La vallisoletana fue una de las primeras mujeres en ponerse al frente de un Ayuntamiento en España y ejerció como alcaldesa del municipio entre 1926 y 1930
Benita Mendiola, la maestra de Bolaños que se abrió paso hasta la Alcaldía hace un siglo
La vallisoletana fue una de las primeras mujeres en ponerse al frente de un Ayuntamiento en España y ejerció como alcaldesa del municipio entre 1926 y 1930
Hace ahora un siglo, una mujer ocupó el sillón de la Alcaldía de un pequeño pueblo de Tierra de Campos y se convirtió, casi sin saberlo, en parte de la historia política de España. Su nombre era Benita Mendiola y Velasco, era maestra nacional y fue alcaldesa de Bolaños de Campos entre 1926 y 1930. Hoy, cien años después de aquel nombramiento, el municipio recupera su figura con una exposición que pretende devolverle un lugar en la memoria colectiva.
La historia de Mendiola es también la historia de una época en la que las mujeres comenzaban a encontrar, aunque de forma muy limitada y bajo un régimen dictatorial, las primeras puertas de entrada a la vida pública. Su acceso a la Alcaldía se produjo durante la dictadura de Miguel Primo de Rivera, pocos años antes de que las mujeres españolas pudieran ejercer por primera vez el sufragio en unas elecciones generales.
Y, pese a la trascendencia del cargo que ocupó, durante décadas su nombre quedó prácticamente sepultado. De hecho, una de las investigaciones académicas más importantes sobre las primeras alcaldesas españolas señala que cuando se estudió su caso no fue posible consultar adecuadamente las actas municipales debido a su mal estado de conservación. Tampoco se localizaron descendientes directos en el municipio ni una memoria oral suficientemente viva sobre su paso por el Ayuntamiento.
Una mujer en el Ayuntamiento cuando casi todas las puertas estaban cerradas
Para comprender la importancia del nombramiento de Benita Mendiola hay que viajar hasta 1924. España se encontraba bajo la dictadura de Primo de Rivera, instaurada tras el golpe de Estado de septiembre de 1923, y el régimen impulsó una profunda reforma de la Administración local.
El Estatuto Municipal de 8 de marzo de 1924, elaborado bajo la dirección de José Calvo Sotelo, introdujo una novedad de enorme relevancia para las mujeres: contemplaba su participación en la vida política municipal. El artículo 51 permitía incorporar al censo a españolas mayores de 23 años que no estuvieran sujetas a patria potestad, autoridad marital o tutela, mientras que el artículo 84 establecía que determinadas mujeres podían ser elegibles para cargos municipales.
El contexto, sin embargo, era muy distinto al de una democracia. Las elecciones municipales previstas no llegaron a celebrarse durante la dictadura y buena parte de los representantes locales fueron designados desde el poder. Por ello, la llegada de mujeres a las corporaciones municipales se produjo fundamentalmente mediante nombramientos, no a través de unas elecciones democráticas como las que hoy entendemos.
Fue en ese escenario donde apareció un reducido grupo de mujeres que rompieron una barrera que parecía reservada exclusivamente a los hombres.
La primera de ellas fue Matilde Pérez Mollá, nombrada alcaldesa de Quatretondeta, en Alicante, el 27 de octubre de 1924. Después llegarían Concepción Pérez Iglesias, en Portas (Pontevedra), y Petra Montoro Romero, en Sorihuela del Guadalimar (Jaén). En 1926, la lista incorporó a Benita Mendiola, en Bolaños de Campos. Más tarde llegarían Dolores Codina, Candelas Herrero del Coral y otras pioneras.
La maestra que llegó al poder local
De Benita Mendiola se conocen menos detalles biográficos que de otras pioneras. Precisamente esa escasez documental convierte su historia en una de las más singulares.
La investigación de Guadalupe Gómez-Ferrer identifica a Mendiola como maestra nacional y sitúa su mandato en Bolaños de Campos entre 1926 y 1930. La autora señala que no ha sido posible determinar el día exacto de su nombramiento debido al estado de conservación de las actas municipales.
Su condición de docente no es un detalle menor. El magisterio fue uno de los ámbitos profesionales que más mujeres incorporó a la esfera pública durante las primeras décadas del siglo XX. La educación ofrecía a muchas mujeres una vía de independencia profesional y de presencia social en localidades donde las posibilidades laborales femeninas eran todavía extraordinariamente reducidas.
Y Mendiola no fue una figura desconocida en los años en los que ejerció como regidora. Un documento publicado en 1928 bajo el título 'Los Legionarios de la Cultura y las Bibliotecas Populares Cervantes' la presenta expresamente como 'Doña Benita Mendiola, Maestra Nacional y Alcaldesa de Bolaños (Valladolid)', junto a otros alcaldes españoles.
Aquella referencia demuestra que su condición de alcaldesa trascendió las fronteras del pequeño municipio vallisoletano. Dos años después de su nombramiento, Mendiola aparecía identificada públicamente con sus dos facetas: la de educadora y la de responsable municipal.
Una de las primeras alcaldesas de España
Durante años, la historia de las primeras mujeres que llegaron a una Alcaldía estuvo rodeada de confusión. Diferentes municipios reivindicaron para sus vecinas el título de "primera alcaldesa de España", especialmente a partir de la década de 1960, cuando la prensa comenzó a recuperar algunos de estos nombres olvidados.
