El episodio de 'Valle Salvaje', emitido el pasado miércoles en La 1, dejó a los espectadores conmocionados con la muerte de su protagonista, Adriana. La salida del personaje supone también el adiós de la vallisoletana Rocío Suárez de Puga, quien ha repasado su experiencia en una extensa entrevista publicada en la web de RTVE y grabada en los propios decorados de la serie.
La conversación, mantenida con el creador de la ficción, Josep Cister, tuvo lugar apenas dos semanas después de rodar la escena final. Volver al set no fue sencillo para la actriz. "Estoy haciendo un duelo", confesó, describiendo la sensación de regresar al escenario donde se despidió de un personaje que ha marcado su carrera.
Suárez de Puga recordó que antes de convertirse en Adriana llegó a realizar pruebas para otra producción diaria, 'La Promesa', también impulsada por el mismo equipo creativo. Sin embargo, tras superar cuatro castings, terminó liderando 'Valle Salvaje'. Según explicó, afrontó el proceso "con una serenidad inédita" que le confirmó que estaba ante "el proyecto adecuado".
Uno de los pilares de su personaje era la familia, un aspecto que traspasó la pantalla. La actriz evocó con cariño sus primeras escenas junto a sus compañeros más jóvenes, especialmente Emma Guilera, quien debuta en la profesión con esta serie. Guilera no dudó en definir a Suárez de Puga como su "guía y referente" durante el rodaje, destacando el "respaldo constante" que recibió en su primer gran trabajo televisivo.
La grabación de la muerte de Adriana fue especialmente emotiva para el equipo. Guilera admitió que el hecho de rodar una despedida consciente ayudó a todos a procesar la marcha. "Ha sido algo muy personal", señaló, subrayando la intensidad del momento.
También participó en la charla Nacho Olaizola, quien dio vida a Julio Gálvez de Aguirre, primer marido de Adriana y fallecido meses atrás en la trama. Entre ambos actores, reconocen, se forjó "una conexión profesional y personal" que facilitó escenas cargadas de humor, tensión y complicidad.
Otro de los ejes fundamentales de la historia fue la apasionada relación entre Adriana y Rafael, interpretado por Marco Pernas. Suárez de Puga definió ese vínculo como el motor del personaje: "un amor nacido desde la herida, marcado por obstáculos y decisiones difíciles". Curiosamente, la boda de la pareja se rodó casi al mismo tiempo que la escena de la muerte, una coincidencia que la actriz describe como "liberadora" y profundamente emotiva.
La decisión de abandonar la serie llegó tras la confirmación de una tercera temporada. En pleno rodaje de otra muerte clave, la actriz sintió que su ciclo "estaba completo". La vallisoetana reconoce "el desgaste del ritmo de una serie diaria" y asegura que quiso marcharse en un momento de plenitud, orgullosa del trabajo realizado y sin que el cansancio empañara la experiencia.
Sobre el desenlace de Adriana, valora especialmente que no se tratara de una muerte violenta ni marcada por la venganza. "He podido cerrarlo en paz porque Adriana se iba en paz", afirmó. Así se cierra una etapa determinante tanto para la intérprete como para una ficción que ha consolidado su identidad en la parrilla de la televisión pública.








