Erik Urano: Me gusta conquistar lugares que no estaban pensados para alguien como yo

El rapero vallisoletano reivindica su apuesta experimental y su vínculo con Valladolid, a pesar de que se siente dolido por volver a tocar, siete años después, con la condición de telonero, y no como artista principal

imagen
Erik Urano: Me gusta conquistar lugares que no estaban pensados para alguien como yo
Erik Urano, abrirá la noche del 7 de septiembre
El autor esMiriam Cáceres López
Miriam Cáceres López
Lectura estimada: 10 min.

Erik Urano (Valladolid, 1986) es el nombre artístico de Erik Martín, un artista vallisoletano que lleva cerca de dos décadas construyendo uno de los universos más particulares de la escena hip hop y rap española. Su importancia no está en haber sido un artista convencional, sino en haber empujado los límites de lo que podía ser el rap en España, especialmente en la mezcla con electrónica, grime, sonidos británicos y una estética muy marcada por la ciencia ficción. 

PREGUNTA: Para empezar, explique su carrera, desde sus inicios hasta ahora, para poner en contexto a quienes todavía no conocen a Erik Urano.

RESPUESTA: Empecé con 16 años. Soy de Laguna de Duero y allí nos juntábamos varios chavales en una radio que había en el municipio. Había un programa sobre rap y hip hop, y empezamos a reunirnos allí o en algún rimadero. La historia fue evolucionando, y yo también encontré en el rap y en el hip hop mi herramienta creativa a nivel generacional.

Supongo que alguien que nació en los años 80 o que vivió aquella época podía encontrar su herramienta en una guitarra, en el punk, o en otras músicas. En mi generación, en cambio, había chavales haciendo graffitis, bailando... No era un entorno estrictamente rapero, pero llamaba la atención, quizá también porque era algo exótico, y que hacía muy poca gente.

Fueron pasando los años y formamos un grupo en Laguna que se llamaba Superversos. Después pasé por Urano Players, un colectivo de jóvenes que compartíamos una determinada percepción creativa de lo que queríamos hacer con el rap. Empezamos a desarrollar allí un universo creativo y, posteriormente, como Erik Urano, a partir de 2011 aproximadamente, saqué mi primer disco. Ahí fue cuando la cosa empezó a ponerse seria.

P: Usted se considera un artista de nicho, y está muy interesado por la ciencia ficción, la astronomía y otros ámbitos. Ha construido un universo muy particular a lo largo de los años. ¿Cuál es el concepto de su música?

R: El imaginario es muy propio y, a nivel musical y artístico, también es algo muy experimental. Eso siempre conlleva a que no sea una propuesta especialmente preparada para calar de forma masiva. Es increíble porque he podido tocar en Primavera Sound, BBK, salir en medios y conseguir otras cosas que me hacen sentir que he avanzado mucho desde que empecé.

Mi visión siempre ha sido la misma, aunque haya ido cambiando. He ido ampliando y mejorando mi imaginario. Al final, es como ir picando piedra: una carrera de fondo total.

P: ¿Cómo han evolucionado sus discos hasta llegar al último, Stalker, publicado este año?

R:  Muchas veces me tomo el proceso creativo como una artesanía. Lo veo como cualquier otra disciplina: un pintor, un escultor... Al final, no dejas de mejorar tu técnica a base de trabajar, 'de picar piedra'...

No ha sido una cuestión de tener una etapa y después pasar a otra completamente diferente en la que hago otro tipo de música. Son más bien capas de una cebolla. Creo que, quien me lleva siguiendo todos estos años, es capaz de reconocer en lo que hago ahora esa semilla de lo que hacía antes. Y quien llega ahora puede descubrir esa complejidad que se ha ido acumulando.

P: Por esa razón, ¿Valladolid, quizás, tiene algo de especial que usted siente que tiene que contar desde dentro?

R: Sí. Siempre me ha parecido interesante. Tengo una frase de los comienzos que a la gente le resulta muy significativa: 'Los lugares que más brillan están en las ciudades más oscuras'. Nosotros crecimos en la época de León de la Riva, cuando había muchas prohibiciones culturales. Hubo momentos en los que no se podía tocar en ningún bar y existían ordenanzas municipales que impedían hacer conciertos y otras actividades.

Creo que, a veces, tener todo ese viento en contra genera una especie de mejunje cultural subterráneo. Los jóvenes, a determinadas edades, necesitan expresarse sea como sea. Cuando existe ese revulsivo, y estás un poco dentro de la contracultura, se puede generar una fuerza muy grande.

Valladolid nos provocaba una especie de amor-odio. Era la ciudad en la que estábamos y en la que nos habíamos desarrollado, pero también era una ciudad en la que muchos proyectos no salían adelante y donde los chavales tenían que marcharse para buscar sus propias oportunidades.

P: A medida que ha pasado el tiempo, ¿qué es lo que despierta su curiosidad a la hora de crear música?

