Los Daza, la familia que viajó de Bolivia a Valladolid con la música como hilo conductor

Nelson y Guillermo Daza han crecido entre mesas de mezclas, jornadas interminables y negocios familiares. Ambos han convertido una afición heredada en una profesión y en un proyecto empresarial que mira hacia las bodas, los grandes eventos y la inteligencia artificial

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Los Daza, la familia que viajó de Bolivia a Valladolid con la música como hilo conductor
Guille y Nelson Daza señalan una foto de los cinco hermanos en un evento. Sergio Borja.
El autor esAlejandro De Grado Viña
Alejandro De Grado Viña
Lectura estimada: 7 min.

Hay historias que empiezan mucho antes de que alguien se suba a una cabina de DJ. La de Nelson y Guillermo Daza comenzó en casa, viendo a sus hermanos mayores pinchar y siguiendo el ejemplo de un padre que también había hecho de la música una forma de vida. "Venimos de una familia de artistas", resume Guillermo. "Mi padre era DJ y mis hermanos mayores pinchaban. Yo estaba en casa haciendo los deberes y ellos... pinchando. Entonces dije: 'Hostia, esto ya lo he mamado'", añade.

Hoy, los hermanos Daza forman parte de una familia en la que los cinco hermanos (Carlos, Nelson, Gustavo, Guille y Melisa) han pasado por las cabinas. Su apellido se ha convertido en una pequeña marca dentro del ocio nocturno vallisoletano, aunque ellos prefieren hablar de un camino construido desde abajo a base de esfuerzo y muchas horas de trabajo. Nelson y Guillermo reciben a TRIBUNA en la sede de la empresa DZ Eventos para repasar una trayectoria que ha ido mucho más allá de la música.

Guillermo reconoce que nunca tuvo entre sus planes hacer una carrera universitaria ni seguir un itinerario académico convencional. "Yo, personalmente, no. Me guiaba por otras cosas", explica. Su hermano Nelson tampoco encontró en los estudios su principal motivación. "Para los estudios soy malísimo", admite entre risas. "Me encanta trabajar, soy muy predispuesto, me encanta comerme el mundo, pero lo que es ponerme a estudiar siempre me ha dado mucha pereza", continúa.

Su formación llegó por otros derroteros. Nelson estudió electricidad y se interesó por el diseño gráfico, una afición que heredó directamente de su padre. "Soy totalmente autodidacta a raíz de mi padre. Él es diseñador gráfico. Me fui formando viendo lo que mi padre diseñaba", explica. La música, mientras tanto, seguía presente.

Dos trabajos y muy pocas horas de sueño

El salto de afición a profesión no fue fácil. Durante años, Los Daza tuvieron que compaginar las cabinas con otros empleos. Nelson recuerda especialmente una etapa en la que trabajaba en un supermercado mientras mantenía su actividad como DJ. Tenía 26 años cuando una situación familiar complicada le obligó a tomar una decisión. Podía intentar crecer dentro del supermercado o apostar por el mundo empresarial y la noche, y eligió lo segundo.

"Yo no quiero esto", recuerda. "Siempre me ha gustado el mundo de las empresas", comenta. Aquella decisión desembocó en un proyecto hostelero con varios amigos y en la apertura del Flamingo, negocio del que todavía conserva una participación (el 25%). Pero, con el paso del tiempo, Nelson decidió centrar sus esfuerzos en el proyecto que estaba desarrollando junto a sus hermanos.

La historia familiar explica también la capacidad de sacrificio que Los Daza consideran imprescindible para sobrevivir en un sector en el que los horarios no son fáciles de llevar. "Hemos trabajado muchísimo y hemos estado compaginando dos trabajos. Lo que es dormir... poco. Trabajábamos mañana, tarde y noche", recuerda Nelson.

La imagen resulta difícil de imaginar: pinchar de madrugada, dormir apenas unas horas y presentarse después a un turno de trabajo. En este caso, a un supermercado. Nelson recuerda jornadas en las que salía de trabajar de noche, regresaba a casa de madrugada y pocas horas después tenía que levantarse para reponer.

Guillermo también ha tenido -y tiene- que compatibilizar la música con otro empleo. Su residencia habitual está ahora en Madrid -es militar-, y sus horarios profesionales condicionan su presencia en la capital del Pisuerga, aunque mantiene una estrecha vinculación con los proyectos de sus hermanos al estar inmerso en ellos.

De siete bodas a una empresa consolidada

Hace cuatro años nació DZ Eventos, la empresa con la que los hermanos Daza profesionalizaron su actividad en el mundo de los eventos y las bodas. El comienzo fue modesto: siete bodas durante el primer año y una inversión inicial en equipamiento. El crecimiento posterior ha sido notable. "Este año hemos consolidado la empresa", señala Nelson. La compañía ha alcanzado una cifra de entre 40 y 45 bodas y eventos, y encara la próxima temporada con una cartera que apunta a seguir creciendo, tal y como reconoce Guille.

El objetivo ya no es limitarse a las bodas. Los Daza quieren ampliar su actividad hacia eventos privados, corporativos y empresariales, pero sin entrar en la organización de festivales o grandes conciertos: "No queremos hacer festivales ni concierto. Es mucho trabajo, mucho jaleo y no es algo que nos rente". Por esa razón, la apuesta de Los Daza pasa por ofrecer un servicio integral y profesional, con especial atención al apartado audiovisual y musical.

