Miles de espectadores recorrieron calles, plazas y parques en un día marcado por la diversidad artística, las propuestas inmersivas y los grandes montajes visuales
El TAC alumbra Valladolid antes de echar el cierre: así fue la penúltima jornada del festival
Miles de espectadores recorrieron calles, plazas y parques en un día marcado por la diversidad artística, las propuestas inmersivas y los grandes montajes visuales
La cuarta jornada del 27º Festival Internacional de Teatro y Artes de Calle de Valladolid (TAC) volvió a transformar este sábado la ciudad en un inmenso escenario abierto donde el circo contemporáneo, la danza, el teatro visual y las instalaciones convivieron durante más de doce horas ininterrumpidas de programación. Desde primera hora de la mañana, el festival desplegó su actividad en numerosos puntos de la ciudad, en una edición que volvió a demostrar la capacidad del TAC para convertir el espacio urbano en un territorio de encuentro cultural y participación ciudadana.
La Rosaleda abrió la jornada con Texere, de la compañía Imago, una deambulación coreográfica que integró movimiento y paisaje en los jardines próximos a la pista de skate. Al mismo tiempo, Portugalete y la Acera de Recoletos comenzaron a llenarse de público con las propuestas de circo contemporáneo Weight(less), de Mimbre, y Droplines, de Tall Tales Company, dos montajes que combinaron riesgo físico, precisión técnica y cercanía con el espectador.
El Campo Grande volvió a consolidarse como uno de los grandes núcleos familiares del festival gracias a las instalaciones de títeres holográficos de La Cajita, de la compañía Holoqué, y al Selfiematón teatral de María Solá, donde decenas de niños y adultos participaron en experiencias breves e inmersivas durante toda la jornada. También la Casa Zorrilla mantuvo un constante flujo de visitantes con Un teatro en el jardín, la propuesta dramatizada de Minimons.
Por su parte, la danza contemporánea adquirió un papel protagonista durante la mayor parte del día, especialmente en los alrededores de la Cúpula del Milenio, convertida en uno de los espacios más activos del festival. Allí convivieron piezas breves como Unarys, de la compañía Eszer; Alleo, del Colectivo Glovo; y Baunsbak, de Elvi Balboa, propuestas de pequeño formato que atrajeron a un público constante y generaron un dinámico circuito de espectadores entre actuación y actuación.
Mientras tanto, la Plaza de Poniente acogió una de las citas más multitudinarias de la mañana con Camelva, de Campi Qui Pugui, un espectáculo de teatro de calle marcado por el humor y la interacción con el público. Muy cerca, la Plaza de San Pablo volvió a convertirse en uno de los grandes escenarios visuales del TAC con Rouge merveille, de Rizome-Chloé Moglia, una hipnótica propuesta de suspensión aérea que mantuvo en silencio a centenares de espectadores pendientes de cada movimiento suspendido en el vacío.
La programación también apostó por formatos itinerantes, como Públic, de Fil d’arena, que recorrió el entorno de la calle Constitución mezclando danza y desplazamiento urbano, o por propuestas híbridas entre música y movimiento como Impromptus, el peculiar ballet ciclista musical de La Bande à Tyrex.
Ya por tarde se mantuvo el pulso de la jornada con nuevas sesiones de instalaciones familiares y una intensa sucesión de espectáculos en barrios y espacios periféricos. El barrio de La Victoria acogió El juego de la boca, de El Mono Habitado, mientras que Moreras volvió a reunir a numerosos espectadores en torno a Domte, de la compañía Nacho Flores, y las propuestas de acrodanza y clown que ocuparon la pista deportiva y la pista de arena.
Uno de los ambientes más animados de la noche se vivió en Plaza Zorrilla con Bamboo, de NoFit State Circus, un espectáculo de circo contemporáneo que convirtió largas varas de bambú en estructuras humanas en constante equilibrio, arrancando aplausos continuos entre el público congregado frente al montaje.
El TAC reservó además algunas de sus propuestas más inmersivas y experimentales para el tramo nocturno. El claustro del Museo Nacional de Escultura acogió las dos funciones de Ultimátum, de Led Silhouette, una pieza de danza teatro de gran intensidad física y emocional dirigida a público adulto. En paralelo, el Archivo Municipal se transformó en escenario para La conferencia de los pájaros, de Insectotròpics, una propuesta multidisciplinar cargada de simbolismo visual y reflexión contemporánea. También destacó el estreno nocturno de Wall&Peace, de Wonderground, en el Paseo Arco de Ladrillo, donde la danza y el circo coreográfico dialogaron con el espacio urbano en una de las propuestas más arriesgadas de la programación.
La jornada culminó pasada la medianoche en la Plaza Mayor con Tawa, de la compañía Gratte Ciel, un gran ritual aéreo que reunió a cientos de personas mirando al cielo vallisoletano -más que otros días ante la posibilidad de tormenta- en uno de los cierres más espectaculares de esta edición del TAC. Suspendidos a varios metros de altura, los artistas ofrecieron una coreografía visual y lumínica que volvió a confirmar el carácter internacional y multidisciplinar de un festival que consolida a Valladolid como capital europea, durante unos días, del teatro de calle.
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