La pantalla gigante instalada por al Ayuntamiento reúne a una marea rojigualda que convierte el corazón de Valladolid en un auténtico estadio
La Plaza Zorrilla estalla de alegría: miles de vallisoletanos vibran con el pase de España a la final
La pantalla gigante instalada por al Ayuntamiento reúne a una marea rojigualda que convierte el corazón de Valladolid en un auténtico estadio
Valladolid vivió este martes una de esas noches que quedan grabadas en la memoria colectiva. La Plaza Zorrilla y toda la Acera de Recoletos se quedaron pequeñas para acoger a los miles de aficionados que quisieron seguir en la pantalla gigante instalada por el Ayuntamiento la semifinal del Mundial entre España y Francia. Mucho antes del pitido inicial ya apenas quedaban huecos libres y una inmensa marea rojigualda teñía el centro de la ciudad.
Había familias enteras, grupos de amigos y jóvenes y mayores llegados desde los distintos barrios. Banderas al cuello, bufandas, camisetas de la selección, caras pintadas con los colores de España, sombreros, pelucas e incluso disfraces convirtieron la plaza en un espectáculo de color mucho antes de que comenzara a rodar el balón. Cada rincón era una fotografía del optimismo con el que la afición esperaba una victoria que acercara a la selección a una nueva final mundialista.

Aficionados en la Acera de Recoletos. Foto: Ayuntamiento de Valladolid
Los cánticos comenzaron incluso antes de que sonaran los himnos. El partido arrancó con nervios. Cada recuperación de balón se celebraba con un aplauso y cada aproximación francesa provocaba un silencio tenso entre la multitud. Pero todo cambió cuando Mikel Oyarzabal transformó el penalti que adelantaba a España. La plaza explotó en un grito unánime. Abrazos entre desconocidos, cerveza al aire, banderas ondeando y cientos de teléfonos móviles inmortalizando un momento que parecía liberar toda la tensión acumulada.
La euforia fue creciendo con el paso de los minutos. La afición comenzó a disfrutar viendo cómo España iba imponiendo su fútbol y neutralizando a una Francia cada vez más impotente. Cada combinación al primer toque arrancaba aplausos y cada recuperación del balón era celebrada como un gol. La segunda parte terminó por convertir la Plaza Zorrilla en una auténtica fiesta, con miles de personas acompañando con olés las largas posesiones del combinado de Luis de la Fuente.

Aficionados en la Acera de Recoletos. Foto: Sergio Borja
Cuando Pedro Porro firmó el 0-2, el corazón de Valladolid se convirtió definitivamente en un estadio al aire libre.
Los últimos minutos se vivieron entre cánticos, palmas y la certeza de que el billete para la final estaba cada vez más cerca. El pitido final desató una explosión de felicidad colectiva.
La fiesta continuó durante varios minutos después del encuentro. Nadie parecía tener prisa por marcharse. Por una noche, la Plaza Zorrilla dejó de ser el corazón de Valladolid para convertirse en un pequeño rincón del Mundial, donde miles de gargantas empujaron a España hacia otra final histórica.
La actividad, celebrada en los campos de Pepe Rojo, contó con la participación de jugadoras del primer equipo y el respaldo de la Fundación Municipal de Deportes
Los dos fichajes blanquivioletas destacan su compromiso con el proyecto mientras Víctor Orta elogia su apuesta por el club pese a contar con otras opciones
Los socialistas planteaban ejecutar las obras este verano y aseguran que el contrato municipal de conservación permitiría acometer la actuación








