La venidera

Pocos artistas como Irene Tena y Albert Hernández representan la idea de la renovación en el mundo de la danza

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La venidera
FOTO: CHUCHI GUERRA
El autor esÁgreda L.M.
Ágreda L.M.
Lectura estimada: 2 min.
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Todo encaja en este espectáculo que proponen Irene Tena y Albert Hernández, incluso la idea de negarlo todo. ¿Pero qué es No de la Venidera Danza que estamos esta noche viendo en el LAVA?  Aunque, es una obra donde reina la intuición por encima de todo, conviene que el espectador añada lo que le venga en gana y alterar, si puede, el curso de lo que está viendo.

Pocos artistas como Irene Tena y Albert Hernández representan la idea de la renovación en el mundo de la danza. Todo en NO es revolucionario. Quieren buscar el sentido de lo macro y de lo micro en sus pasos, en sus movimientos, en la música… en todo. Buscan el debate en todo lo que bailan, en todo lo rompen, en todo lo que incendian.

Reivindican el poder de la danza con su obra NO. Por eso esta obra es tan rabiosamente contemporánea. Tiene compromiso, amargura, reivindicación de unos valores más allá del tiempo y del territorio y sobre todo la reivindicación del arte como lugar de salvación. Claro que antes hay que pasar por el infierno y hay que quemarlo todo.

Porque hay momentos que No se parece al mundo actual. Un mundo incomprensible y extraño donde es difícil saber que es lo normal y lo que no lo es. Vivimos en una nueva realidad y hemos dejado de saber muchas cosas que tenemos que preguntárselas al móvil. Hay que volver a recuperar la fe.

En ese sentido lo que propone La venidera es encomiable porque intenta hacerlo todo desde la libertad más radical. Son maestros surrealistas. El montaje es sencillo, unas sillas, unos cajones que hacen de escenario, micrófonos, y música en directo a cargo de Derek V. Vulcle. Todo acaba en el fuego y volatizándose en el espacio de la Sala Concha Velasco como si hubiera pasado un huracán.

Sueños, pesadillas, deseos, humo, tierra, polvo, extrañas situaciones se mezclan con taconeos y cortosiones fantasmagóricas que conducen al Purgatorio de Dante. A modo de collage, La venidera va proponiendo al público que tome perspectiva y se posicione, que se implique. Tiene que ser capaz de mirar más allá. De descubrir el esqueleto de que está hecho No. ¿Qué le está sugiriendo todo el lío que hay en el escenario?

Este espectáculo que tiene ínfulas surrealistas tiene momentos de desconexión, de vacío, de inestabilidad. Hay veces que tensa el discurso, pero también ofrece salidas particulares para salir del laberinto del fauno.

El público aplaudió a rabiar al terminar la función. Por fin se habían terminado las preguntas y se podía ir a tomar una caña sin problemas de conciencia. Es muy sencillo: también en Minneapolis han dicho: NO.

 

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