Miles de personas acompañan a la patrona de la ciudad durante una procesión marcada por la tradición, la devoción y la emoción en las calles del centro
Argüello reclama unas fiestas que vayan "más allá de la diversión" y llama a recuperar el "compromiso" ciudadano
El arzobispo de Valladolid aprovecha la festividad de la Virgen de San Lorenzo para alertar sobre la crisis demográfica, las dificultades de los jóvenes para emanciparse y el problema de acceso a la vivienda
El arzobispo de Valladolid, Luis Argüello, ha aprovechado la celebración de la festividad de Nuestra Señora de San Lorenzo, patrona de la ciudad, para lanzar un mensaje de reflexión sobre el sentido de las fiestas y sobre algunos de los principales retos que afronta la sociedad. Durante su homilía, reclamó recuperar una celebración que permita poner el foco en "lo esencial" y en aquello que une a los ciudadanos, frente a una concepción limitada a la "diversión organizada".
Para Argüello, una fiesta no debe ser únicamente un paréntesis de ocio, sino una oportunidad para reforzar los vínculos y recordar las raíces compartidas. En este sentido, defendió que "la fiesta auténtica no es evasión, sino afirmación de nuestro ser y estar en el mundo" y reivindicó una alegría capaz de convivir incluso con las dificultades, al considerar que la celebración cristiana se sustenta en una comunidad que "nos precede y nos sostiene".
El arzobispo vinculó esta reflexión con la figura de María y con el nacimiento de Jesús, antes de avanzar hacia una lectura de la realidad social actual. También recordó que la próxima Asamblea Diocesana de Valladolid tendrá como lema 'Sal y anuncia la alegría, en comunión', con el propósito de movilizar a la comunidad y trasladar a la sociedad mensajes de fraternidad, verdad, justicia y paz.
Una sociedad marcada por la "desesperanza"
Uno de los principales ejes de la homilía fue el diagnóstico que Argüello realizó sobre la sociedad actual. El arzobispo habló de un escenario dominado por "quejas y lamentos" y por las críticas entre unos y otros, pero especialmente por una "impotencia que deja entrever la desesperanza".
En este contexto, puso especial atención en los jóvenes y en las dificultades que encuentran para dar el paso hacia la vida adulta. Argüello cuestionó algunos análisis que apuntan a una generación que "no quiere convertirse en adulta", pero rechazó realizar generalizaciones y apuntó también a la responsabilidad de quienes les han precedido.
"Tal vez, tengamos que reconocer que no hemos sido buenos maestros", afirmó, al plantear si los adultos están ofreciendo a las nuevas generaciones motivos suficientes para asumir responsabilidades, formar una familia o comprometerse con la sociedad.
El arzobispo relacionó esta cuestión con la crisis demográfica y el envejecimiento de la población, un fenómeno que calificó de "crónico" y que, a su juicio, parece "irremediable". Frente a este panorama, reclamó una reflexión colectiva que permita identificar las causas y aprovechar las capacidades de la sociedad para buscar soluciones.
"Hay quejas y lamentos, pero también impotencia"
La falta de compromiso ciudadano fue otro de los asuntos abordados durante la homilía. Argüello diferenció entre quienes reclaman derechos sin asumir obligaciones y aquellos ciudadanos que encuentran dificultades para sentirse plenamente integrados en las ciudades.
En este punto, hizo especial referencia al acceso a la vivienda, uno de los problemas que afectan especialmente a quienes buscan iniciar un proyecto de vida. El arzobispo denunció las barreras económicas y sociales que pueden encontrarse quienes buscan un hogar y lamentó que, en algunos casos, existan viviendas que permanecen vacías mientras otras personas no encuentran una solución habitacional.
Su reflexión se extendió también a la situación internacional. Argüello afirmó que "el momento que vive la humanidad es dramático", en referencia a los conflictos bélicos, las guerras híbridas, los desastres naturales y las desigualdades existentes en distintas partes del mundo.
Frente a este escenario, defendió precisamente el valor de las celebraciones como espacios para recuperar la perspectiva, reforzar los vínculos y concentrar los esfuerzos colectivos "en lo esencial".
La homilía concluyó con una reivindicación de la figura de María como símbolo de esperanza y con una petición a la Virgen de San Lorenzo para que acompañe los trabajos de la Asamblea Diocesana. Argüello animó finalmente a los fieles a "salir unidos" para transmitir mediante sus palabras y sus obras una alegría que, según sostuvo, debe servir para transformar la sociedad y mantener viva la esperanza incluso en momentos de dificultad.
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