En 1967, por ejemplo, una información publicada en El Norte de Castilla permitió reivindicar precisamente el caso de Benita Mendiola. El estudio histórico posterior recoge cómo la prensa corrigió entonces informaciones que atribuían a otras mujeres el primer puesto y señalaba que Mendiola había ejercido como alcaldesa de Bolaños de Campos desde 1926 hasta 1930.
La investigación histórica ha permitido establecer una cronología más precisa. Mendiola no fue la primera alcaldesa de España, un título que corresponde a Matilde Pérez Mollá, pero sí formó parte de aquel reducido grupo de mujeres que accedieron a una Alcaldía durante los primeros años de la dictadura de Primo de Rivera.
Su nombre aparece así junto al de otras pioneras que, cada una desde su municipio, comenzaron a ocupar un espacio que hasta entonces había estado prácticamente reservado a los hombres.
El curioso vínculo entre educación y política
Existe otro elemento que hace especialmente interesante la figura de Mendiola: su profesión. Varias de las primeras mujeres que accedieron a cargos municipales durante la dictadura estaban relacionadas con la enseñanza. La propia investigación histórica sobre las primeras alcaldesas destaca la presencia de mujeres procedentes del ámbito educativo entre las pioneras de la política municipal.
La explicación tiene que ver con la transformación social que estaba experimentando España. La expansión de la educación femenina durante las primeras décadas del siglo XX había permitido que algunas mujeres alcanzaran una formación y una posición profesional que las situaba en una posición diferente dentro de sus comunidades.
En un pueblo como Bolaños de Campos, ser maestra significaba ocupar un lugar de especial relevancia social. La escuela era uno de los principales espacios de transmisión de conocimiento y la maestra formaba parte de las personas con mayor preparación de la localidad.
En el caso de Mendiola, esa trayectoria educativa acabó conectando con una responsabilidad política inédita.
Un avance dentro de una dictadura
La figura de Benita Mendiola obliga también a evitar una lectura demasiado sencilla de aquel momento histórico.
Su nombramiento supuso un avance evidente en la presencia de las mujeres en las instituciones, pero no puede equipararse a la conquista de una democracia plena. Las primeras alcaldesas de los años veinte fueron nombradas en el marco de la dictadura de Primo de Rivera y su acceso al poder municipal estuvo condicionado por el sistema político de aquel momento.
De hecho, aunque el Estatuto Municipal reconocía determinados derechos políticos a las mujeres, las elecciones municipales previstas no llegaron a celebrarse durante la dictadura. Las españolas tendrían que esperar hasta la Segunda República para poder participar en unas elecciones democráticas y hasta 1933 para ejercer el sufragio femenino en unas elecciones generales.
Pero esa circunstancia no resta importancia histórica a aquellas primeras alcaldesas. Su presencia rompió una frontera simbólica: por primera vez, una mujer podía ocupar oficialmente la máxima responsabilidad de un Ayuntamiento español.
Cien años después, Bolaños recupera su memoria
La paradoja es que, pese a haber formado parte de uno de los primeros capítulos de la historia política de las mujeres en España, Benita Mendiola permaneció durante décadas en un segundo plano.
La propia investigación académica que ha permitido recuperar su trayectoria habla de la dificultad para reconstruir su vida y de la ausencia de una memoria viva sobre su labor en Bolaños.
Por eso, el centenario de su llegada a la Alcaldía adquiere una dimensión especial. La exposición inaugurada ahora en el municipio no solo recuerda a una antigua regidora: también funciona como una ventana hacia una época en la que una maestra de un pequeño pueblo de Valladolid consiguió ocupar un espacio reservado hasta entonces a los hombres.
La muestra permite poner rostro y contexto a una mujer de la que apenas han quedado fotografías y documentos personales, pero cuyo nombre sí ha sobrevivido en la historiografía. Su historia obliga, además, a ampliar el relato sobre las pioneras de la política española: antes de que las grandes capitales incorporasen a mujeres a sus instituciones y antes de que el sufragio femenino se convirtiera en una realidad, hubo pequeños municipios en los que algunas mujeres ya habían comenzado a ejercer responsabilidades públicas.
El legado de una pionera olvidada
Benita Mendiola dejó la Alcaldía en 1930, después de aproximadamente cuatro años al frente del Ayuntamiento de Bolaños de Campos. Poco después desaparecería también el régimen político que había propiciado aquellos nombramientos.
Sin embargo, su paso por la Alcaldía quedó registrado en documentos de la época y en investigaciones históricas posteriores. En 1928, mientras todavía ejercía el cargo, su nombre aparecía en una publicación nacional junto al de otros regidores. Décadas después, los historiadores tuvieron que reconstruir su trayectoria casi desde cero.
Ahora es su propio pueblo el que vuelve a colocarla en el centro de la historia.
Un siglo después de que aquella maestra se sentara en el Ayuntamiento, Bolaños de Campos mira hacia atrás para recuperar a una mujer que fue mucho más que una alcaldesa. Fue una de las primeras españolas en demostrar, desde un pequeño municipio de Valladolid, que las puertas de la política también podían abrirse para ellas.
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