R: Es una síntesis de todas mis inquietudes: el cine, la música, el arte en general... Pero tampoco dejamos de ser licuadoras de nuestra propia vida. Pienso que, en lo artístico, depende de las frutas que metas en la licuadora: sale un zumo u otro. Si tienes una vida completamente plana, sin aspiraciones ni inquietudes que vayan más allá del día a día, probablemente lo que hagas vaya también en esa línea.

Creo que mi movida puede llamar la atención precisamente porque tengo inquietudes que van un poco más allá, o porque las referencias que manejo pueden resultar interesantes para algunas personas.

P: ¿Cree, entonces, que hay que escuchar su música más de una vez para interpretar todas las referencias que aparecen en sus letras?

R: Sí, sin duda. A mí, como consumidor, siempre me ha gustado este tipo de música. Me gustan mucho las películas a las que puedo volver y en las que sigo encontrando significados, y dobles lecturas. Lo mismo me ocurre con los libros o con la música.

También hay mucha música que sale, y que me encanta, aunque sea más superficial o más disfrutona. Pero, después de una escucha, siento que ya lo he descifrado todo y no me interesa tanto volver a ella.

P: ¿Qué significa para Erik Urano volver a cantar en Valladolid y, además, hacerlo durante la Feria y Fiestas de la Virgen de San Lorenzo?

R: Me hace muchísima ilusión porque es el típico escenario en el que hay gente que quizá no viene a verme en otros contextos: familiares o personas que no suelen acudir a salas. Es un lugar muy bonito para tocar y me encanta que se me dé la oportunidad de actuar en un escenario grande y especial.

Yo ya toqué en las fiestas de 2019 con Bad Gyal. Aquel año actué como artista principal y con un caché superior al que voy a cobrar este año. Me parecen cuestiones destacables porque, a veces, desde las instituciones, no se trata solo de dar un espacio a los artistas de la ciudad, sino de darles su espacio.

A mí me parece una oportunidad muy bonita, y no quería dejarla pasar, pero, de alguna manera, también duele un poco que, después de siete años y con el crecimiento que ha tenido mi proyecto, vuelva a tocar en el mismo lugar en condición de telonero. Además, a nivel técnico, no puedes desarrollar todo lo que quieres en tu espectáculo porque estás condicionado por el artista principal de ese día.

P: ¿Siente como artista mucha diferencia entre cantar en Valladolid y hacerlo en otras ciudades?

R: Aquí tampoco me puedo quejar porque, al final, son años y hay un público que vas acumulando. Pero cuando vas a Madrid, por ejemplo, todo es mucho más masivo. Estoy muy contento y, a la vez, muy agradecido de que el Ayuntamiento actual se haya fijado en mí y me dé esta oportunidad. Además, que sea junto a Rusowsky, que tiene un proyecto muy bonito y es amigo mío desde hace años, hace que sea un día todavía más especial.

P: ¿Qué vamos a ver en su espectáculo? ¿Será un recorrido por su trayectoria, se centrará en Stalker o habrá alguna sorpresa?

R: El espectáculo que vamos a hacer será único y exclusivo para ese día, porque en octubre comienzo la gira del disco. El concierto estará muy centrado en Stalker, pero también habrá un recorrido por toda mi trayectoria. Además, estamos en un contexto en el que, como hablábamos antes, habrá gente que simplemente pase por allí y se quede a verme.

Por eso, los temas más de 'café para cafeteros' los dejo para las salas y para los seguidores más fieles. Aquí, en Valladolid, intentaré hacer un recorrido lo más generalista posible.

P: Ha invitado a varios artistas para participar en su espectáculo. ¿Quiénes serán?

R: Estarán Suzzee y Javier Díez Ena, que colaboran en Eigengrau, el último tema del disco. También estará Hoke, con quien comparto Gluones, que ha sido el tema que más ha pegado.

Quería invitar también a Dulzaro, porque es de Valladolid, tenemos un tema juntos, y ya lo hemos interpretado alguna vez en sus conciertos. Me parecía una ocasión muy bonita para hacerlo en la Plaza Mayor.

P: Se le considera una figura importante dentro del rap y ha influido en artistas actuales. ¿Siente que está dejando un relevo generacional?

R: Yo me veo más como un nieto del rap que como un padre, porque cuando llegué ya había una cultura muy establecida y heredé muchas cosas de gente anterior. Pero sí creo que puedo haber sido una semilla dentro de la vertiente más experimental del rap. En mi primer disco, en 2011, ya había temas de rap con música electrónica cuando aquello no era algo habitual. Ahora, en el fondo, lo hace mucha gente.

No digo que todo el que lo hace sea por mí, ni muchísimo menos, pero sí ves esa semilla. Un chaval que me escuchó de pequeño puede haber heredado esa movida, haberla hecho crecer y que después otro artista se haya fijado en él. A nivel generacional, sí creo que, de alguna manera, he podido ser esa persona.

P: ¿Le produce satisfacción saber que artistas que han llegado muy lejos le han tenido como referencia?

R: Sí, es muy bonito. Hay artistas que me han escrito y me han dicho que mi música les ha influido. Por ejemplo, Recycled J o Cruz Cafuné. Con C. Tangana siempre he tenido más trato, hemos hecho temas juntos y, cuando nos conocimos en el estudio, también me dijo que mi trabajo había sido una influencia importante para él.

