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La ruta milenaria de las ovejas: qué es la trashumancia y por qué sigue recorriendo España en pleno siglo XXI
La muerte de decenas de animales en un rebaño trashumante en Valladolid pone el foco sobre una práctica ganadera con más de 800 años de historia
Las imágenes de cientos de ovejas avanzando lentamente por caminos ancestrales siguen formando parte del paisaje español. Aunque para muchos pueda parecer una estampa del pasado, la trashumancia continúa viva en pleno siglo XXI y cada año moviliza miles de cabezas de ganado a través de las grandes vías pecuarias de la Península Ibérica. El reciente episodio registrado en la provincia de Valladolid, donde al menos 29 ovejas de un rebaño trashumante han aparecido muertas en circunstancias que aún se investigan, ha vuelto a situar esta actividad tradicional en el centro de la actualidad.
Pero ¿qué es exactamente la trashumancia y por qué siguen recorriendo cientos de kilómetros estos rebaños?
Un viaje entre estaciones
La trashumancia es el desplazamiento estacional del ganado entre diferentes zonas de pasto. Durante los meses cálidos, los rebaños se trasladan a áreas de montaña, donde las temperaturas son más suaves y la hierba permanece fresca. Con la llegada del otoño regresan a las dehesas y llanuras del sur, donde pueden pasar el invierno.
Se trata de una estrategia de aprovechamiento sostenible de los recursos naturales desarrollada durante siglos por los pastores para adaptarse al clima y garantizar la alimentación del ganado durante todo el año.
En España, esta práctica alcanzó una enorme importancia económica a partir de la Edad Media, especialmente gracias a la oveja merina, cuya lana llegó a convertirse en uno de los productos más valiosos de la Corona de Castilla.

Las cañadas reales, las autopistas de la ganadería
Para facilitar estos desplazamientos se creó una extensa red de vías pecuarias que aún hoy atraviesa el país. Las más importantes reciben el nombre de cañadas reales y algunas conservan un trazado prácticamente idéntico al que utilizaban los pastores hace varios siglos.
Una de ellas es la Cañada Real Leonesa Occidental, precisamente la ruta por la que transitaba el rebaño afectado en Valladolid. Este corredor histórico conecta Extremadura con la montaña leonesa y forma parte de una red que supera los 125.000 kilómetros de caminos ganaderos distribuidos por toda España.
Estas rutas no son simples senderos rurales. La legislación española las protege como bienes de dominio público por su valor histórico, cultural, ambiental y económico.
La poderosa Mesta y el auge de la lana
El gran impulso de la trashumancia llegó en el siglo XIII con la creación del Honrado Concejo de la Mesta por parte del rey Alfonso X. Esta poderosa organización agrupaba a los propietarios de rebaños trashumantes y regulaba los desplazamientos ganaderos a lo largo del territorio castellano.
Durante siglos, la lana merina española fue considerada la mejor de Europa y constituyó una de las principales fuentes de riqueza del reino. Miles de pastores recorrían cada año cientos de kilómetros guiando inmensos rebaños que podían superar las 10.000 cabezas.
Ciudades, pueblos, puentes y caminos crecieron vinculados a estos movimientos estacionales de ganado, que moldearon buena parte del paisaje rural español.

Mucho más que una tradición
Aunque el número de rebaños trashumantes ha disminuido drásticamente respecto a épocas pasadas, la actividad sigue desempeñando un papel relevante.
Los expertos destacan que la ganadería extensiva "ayuda a prevenir incendios forestales al reducir la acumulación de vegetación seca, favorece la dispersión natural de semillas, contribuye al mantenimiento de ecosistemas y ayuda a conservar razas ganaderas autóctonas".
Además, la presencia del ganado en movimiento genera corredores ecológicos que benefician a numerosas especies animales y vegetales.
Por ello, organismos internacionales consideran la trashumancia una práctica "especialmente valiosa" desde el punto de vista ambiental y cultural.
Patrimonio de la Humanidad
En 2023, la UNESCO incorporó la trashumancia a la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, reconociendo su importancia como una forma de conocimiento tradicional transmitida de generación en generación.
El reconocimiento puso en valor no solo el desplazamiento del ganado, sino también los saberes asociados a la actividad: la orientación en el territorio, el manejo de los animales, las técnicas de pastoreo y la gestión sostenible de los recursos naturales.
A ello se suma que Naciones Unidas ha impulsado en los últimos años diversas iniciativas para destacar la importancia de los pastores y los sistemas de pastoreo extensivo en la conservación de los ecosistemas y en la lucha contra el despoblamiento rural.

Una actividad con nuevos desafíos
Pese a su valor histórico y ambiental, la trashumancia afronta importantes dificultades. La reducción del número de pastores, la fragmentación del territorio, las infraestructuras modernas, los costes económicos y la pérdida progresiva de relevo generacional amenazan la continuidad de una actividad que durante siglos fue fundamental para la economía española.
El incidente ocurrido estos días en Valladolid añade una nueva preocupación. Mientras las autoridades intentan esclarecer las causas de la muerte de varias decenas de ovejas en plena ruta trashumante, el suceso recuerda la fragilidad de una práctica ancestral que aún sobrevive gracias al esfuerzo de un reducido grupo de ganaderos.
Cada primavera y cada otoño, miles de animales siguen recorriendo las antiguas cañadas abiertas por generaciones de pastores. Un viaje que comenzó hace siglos y que continúa conectando la historia, la cultura y el paisaje de España con una de sus tradiciones más emblemáticas.
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