Las fiestas de Valladolid no siempre se celebraron a principios de septiembre, una decisión tomada en el año 2000 trasladó los festejos a la Virgen de San Lorenzo
De San Mateo a la Virgen de San Lorenzo: por qué Valladolid cambió la fecha de sus fiestas
Las fiestas de Valladolid no siempre se celebraron a principios de septiembre, una decisión tomada en el año 2000 trasladó los festejos a la Virgen de San Lorenzo
Valladolid vuelve a vestirse de fiesta. Con el comienzo de la Feria y Fiestas de la Virgen de San Lorenzo de 2026 a la vuelta de la esquina, la ciudad se prepara para varios días de conciertos, casetas, actividades infantiles, espectáculos y encuentros en las calles. Una celebración que hoy parece inseparable de los primeros días de septiembre, aunque no siempre fue así.
Durante décadas, septiembre vallisoletano estuvo marcado por San Mateo y por unas fiestas que llegaban mucho más avanzado el mes. Todo cambió en el año 2000, cuando el Ayuntamiento, entonces encabezado por Francisco Javier León de la Riva, decidió adelantar las celebraciones y vincularlas definitivamente con la festividad de la patrona de Valladolid, Nuestra Señora de San Lorenzo, el 8 de septiembre.
Las primeras Feria y Fiestas de la Virgen de San Lorenzo con este nuevo formato se celebraron entre el 7 y el 17 de septiembre de 2000. Comenzaba así una etapa que, más de un cuarto de siglo después, está completamente asentada en el calendario de los vallisoletanos. La decisión, sin embargo, no estuvo exenta de polémica.
El tiempo, una de las claves del cambio
Uno de los principales argumentos para abandonar San Mateo y adelantar las fiestas fue la meteorología. Celebrarlas a principios de septiembre permitía, sobre el papel, disfrutar de temperaturas más agradables y reducir el riesgo de lluvia respecto a las últimas semanas del mes.
La preocupación venía de mucho antes. Ya en 1910 un grupo de comerciantes había solicitado adelantar las celebraciones precisamente por las condiciones meteorológicas, aunque entonces la propuesta no salió adelante. Décadas después sí lo hizo.
En 1959, el Pleno del Ayuntamiento de Valladolid había aprobado que las fiestas de San Mateo comenzasen el tercer domingo de septiembre, aunque anteriormente habían llegado a celebrarse sin una fecha estable. Aquella tradición terminó oficialmente con la llegada del nuevo siglo.
El cambio permitió aprovechar mejor las calles, terrazas y actividades al aire libre y terminó por convencer a buena parte de los sectores implicados. Pero no todo fueron ventajas.
Septiembre es también un mes cargado de fiestas patronales en Castilla y León. Los feriantes, por ejemplo, deben compatibilizar Valladolid con otras celebraciones cercanas. Este mismo 2026, el recinto ferial vallisoletano no estará completamente ocupado hasta el martes 8 de septiembre, ya que algunas atracciones permanecen durante los primeros días en las fiestas de Palencia.
A ello se suma la coincidencia con celebraciones en numerosos municipios del entorno, algo que puede condicionar tanto la llegada de visitantes a Valladolid como la salida de vallisoletanos hacia otras localidades.
Un cambio que no convenció a todos
Tras décadas celebrando San Mateo, cambiar las fechas no fue sencillo. Hubo reticencias entre ciudadanos, hosteleros, feriantes y peñistas, y durante los primeros años todavía hubo quienes continuaron saliendo a celebrar las antiguas fechas de San Mateo. Incluso hoy quedan peñas y vallisoletanos que recuerdan con nostalgia aquellas fiestas de finales de septiembre.
El paso de los años, sin embargo, ha terminado normalizando el nuevo calendario. Para varias generaciones de vallisoletanos, especialmente las más jóvenes, hablar de las fiestas de Valladolid significa automáticamente hablar de los primeros días de septiembre y de la Virgen de San Lorenzo. Pero ¿por qué precisamente ella?
De una cueva junto al Pisuerga a patrona de Valladolid
La historia de la Virgen de San Lorenzo se remonta varios siglos atrás y está estrechamente ligada al río Pisuerga.
Según la tradición, entre los siglos XI y XII un religioso procedente de Consuegra, en Toledo, habría llegado hasta Valladolid huyendo de los musulmanes y llevando consigo una imagen de la Virgen. Para protegerla, decidió esconderla en una cueva situada cerca de la antigua Puerta de Aguadores, junto al Pisuerga.
Pasaron los años hasta que un pastor encontró la imagen, un hallazgo que fue interpretado como milagroso. A partir de entonces comenzó a ser conocida como la Virgen de los Aguadores. Su historia quedó desde ese momento vinculada al agua. Tradicionalmente se recurrió a ella ante sequías, inundaciones y otros problemas relacionados con este elemento.
Posteriormente, la imagen fue trasladada hasta una pequeña ermita dedicada a San Lorenzo. La devoción fue creciendo y también su fama milagrosa, hasta que terminó construyéndose un templo en el que pudiera ser venerada. En 1916 fue proclamada patrona de Valladolid y su festividad quedó fijada el 8 de septiembre.
Cada año, ese día constituye uno de los momentos centrales de las fiestas. La imagen sale de su iglesia en procesión hasta la Catedral de Valladolid y, tras la celebración religiosa, regresa nuevamente a su templo. Uno de los elementos más característicos del recorrido es la tradicional alfombra artística elaborada con flores.
De San Mateo a unas fiestas completamente asentadas
Más de un siglo después de la proclamación de la Virgen de San Lorenzo como patrona y 26 años después de aquellas primeras fiestas celebradas bajo el nuevo calendario, Valladolid afronta una nueva edición de sus días grandes. El pregón desde el balcón del Ayuntamiento vuelve a marcar el inicio de jornadas en las que la ciudad cambia completamente de ritmo. Conciertos, casetas, desfiles, teatro, actividades infantiles, peñas y espectáculos llenarán nuevamente las calles.
Mucho ha cambiado desde aquel septiembre de 2000. Lo que entonces provocó discusiones y obligó a los vallisoletanos a acostumbrarse a 'cambiar de santo' hoy forma parte de la identidad festiva de la ciudad. San Mateo quedó atrás, aunque no completamente olvidado. La Virgen de San Lorenzo, por su parte, terminó conquistando también el calendario festivo.
Y cuando Valladolid vuelva a salir a la calle estos días para celebrar sus fiestas de 2026, probablemente pocos pensarán que algo tan asumido como festejar a principios de septiembre fue, hace apenas un cuarto de siglo, una pequeña revolución en la ciudad.
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