanzado en la tarde, alrededor de las 17:30. Lo que sí coincide en las distintas versiones es su extraordinaria duración.

El objeto parecía encontrarse a gran altura y presentaba una forma que sorprendió especialmente a quienes pudieron observarlo con instrumentos ópticos. En relatos posteriores se habla de una estructura triangular, de aspecto metálico, con una especie de cúpula o protuberancia central y pequeñas extensiones en los extremos.

La noticia no quedó restringida a Valladolid. También se recogieron observaciones desde localidades como Tudela de Duero y Boecillo y desde otros puntos de Castilla. Una estimación publicada entonces por la revista Semana llegó a cifrar en unas 300.000 las personas que pudieron haber contemplado el fenómeno en distintos lugares. Esa cifra debe entenderse como una estimación periodística de la época, no como un recuento de testigos.

El piloto que decidió acercarse

Uno de los elementos que más ha alimentado la leyenda fue la aparición de un testigo especialmente cualificado: Heliodoro Carrión, piloto de aviación civil.

Según el relato recogido posteriormente por diferentes investigadores, Carrión se encontraba sobrevolando la zona de Tordesillas cuando recibió por radio información procedente del entorno de Villanubla sobre la presencia de un artefacto brillante y triangular. El piloto decidió dirigirse hacia el punto señalado.

Su descripción coincidía en lo esencial con la de los testigos que permanecían en tierra. Carrión aseguró haber visto un objeto "blanquecino", que parecía oscilar lentamente y girar sobre sí mismo. También relató que pudo compararlo visualmente con un avión de línea que pasó cerca y que, según su apreciación, el extraño objeto tenía una envergadura varias veces superior.

El episodio adquiría así una dimensión especialmente llamativa: ya no se trataba únicamente de cientos de personas mirando hacia un punto brillante del cielo, sino también del testimonio de un profesional de la aviación que afirmaba haberse aproximado al objeto.

El sacerdote que puso un telescopio hacia el cielo

En el colegio de Arcas Reales apareció otro protagonista fundamental de la historia: el padre Antonio Felices, dominico y profesor con conocimientos de física y astronomía.

Avisado de la presencia del objeto, Felices acudió al laboratorio y montó un telescopio de cuatro pulgadas. Su carta al padre Severino Machado, fechada en Valladolid el 18 de septiembre, apenas dos días después del avistamiento, se convertiría con el tiempo en uno de los documentos más citados del caso.

A través del telescopio, Felices aseguró haber visto algo muy diferente a un simple punto luminoso. En su descripción hablaba de un enorme aparato triangular, con una estructura central alargada y una especie de aletas en los extremos. También afirmó que el objeto parecía balancearse lentamente.

El dominico llegó a estimar unas dimensiones extraordinarias y realizó un dibujo del objeto a partir de lo que había observado. Su testimonio sería recuperado años después por publicaciones especializadas y por programas dedicados al fenómeno ovni.

La carta resulta especialmente interesante por otro motivo. Felices aseguraba que el objeto permaneció en el cielo hasta aproximadamente las 20:05 horas, momento en el que comenzó a ganar altura y terminó desapareciendo.

¿Una nave desconocida o algo mucho más terrestre?

La palabra 'ovni' no significa necesariamente 'nave extraterrestre'. En su sentido original describe simplemente un objeto volador cuya identidad no ha sido determinada. Y precisamente ahí estuvo el verdadero misterio de Valladolid.

La prensa de la época buscó explicaciones prácticamente desde el primer momento. El Norte de Castilla planteó posibilidades como un satélite artificial desconocido o un globo sonda de grandes dimensiones. También consultó al meteorólogo Vicente Oliver Narbona, que apuntó a una posibilidad mucho menos espectacular: una pequeña 'nube madre perla', un tipo de formación estratosférica capaz de presentar reflejos brillantes.

Con el paso de los años, sin embargo, ganó peso la hipótesis del globo estratosférico. Una investigación posterior relacionó el episodio con un globo científico francés lanzado desde las instalaciones del Centro Nacional de Estudios Espaciales en Aire-sur-l'Adour. El centro francés estaba dedicado precisamente al lanzamiento de globos estratosféricos para experimentos científicos y ya funcionaba desde 1964.

Según esta teoría, el globo habría recorrido la Península empujado por los vientos de las capas altas de la atmósfera. La investigación señala además que unos días después fue localizado en Almería un globo con instrucciones en francés y referencias a una operación científica denominada 'Nimbus 91'.

Hay, no obstante, un problema que obliga a mantener la prudencia: las fuentes disponibles no son completamente coincidentes sobre la identificación y las fechas exactas del lanzamiento. Una relación histórica de vuelos desde Aire-sur-l'Adour sitúa un lanzamiento con cámara de chispas el 17 de septiembre de 1965, mientras que la investigación que vincula el episodio de Valladolid con el globo 'Nimbus 91' habla de un lanzamiento el día 15.

Por eso, la explicación del globo puede presentarse como una hipótesis razonable y documentada, pero no como una prueba definitiva de qué contemplaron los vallisoletanos.

El misterio que sobrevivió a 1965

Lo curioso del caso es que el tiempo no consiguió borrar la historia. Al contrario. El avistamiento fue recuperado durante décadas por publicaciones especializadas, investigadores de la ufología y programas de televisión.

En 1978, el programa Más allá, presentado por Fernando Jiménez del Oso, dedicó uno de sus espacios a los ovnis vistos en España precisamente al caso de Valladolid de septiembre de 1965, con varios testimonios como eje del programa.

También la revista británica Flying Saucer Review se hizo eco del episodio y reprodujo referencias al objeto observado por el padre Felices, incluyendo la información atribuida a instrumentos del aeródromo de Villanubla.

Así, aquel punto brillante terminó convertido en una pequeña pieza de la memoria popular de Valladolid. La imagen que ha quedado es casi cinematográfica: una tarde de fiestas, una ciudad mirando hacia arriba, balcones llenos de curiosos, un piloto desviando su rumbo para aproximarse al objeto y un sacerdote colocando un telescopio en el patio de un colegio para intentar averiguar qué estaba viendo.

Quizá fue un globo científico francés reflejando los últimos rayos del sol. Quizá otra explicación meteorológica o astronómica. O quizá algún día aparezca un documento que permita cerrar definitivamente el episodio.

Lo que sí pertenece a la historia de Valladolid no es haber demostrado que una nave extraterrestre sobrevoló la ciudad, algo que las fuentes disponibles no permiten afirmar. Lo verdaderamente documentado es que, durante varias horas del 16 de septiembre de 1965, miles de personas creyeron estar contemplando algo que no sabían identificar. Y durante aquella tarde, en una ciudad que celebraba sus fiestas, el cielo se convirtió en el espectáculo principal.

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