Cuando Valladolid se vistió de fantasía: el recuerdo de los concursos Miss Drag Queen de 2008 y 2009

Las salas de ocio nocturno de la ciudad acogieron hace más de quince años dos certámenes pioneros que reunieron a centenares de espectadores y dieron visibilidad al arte drag en una Valladolid muy distinta a la actual

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Cuando Valladolid se vistió de fantasía: el recuerdo de los concursos Miss Drag Queen de 2008 y 2009
Karla Mer, en Miss Drag Queen Valladolid, en 2009.
El autor esMiguel Ángel  Fernández
Miguel Ángel Fernández
Lectura estimada: 3 min.

Hubo un tiempo en que las plataformas imposibles, las pelucas de colores, los vestidos de fantasía y el maquillaje deslumbrante conquistaron la noche vallisoletana. Corrían los años 2008 y 2009 cuando Valladolid acogió las dos primeras ediciones del concurso Miss Drag Queen Valladolid, un certamen que reunió a artistas llegados de distintos puntos de la ciudad y que se convirtió en un acontecimiento novedoso dentro de la oferta de ocio local.

Aunque hoy, a solo unos días de celebrar el Orgullo LGTBI el próximo domingo, 28 de junio, el fenómeno drag goza de una visibilidad mucho mayor gracias a la televisión, las redes sociales y la cultura popular, hace casi dos décadas estos espectáculos seguían siendo un ámbito relativamente desconocido para buena parte del público. Por ello, aquellos concursos supusieron una oportunidad para acercar este arte al gran público y derribar numerosos prejuicios.

La primera edición, celebrada en 2008, despertó una enorme expectación. Cerca de 400 personas acudieron al evento para presenciar un espectáculo que combinaba humor, música, interpretación, baile y vestuario. Las participantes, conocidas popularmente como drag queens, reivindicaban entonces que su trabajo iba mucho más allá de una simple caracterización femenina.

Muchas de ellas procedían del mundo del espectáculo, el teatro o la animación, y defendían el drag como una disciplina artística propia. La transformación física era únicamente una parte del proceso. Detrás de cada actuación había horas de preparación, coreografías, diseño de vestuario y construcción de personajes que buscaban sorprender al público.

Los costes tampoco eran menores. Los trajes podían alcanzar varios cientos de euros y los complementos, desde uñas postizas hasta plataformas de gran altura, formaban parte de una puesta en escena cuidadosamente diseñada para destacar sobre el escenario.

Uno de los grandes alicientes de aquella primera edición era el premio para la ganadora, que incluía la posibilidad de representar a Valladolid en eventos de mayor repercusión vinculados al mundo drag nacional.

El salto a 2009

El éxito de la primera convocatoria animó a los organizadores a repetir la experiencia al año siguiente. En 2009, el concurso regresó con más participantes y una puesta en escena aún más ambiciosa.

Siete aspirantes optaron entonces al título de Miss Drag Queen Valladolid. El formato mantenía dos pruebas fundamentales: un desfile de fantasía para exhibir el vestuario y una actuación musical donde las concursantes demostraban sus capacidades interpretativas y escénicas.

La gala contó con la participación de artistas y presentadores locales y convirtió la sala Mambo en el epicentro de una noche marcada por el espectáculo y la diversidad. El jurado valoró aspectos como la originalidad, la presencia escénica, el vestuario y la ejecución artística de cada número.

La vencedora fue Karla Mer, que logró imponerse al resto de participantes gracias a una actuación que convenció tanto al jurado como al público.

Aquella edición confirmó el interés creciente que despertaban estos espectáculos entre el público vallisoletano. Lo que había comenzado como una iniciativa novedosa se consolidaba como una cita destacada dentro de la programación nocturna de la ciudad.

Mucho más que un concurso

Los certámenes Miss Drag Queen Valladolid no solo fueron una competición artística. También representaron un espacio de expresión personal y visibilidad para una comunidad que en aquellos años todavía encontraba más dificultades para ocupar espacios públicos y mediáticos.

Las drag queens reivindicaban entonces que no debían confundirse con el travestismo ni con cuestiones relacionadas con la identidad de género. Para muchas participantes se trataba de una forma de arte basada en la exageración estética, la interpretación y la creación de personajes. A través del humor, la música y la fantasía, aquellas galas contribuyeron a normalizar una realidad cultural que hoy forma parte de la oferta artística habitual en muchas ciudades españolas.

Un recuerdo singular de la noche vallisoletana

Más de quince años después, las imágenes de aquellas ediciones forman parte de la memoria reciente de la ciudad. Los focos, las lentejuelas, las plataformas imposibles y las actuaciones llenas de energía dejaron una huella singular en la vida nocturna vallisoletana.

Aquellos concursos demostraron que Valladolid también tenía espacio para propuestas innovadoras y para expresiones artísticas alejadas de los circuitos tradicionales. Fueron dos noches de espectáculo, creatividad y reivindicación que todavía permanecen en el recuerdo de quienes las vivieron y que marcaron un pequeño capítulo en la historia cultural y social de la ciudad.

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