En esa estrategia se encuadra la unión con Mate Project, empresa vinculada al sector audiovisual y de las bodas. El objetivo, explican, es dar "un salto de calidad" y poder afrontar celebraciones de mayor dimensión. La experiencia ya les ha llevado a trabajar en bodas de personas conocidas... y fuera de Valladolid. "He llegado a pinchar en una boda en la que estaba un futbolista, Odriozola, hace dos meses", cuenta Guille. Gracias a su meritoria puesta en escena, Guille también empezó a recibir propuestas en ciudades como San Sebastián. El boca a boca, en este caso, es una herramienta comercial tan poderosa como cualquier campaña publicitaria.

"Nadie nos ha regalado nada"

La familia es un término que ambos utilizan, de manera constante, en la entrevista. Los Daza nacieron en Bolivia, pero su madre emigró a España y estableció con ellos su primera vivienda en La Rubia. Hoy, reivindican con orgullo, ambas nacionalidades. "Nos gusta mucho recalcar que estamos orgullosos de ser de Bolivia. Pero también estamos muy orgullosos de ser españoles, y vallisoletanos", afirma Nelson.

Su madre ha vivido de cerca la evolución de sus pequeños y también las dificultades de una profesión ligada a la noche. Durante años trató de protegerlos de los riesgos asociados al ocio nocturno, como las drogas. "Nos dijo: 'Chicos, la noche es oscura'", recuerdan. Con el tiempo, la preocupación ha ido dando paso a la confianza. La familia ha comprobado que detrás de las cabinas y de los horarios nocturnos existe un proyecto empresarial: "Se ha dado cuenta de que esto es una profesión ya y que se puede vivir de esto", explican. Los hermanos tienen claro, además, que su forma de relacionarse con clientes, empresarios y compañeros forma parte del éxito: "Somos personas educadas y siempre hemos tratado a todo el mundo por igual. Venimos desde abajo, nadie nos ha regalado nada", subrayan.

Para ellos, ser DJ no consiste únicamente en seleccionar canciones. El trato con el público es una parte esencial del trabajo. Guillermo habla de "crear euforia": conseguir que la gente cante, grite y participe. "Hay varias formas de ser DJ. Puede ser el típico DJ que esté seco, hablando mal a la gente, sin transmitir nada, o puede ser el DJ agradable, como creo que somos nosotros", sostiene.

Valladolid, cantera de DJs

Aunque Guillermo ha ido ampliando su actividad en Madrid, los hermanos opinan, de manera positiva, sobre el sector en Valladolid. "El talento que hay en la ciudad es impresionante", asegura. Guillermo, que ha pinchado en algunas de las salas más importantes de la capital de España, considera que el nivel de los DJs locales es especialmente alto. La competencia existe, admiten, pero no impide reconocer el talento de los compañeros. Al mismo tiempo, creen que la ciudad está atravesando una transformación en su oferta de ocio.

Nelson destaca la apertura de nuevos proyectos y la renovación de algunos espacios. Pone como ejemplo la reforma de la discoteca Falco (antiguo Tintín) que, a su juicio, ha alcanzado "un nivel de una discoteca de Madrid". Guillermo, por su parte, echa en falta una mayor oferta de tardeos en espacios cerrados. "Lo que veo que falta en Valladolid son los tardeos", sostiene. Su modelo de referencia es Madrid, donde esta fórmula se ha consolidado con fuerza.

La idea de unir gastronomía, sobremesa y música también les parece atractiva. Un vermú acompañado de un DJ, incluso con propuestas flamencas o de rumba, a su juicio, funcionaría. Pero ahí aparece una reivindicación recurrente: el reconocimiento institucional. "No tenemos nada de apoyo por parte del Ayuntamiento. El DJ no se considera artista", afirma Nelson. Los hermanos creen que ese respaldo ayudaría a impulsar nuevas propuestas y a favorecer la colaboración entre hostelería, restauración y profesionales de la música.

Del DJ a la inteligencia artificial

Mientras DZ Eventos crece, Los Daza ya preparan el siguiente salto. Su nueva aventura empresarial mira hacia un terreno completamente diferente: la inteligencia artificial. El proyecto, vinculado a Fader Labs (su academia de Djs) e IKONIKOS (el nombre que llevará la propuesta relacionada con la IA), pretende desarrollar servicios relacionados con la creación de páginas web, edición y generación de imágenes, cartelería, diseño gráfico y otras herramientas aplicadas al marketing. "Todo lo que hacemos son aplicaciones con páginas web, edición de fotos, creación de fotos... Todo eso lo hace la IA", explican.

No quieren precipitar el lanzamiento. Están realizando formación y cursos antes de poner el proyecto en marcha de manera definitiva. La meta, sin embargo, eS clara: construir un negocio que les permita trabajar desde cualquier lugar. "Queremos tener un puesto de trabajo, poder viajar por el mundo, básicamente poder ir a Bolivia y trabajar también desde allí", señalan. No se trata únicamente de viajar, sino de conseguir una estructura empresarial que permita teletrabajar y mantener los ingresos independientemente del lugar desde el que trabajen.

Es, en cierta forma, la misma filosofía que aplicaron a la música: libertad, autonomía y capacidad para decidir sobre su propio trabajo. Porque Los Daza siguen siendo cinco hermanos, aunque cada uno haya tomado su propio camino, a veces el mismo. Es decir, el apellido es colectivo, pero la trayectoria también. Y ahora, mientras la música continúa sonando, preparan una nueva etapa: menos dependiente de la noche, más empresarial y con la inteligencia artificial como reto. Pero con la misma idea que les ha acompañado desde el principio: trabajar, mantener la cercanía y no olvidar de dónde vienen. Son, en definitiva, un ejemplo de cómo el trabajo constante lo vence todo (Labor omnia vincit), una, sin duda, lección de vida.

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