Ver después que esa gente ha crecido hasta alcanzar ese nivel, tanto personal como artísticamente, es muy bonito. No me considero su padre, quizá más bien su padrino, pero me parece genial que alguien, que ha crecido tanto y que hace algo tan interesante a nivel artístico, haya podido recibir alguna influencia de mi trabajo.

P: ¿Cómo afronta los nervios antes de un concierto?

R: Siempre tengo nervios, y nunca lo he ocultado. Antes de salir, intento estar tranquilo y hablar con la gente que esté allí. No tengo ningún ritual concreto ni pienso que tenga que colocarme de una determinada manera.

Es más dejar que las cosas fluyan. Hay veces que quiero estar tranquilo y termino hablando con alguien porque me está dando la chapa o porque surge cualquier situación. Soy así.

Los nervios siempre están ahí. También los veo como una forma de estar alerta, de tenerlo todo bien atado y de querer que las cosas salgan bien. Además, con los años y la trayectoria, vas adquiriendo tablas.

P: Ha hablado de la dificultad que tienen ahora los artistas jóvenes para encontrar espacios donde tocar. ¿Cómo ve la situación en Valladolid?

R: Creo que hay muy pocos espacios para que los artistas emergentes puedan tocar. Antes había más oportunidades. Tú ibas a una sala, ellos se quedaban con la barra, o con parte de la entrada, y podías empezar a tocar.

Ahora hay salas que cobran dinero por el alquiler y, si tienes que pagar 400 euros y ni siquiera sabes si vas a recuperar ese dinero, es complicado. En Valladolid, siempre han faltado salas, y me da pena, porque lo bonito cuando empiezas es tocar para tus amigos, que vengan tus padres y poder adquirir experiencia.

Ahora mismo, ¿qué hace un chaval que empieza? Si no existen esas oportunidades, muchos terminan marchándose fuera.

P: Cuando se apaguen las luces de la Plaza Mayor, ¿qué le gustaría que recordase la gente de su concierto?

R: Me gustaría que, quienes ya me conocen, se lleven un concierto guapo en un lugar en el que no es habitual verme. Y quienes no me conozcan, que descubran algo interesante. Me ha pasado muchas veces que gente que ha venido a verme no escucha rap y, aun así, me ha dicho que le ha parecido una propuesta muy interesante, un espectáculo trabajado y profesional.

Para mí es bonito dejar esa huella en la gente. No hablo de ganar seguidores o de que el lunes se pongan mis canciones en Spotify, sino de que alguien que no tiene nada que ver con lo que hago pueda pensar: 'No escucho rap, pero me ha parecido una movida súper interesante'.

Que alguien pueda pasar un rato agradable, saltar, reflexionar o simplemente disfrutar de un espectáculo ya me parece algo muy bonito.

P: ¿No cree, entonces, que le queda algo por demostrar?

R:  No lo sé. He podido llevar mi directo a un nivel muy bueno, tocar en teatros increíbles y hacer despliegues audiovisuales importantes. Ahora me interesa seguir conquistando lugares interesantes. Siempre me ha parecido muy bonito ocupar espacios que, en principio, no estaban pensados para raperos: Teatro Calderón, Teatro Reina Victoria de Madrid, Teatro Principal de Burgos o el Patio Herreriano.

Me gusta esa idea de ocupar lugares que no estaban pensados para alguien como yo. Incluso hacer una entrevista de contraportada en un periódico y que alguien piense: '¿Qué hace este tío aquí?'. Me parece bonito buscarse un lugar. Y, sin necesidad de ser algo masivo, creo que existe un peso cultural suficiente para que alguien considere interesante situarme en determinados espacios. En ese sentido, estoy muy agradecido.

P: Para terminar, si pudiera hablar con aquel chaval de Laguna de Duero que empezaba en la música, ¿qué le diría?

R: Le diría que siguiera completamente su intuición y creyera en sí mismo, que es un poco lo que he hecho. Yo sabía a dónde quería llegar, aunque no fuera en términos de Plaza Mayor, números, dinero o éxito, sino a nivel artístico. Siempre he tenido claro que hacemos música y que yo la considero arte.

Cualquier decisión que tome va a estar relacionada con eso y no tanto con el dinero o el éxito, porque son conceptos completamente subjetivos. Lo que para una persona puede ser un éxito increíble, para otra puede no significar nada. Lo importante es saber a dónde quiere llegar uno.

Si sabe que quiere hacer algo bueno, una música que considere interesante y, al menos intencionalmente, atemporal y con capacidad para permear en la cultura, tiene que ir a por ello. Que después llegue una Plaza Mayor, un Disco de Oro o cualquier otro reconocimiento, bienvenido sea. Y si no llega nunca, al menos debe quedarse con la satisfacción de haber hecho algo bonito y con sentido.

0 Comentarios

* Los comentarios sin iniciar sesión estarán a la espera de aprobación
Mobile App
X

Descarga la app de Grupo Tribuna

y estarás más cerca de toda nuestra actualidad.

Mobile App