Las candidaturas deberán contar con el respaldo de, al menos, cuatro cofradías y cada uno de sus integrantes deberá disponer de la aprobación de la cofradía a la que pertenezca
Asamblea eclesial
Carta pastoral de Luis Argüello correspondiente a la primera quincena del mes de julio
En el año 2023, con motivo de la concesión a nuestra diócesis de un año jubilar por el centenario de la colocación en la torre de la Catedral del Corazón de Jesús, en la carta pastoral que acompañó a ese año jubilar, propuse a la diócesis un horizonte pastoral de 10 años; en el camino hacia el 2033, gran jubileo de la redención del Señor y 300 aniversario de la promesa del Corazón de Cristo al beato Bernardo de Hoyos, nuestra diócesis ha de poner el corazón a punto para un nuevo tiempo de comunión misionera.
El Papa Francisco había convocado un Sínodo sobre la Iglesia en camino, sobre la Iglesia sínodo, para impulsar la comunión misionera en este extraordinario cambio de época que vive nuestro mundo. Desde entonces hemos querido acoger esta llamada del Corazón de Cristo, de la Iglesia, a expresar el amor que recibimos en una comunión más viva y en un celo apostólico más diligente.
Hemos puesto en marcha consejos pastorales a diversos niveles y también hemos trabajado en comunión con todas las diócesis de la Iglesia en Castilla y, así, acabamos de celebrar una Asamblea eclesial de estas diócesis hermanas también para impulsar la comunión misionera en todas ellas y en el conjunto de la vida eclesial en esta región como en el conjunto de España. Ahora hemos convocado Asamblea Diocesana, que responde también a la petición que nos hace el Documento final del Sínodo y que se propone algunos objetivos centrales.
El primero de todos ellos: la alegría de sabernos Iglesia del Señor en este tiempo y en este lugar. Desde esta alegría queremos impulsar la comunión misionera, ver la manera de expresar que somos la Iglesia más allá de nuestra pequeña, mediana o gran parroquia, más allá de nuestra respectiva vocación o de la asociación, cofradía, movimiento, congregación religiosa de la que formemos parte. Somos la Iglesia, un misterio de comunión para la misión y nuestra Asamblea, siguiendo la estela del camino sinodal, quiere ayudar a profundizar en
esta comunión misionera.
La Asamblea Diocesana se propone celebrar que somos la Iglesia en cada parroquia, en el arciprestazgo, en la diócesis en su conjunto; celebrarlo presbíteros, religiosos y laicos; celebrar que somos asamblea de llamados, fraternidad para la misión en esta tierra nuestra en la que se concentran realidades personales diferentes. Algunos con una presencia viva en la Iglesia, otros con participaciones intermitentes, muchos alejados realmente de la vida de la Iglesia y ya bastantes que ni siquiera pertenecen a la Iglesia por no estar bautizados.
Nuestra Asamblea Diocesana tiene que ayudar a dar un paso adelante en todos nosotros, pero, sobre todo, disponer a la diócesis para este desafío misionero en el que estamos llamados a llevar el anuncio del Señor a tantos y tantos de nuestros convecinos. Y eso hacerlo no como estrategia, sino como celebración de
lo que somos, de lo que queremos vivir.
Además de celebrar que somos Iglesia del Señor en Valladolid, queremos en segundo lugar, impulsar todo este camino sinodal, revisar los primeros pasos que hemos dado en nuestros respectivos consejos, hacer de la propia Asamblea una ocasión para que los consejos, que quieren asegurar la colaboración, la corresponsabilidad diferenciada de laicos, presbíteros y religiosos en la misión de la Iglesia, sigan dando pasos para ahondar nuestras experiencias de participación y de colaboración. También, el Sínodo nos ha pedido crecer en los procesos de
toma de decisión, en la conversión de nuestras relaciones, en el crecimiento en la transparencia, en la rendición de cuentas, en la evaluación de lo que hacemos unos y otros. Ese será también otro de los objetivos y actividades de nuestra Asamblea Diocesana.
En tercer lugar, nuestra Asamblea ha de ayudar al discernimiento de cómo poner en marcha y avanzar en los grandes asuntos que hemos venido reflexionando tanto en la diócesis como en la Asamblea de la Iglesia en Castilla. Las siete prioridades que surgieron de esta Asamblea y aquello que nosotros también traemos entre manos, que converge con lo dicho en el encuentro de Ávila, ha de encontrar en esta Asamblea la oportunidad de dar un paso adelante: la catequesis de iniciación cristiana con un subrayado especial de los adultos, la constitución de
grupos de vida que hagan más visible la comunión entre todos nosotros, el discernir juntos también cómo vivir el domingo, cómo organizarnos en unidades pastorales y expresar la dimensión social de la fe.
Muchas de nuestras parroquias son muy pequeñas y, para poder vivir la entera misión de la Iglesia, precisamos hacer cosas juntos, tomar conciencia de formar parte de una realidad parroquial que va más allá de los límites de nuestro pueblo. Pero, incluso, aunque las parroquias sean más grandes en el ámbito urbano o en algunos de nuestros pueblos más poblados, también muchas de ellas experimentan una fragilidad a la hora de poder potenciar todo lo que la Iglesia quiere vivir. Por eso, precisamos unirnos, trabajar juntos, coordinar esfuerzos, realizar actividades en común, que, por una parte, expresan la comunión, y, por otra, suponen también una posibilidad mayor de vivir y anunciar el Evangelio. Asamblea para celebrar, Asamblea para impulsar la sinodalidad, Asamblea
para discernir sobre pasos a dar en los asuntos que en estos años hemos ido poniendo encima de la mesa.
La Asamblea también ha de darnos la oportunidad de encuentros que pudiéramos llamar sectoriales: una asamblea sacerdotal, una asamblea de la vida consagrada en nuestra diócesis, una asamblea de las asociaciones, movimientos laicales, de las cofradías, tanto de Semana Santa como de Gloria que están extendidas por toda nuestra diócesis. Un encuentro también posible entre diversos sectores de la acción eclesial, la catequesis, la pastoral de jóvenes, la acción social y caritativa. Todo ello hemos de articularlo en una propuesta que se haga calendario de actividades.
Al hilo mismo de la Asamblea estamos también llamados a realizar alguna actividad formativa, como también expresiones culturales o artísticas de la vida de nuestra propia Iglesia. Momentos en los que podamos vivir todo lo que la Iglesia es y significa. Celebrar, discernir, actuar para que la misión de la Iglesia, que es la misión del Señor, encuentre en nosotros corazones dispuestos y vida comunitaria también abierta a acoger y a salir para anunciar el Evangelio. Pidámosle a nuestra Madre la Virgen en tantas y tantas advocaciones en cada uno de nuestros pueblos o barrios de la ciudad que interceda por nosotros para que el Espíritu Santo guíe esta Asamblea. Pidamos también la intercesión de San Pedro Regalado, patrono de nuestra Diócesis, y, en este año de forma especial de Santo Toribio de Mogrovejo, que se caracteriza precisamente por esto, por el celo misionero y por la necesidad de articular, de organizar la presencia de la Iglesia en un momento de vida misionera en los territorios del Perú que el santo pateó, visitó y entregó la vida.
Ven, Espíritu Santo, ilumina los ojos de nuestro corazón para que comprendamos la vocación, la esperanza a la que hemos sido llamados. Que nuestra Asamblea Diocesana nos ayude, caminando hacia el 2033, a crecer en comunión y en celo apostólico para la salvación del mundo.
Carta pastoral de Luis Argüello correspondiente a la primera quincena del mes de julio
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