El actor vallisoletano será el encargado de leer el manifiesto del Orgullo LGTBI en el acto institucional del Ayuntamiento de Valladolid este viernes
Cuando Valladolid perdió el miedo: memoria de los primeros pasos del Orgullo LGTBI en la ciudad
La historia de la primera generación que desafió el miedo para conquistar espacios de libertad que hoy disfrutan miles de personas
Hay días que permanecen en la memoria colectiva aunque hayan transcurrido décadas. Días en los que una ciudad cambia sin apenas darse cuenta. Días en los que unas pocas personas, armadas únicamente con valentía y convicción, abren caminos que otros recorrerán después con más libertad.
La historia del Orgullo LGBTI en Valladolid es también la historia de esa transformación silenciosa. La de una ciudad tradicional, prudente y a menudo reservada, que fue aprendiendo poco a poco a mirar de frente a una realidad que durante demasiado tiempo había permanecido oculta. Hoy, cuando miles de personas llenan las calles de color, música y reivindicación cada mes de junio, resulta difícil imaginar aquellos primeros años en los que visibilizarse suponía un acto de enorme coraje.
Las primeras movilizaciones por los derechos de las personas homosexuales, bisexuales y trans en Valladolid nacieron en un contexto muy diferente al actual. España avanzaba en derechos, pero el estigma social seguía muy presente. Quienes daban el paso de mostrarse públicamente sabían que podían enfrentarse a la incomprensión, al rechazo o incluso a las consecuencias laborales y familiares que acompañaban entonces a cualquier acto de visibilidad.
Aquellas primeras concentraciones y manifestaciones tuvieron un carácter profundamente reivindicativo. No había grandes escenarios ni festivales multitudinarios. Había pancartas, reivindicaciones y una necesidad urgente de reclamar algo tan básico como el derecho a existir sin miedo. Eran marchas modestas en número, pero enormes en significado. Cada persona que participaba estaba contribuyendo a romper décadas de silencio.
Con el paso de los años, Valladolid fue consolidando un movimiento asociativo cada vez más fuerte. La labor de organizaciones como la Fundación Triángulo Castilla y León permitió que las reivindicaciones ganaran presencia pública y que el Orgullo se convirtiera en una cita estable dentro del calendario social de la ciudad.
Un punto de inflexión llegó en la década de 2010, cuando las instituciones comenzaron a mostrar un respaldo más visible a las celebraciones del Orgullo. En 2014, las asociaciones de gais, lesbianas, transexuales y bisexuales de Castilla y León celebraron el primer día regional en favor de sus derechos y por el respeto a la diversidad sexual. Una jornada que estuvo marcada por protestas contra el, por aquel entonces, alcalde Francisco Javier León de la Riva, al que se acusaba de homófobo.

En 2015, el Ayuntamiento, ya con Óscar Puente como primer edil, apoyó oficialmente la manifestación y la bandera arcoíris ondeó por primera vez en la historia del Consistorio vallisoletano, un gesto cargado de simbolismo para una ciudad que había recorrido un largo camino desde aquellos primeros años de invisibilidad.
Esas 'primeras veces' serán recordadas siempre por los todavía pocos vallisoletanos que formaron parte de ellas y que recorriendo, con cierto reparo, el centro de la capital del Pisuerga, coreando lemas como "soy maricón de Castilla y León", "soy lesbiana de la tierra castellana" o "mi familia mola más porque tiene dos papás".
Desde entonces, la evolución ha sido extraordinaria. Lo que en sus inicios reunió a grupos reducidos de activistas se ha convertido en una movilización multitudinaria. Las manifestaciones actuales congregan a cientos e incluso miles de personas, acompañadas por entidades sociales, sindicatos, asociaciones juveniles y representantes institucionales. En 2023, alrededor de 1.600 personas recorrieron las calles del centro de Valladolid en defensa de los derechos LGTBI, reflejando el crecimiento de una convocatoria que ya forma parte de la identidad contemporánea de la ciudad.
Poco a poco, la fecha ha ido sumando actividades en torno a la manifestación para poner en valor el Orgullo e ir conformando una semana de reinvindicación y festividad. Es más, en la actualidad, bajo la organización de la Fundación Triángulo se llevan a cabo exposiciones, festivales y conciertos como el Zorrilla's Fest.

Sin embargo, el paso del tiempo no ha borrado el espíritu reivindicativo que dio origen al movimiento. Las marchas continúan reclamando igualdad efectiva, protección frente a los delitos de odio y el reconocimiento pleno de la diversidad sexual y de género. Las organizaciones recuerdan cada año que los avances conquistados nunca deben darse por definitivos.
Este 2026, cuando este domingo, 28 de junio, la Plaza Mayor, Fuente Dorada o las principales calles del centro se llenen de banderas arcoíris, música y celebración, resulta inevitable pensar en quienes estuvieron allí al principio. En aquellas personas que caminaron cuando todavía era difícil hacerlo. En quienes se atrevieron a dar la cara cuando la mayoría prefería mirar hacia otro lado.
La historia del Orgullo en Valladolid no es solamente la historia de una manifestación. Es la historia de una ciudad que ha aprendido a reconocerse más diversa, más abierta y más libre. Y es también un homenaje a quienes, desde la discreción de aquellos primeros pasos, ayudaron a construir el camino que hoy recorren miles de personas con orgullo.
Porque cada bandera que ondea en las calles de Valladolid lleva consigo la memoria de quienes la levantaron primero. Y porque el crecimiento del Orgullo no se mide únicamente en asistentes, sino en algo mucho más importante: en la libertad conquistada.

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