El Netflix de los vestidos de invitada: la apuesta de tres amigas por una moda más sostenible en Valladolid

Cristina Fernández, Marina Aldea y Laura Ballón impulsan Rèvet Brand, un servicio online de alquiler de vestidos para eventos que busca acabar con los armarios llenos de prendas "de un solo uso"

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El Netflix de los vestidos de invitada: la apuesta de tres amigas por una moda más sostenible en Valladolid
Cristina Fernández, Marina Aldea y Laura Ballón, de Rèvet Brand.
El autor esMiguel Ángel  Fernández
Miguel Ángel Fernández
Lectura estimada: 4 min.
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Hay una escena de la película '27 vestidos' que se repite cada temporada en miles de casas: un armario repleto de prendas elegantes, colores pastel, lentejuelas y estampados imposibles que apenas volvieron a salir a la calle después de una boda, una comunión o una graduación. Precisamente de esa sensación, la de no saber qué ponerse pese a tener decenas de vestidos acumulados, nació Rèvet Brand, una iniciativa creada por tres jóvenes vinculadas a Valladolid que quiere cambiar la forma en la que las mujeres consumen moda para eventos.

Cristina Fernández, Marina Aldea y Laura Ballón no proceden del sector textil tradicional. Una trabaja en marketing digital para una firma de moda, otra es abogada especializada en protección de datos y nuevas tecnologías y la tercera desarrolla su carrera como auditora. Sin embargo, las tres compartían algo: pasión por la moda, muchas bodas en el calendario y la sensación de que el modelo de consumo actual había dejado de tener sentido.

"Llegas a los 30 y de repente tienes siete, ocho o diez bodas al año. El armario se llena de vestidos que probablemente no vas a volver a usar y empiezas a pensar que tiene que existir otra alternativa", explican. Así comenzó a tomar forma Rèvet Brand, un proyecto de alquiler de vestidos de invitada que funciona principalmente de manera online y que ya envía prendas a cualquier punto de España, incluidas Baleares. La idea es sencilla: la clienta entra en la web o en Instagram, elige el vestido, selecciona la talla y las fechas del evento y recibe la prenda en casa. Tras utilizarla, solo tiene que devolverla en la misma caja. La limpieza y la tintorería corren por cuenta de la empresa.

"Queríamos crear una especie de armario compartido", resumen las jóvenes emprendedoras en una entrevista para Tribuna Valladolid. "Que las mujeres pudieran acceder a vestidos especiales y de marcas reconocidas sin tener que gastar cientos de euros cada vez ni acumular ropa que luego se queda guardada".

La idea llevaba más de un año cocinándose antes de ver la luz. Entre sus trabajos, reuniones, trámites burocráticos y el diseño de la marca, las fundadoras fueron construyendo poco a poco un catálogo que hoy supera los 35 vestidos. Todas las prendas han sido seleccionadas por ellas mismas tras estudiar tendencias, colores, tejidos y demandas habituales entre las invitadas.

"También nos preocupaba mucho el tema de las tallas", explica Laura Ballón. "Queríamos que hubiese variedad y que cualquier mujer pudiera encontrar un vestido con el que sentirse cómoda". Actualmente trabajan con tallas desde la XS hasta la XL y con firmas como Redondo Brand, Lady Pipa, Cardié Moda, Sophie and Lucie o Bimani.

Pero detrás del negocio hay también una reivindicación silenciosa sobre cómo está cambiando el consumo de moda. Frente a la compra compulsiva o al uso único de determinadas prendas, el alquiler comienza a abrirse paso entre una generación que prioriza la sostenibilidad y la practicidad. "El usuario ya no consume igual que hace unos años", señalan. "Ahora se busca un consumo más responsable. No solo por ahorro económico, sino porque no tiene sentido llenar el armario de vestidos que solo te vas a poner una vez".

Paradójicamente, el alquiler de ropa masculina para eventos lleva décadas completamente normalizado. Los chaqués o esmóquines siempre se han alquilado con naturalidad. Sin embargo, en el caso de las mujeres todavía existía cierta resistencia cultural. "Es curioso porque los hombres suelen ir muy parecidos en todas las bodas y tienen el alquiler totalmente integrado. Nosotras, que cambiamos más, seguíamos comprando vestido tras vestido", comentan entre risas.

La acogida, aseguran, ha superado sus expectativas iniciales. Aunque el proyecto acaba de arrancar, ya están cerrando reservas para varios fines de semana de bodas y acumulando mensajes positivos en redes sociales. "Mucha gente nos escribe diciendo: '¿Cómo no se me había ocurrido esto antes?'", cuentan.

Las fundadoras quieren ahora consolidar el negocio en Valladolid, ciudad donde realizaron su primera campaña fotográfica utilizando algunas de las puertas y rincones más reconocibles del centro histórico. El siguiente paso será abrir un espacio físico temporal o un showroom donde las clientas puedan probarse los vestidos y tocar los tejidos antes de alquilarlos.

"Valladolid está respondiendo muy bien y creemos que aquí hay muchísimo potencial", aseguran. "Nos gustaría tener presencia física muy pronto y después seguir creciendo hacia otras ciudades".

Mientras tanto, Rèvet Brand continúa funcionando desde la logística, las redes sociales y las cajas que viajan de un punto a otro de España llevando vestidos de invitada que, lejos de quedarse olvidados en un armario, empiezan ahora una segunda, tercera o cuarta vida.

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