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Una venezolana afincada en Valladolid: "Lo peor del terremoto es que nadie sabe realmente qué está pasando"
Mili Gómez vive "con angustia y distancia" la tragedia que ha golpeado a Venezuela mientras intenta contactar con familiares y amigos en las zonas afectadas
El terremoto que ha sacudido Venezuela durante la madrugada ha vuelto a poner al país frente a una emergencia de enormes dimensiones. Mientras las autoridades continúan evaluando los daños y el número de víctimas, miles de venezolanos repartidos por todo el mundo siguen con preocupación las noticias que llegan desde sus ciudades de origen. Entre ellos se encuentra Mili Gómez, periodista venezolana afincada en Valladolid desde 2010, quien abandonó su país en busca de una vida más estable, aunque nunca ha dejado de mantener un "estrecho" vínculo con su tierra.
Desde primera hora de la mañana, Gómez reconoce haber vivido horas de incertidumbre. "Es todo el mundo llamando a todo el mundo. Esto es una tragedia definitivamente", explica desde Valladolid. Las primeras imágenes comenzaron a circular a través de las redes sociales poco después del seísmo, pero la caída de los suministros básicos complicó rápidamente las comunicaciones. "Inmediatamente empiezas a llamar a la familia, pero se fue la luz. Al estar sin electricidad, sin conexiones, sin bancos, sin nada, la comunicación se vuelve casi imposible", relata.
La periodista asegura que una de las mayores dificultades es la falta de información fiable sobre lo que está ocurriendo fuera de las grandes ciudades. Aunque Caracas ha acaparado gran parte de la atención mediática, teme que la situación en otras zonas pueda ser aún más grave. "No sabemos qué ha pasado en muchos barrios pobres ni en numerosos pueblos costeros. Las imágenes que estamos viendo son las que algunas personas consiguen enviar antes de quedarse incomunicadas", señala.
Según explica, regiones como La Guaira, donde se encuentra el principal aeropuerto internacional del país, figuran entre las áreas más afectadas. "Las imágenes del aeropuerto son terribles. He visto muchos edificios derrumbados en esa zona y en localidades de la costa", afirma.
Gómez reconoce que, como periodista, la ausencia de información resulta especialmente frustrante. "Cuando ocurre una tragedia, comunicar es muy difícil. Gracias a las redes sociales pudimos saber que estaba temblando, pero después llegó el apagón y ya nadie sabía nada. Desde ese momento dependemos de los vídeos y mensajes que consiguen enviar quienes todavía tienen alguna conexión".
La vallisoletana explica que la incertidumbre también afecta a la diáspora venezolana. Muchos residentes en España intentan localizar a familiares y amigos sin éxito. "Anoche escribí a varias personas que viven cerca de las zonas más afectadas. Algunas todavía no han respondido. Lo que vemos desde fuera es prácticamente lo mismo que están viendo ellos allí", comenta.
Sobre las iniciativas solidarias que comienzan a organizarse en distintos puntos de España, considera que todavía es pronto para determinar cuáles serán las necesidades prioritarias. No obstante, cree que la urgencia inmediata pasará por garantizar el acceso a productos básicos. "Lo más seguro es que haga falta agua y comida. Después del terremoto ya había supermercados y panaderías que no podían funcionar y los sistemas de pago estaban caídos. Ahora mismo desconocemos la magnitud real del problema".
A pesar de la distancia, Gómez siente que los venezolanos en el exterior se han convertido en un importante canal de información para quienes permanecen en el país. Sin embargo, admite que la sensación predominante es la impotencia. "Muchas veces tenemos más información desde fuera que ellos, pero aun así seguimos sin saber realmente qué está ocurriendo porque las comunicaciones son muy limitadas".
La periodista enmarca esta nueva tragedia dentro de una situación de crisis prolongada que, a su juicio, lleva décadas afectando a Venezuela. "Es una tristeza enorme porque parece que siempre ocurre algo más. El país lleva muchos años sufriendo problemas de servicios, cortes eléctricos y dificultades económicas, y ahora llega una emergencia de estas dimensiones", lamenta.
Pese a todo, se resiste a perder la esperanza. "Quiero pensar que después de esto llegará una reconstrucción de verdad. Venezuela necesita recuperarse y volver a mirar al futuro. Ojalá esta tragedia marque el inicio de una nueva etapa para un país que lleva demasiado tiempo viviendo entre dificultades".
Mientras amanece en Venezuela y comienzan a conocerse nuevos datos sobre el alcance del terremoto, Gómez sigue pendiente del teléfono. Como miles de venezolanos repartidos por el mundo, espera noticias de los suyos y confía en que las próximas horas permitan conocer la verdadera dimensión de una tragedia que, por ahora, permanece parcialmente oculta tras el silencio de las comunicaciones caídas.
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