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La vida de Chiara Camoni
El Museo Patio Herreriano ha encontrado un tesoro que se puede visitar hasta el 8 de marzo
La Capilla de los Condes de Fuensaldaña se ha convertido en una cueva gracias a Chiara Camoni (Piacenza 1974). El Museo Patio Herreriano ha encontrado un tesoro que se puede visitar hasta el 8 de marzo. Se está bien a esta hora en la capilla, se siente uno a gusto. Siempre es fascinante disfrutar de estas figuras y escuchar lo que quieren decir.
Son presencias entre humanas y animales mitológicos. La admiración que la humanidad siente por la presencia de la naturaleza es muy antigua. Todas estas figuras tienen una belleza extraordinaria. Son figuras que guardan un parecido entre ellas. Es como un cuadro de El Bosco, cada figura tiene vida propia y apelan a la imaginación del visitante.
Escribe Barceló que "en el arte no hay progreso", el arte siempre es arte, el arte está ahí porque lo necesitamos, no podemos prescindir de él para existir, independientemente de la época. Cobra, como en esta exposición de Chiara Camoni, distintas formas según el contexto, pero responde a la misma emoción, la misma necesidad.
Estas figuras de la capilla me recuerdan a esas figurillas que se hacen con pan entre plato y plato y uno las va modelando con las manos a su antojo. No hace falta utilizar ninguna herramienta, solo tiene que estar fresca la masa para que de repente aparezca una figura.
Resulta también interesante de estas figuras que se encuentran en la capilla y en la Sala 9 su aparente fragilidad. Hay que prestar mucha atención cuando el visitante entra en la Sala 9. Si se presta la atención necesaria se puede encontrar con algo nuevo. La inspiración que ha desarrollado Chiara Camoni para el montaje de esta sala es muy bella. Ha engendrado belleza por todos los rincones y ahora los visitantes tienen que ser capaces de descubrirla.
Trabaja la arcilla Chiara Camoni como los humanos en la prehistoria trabajaban el barro. Porque estas figuras son una forma de acercase también a la pintura, a la escultura. Figuras que me recuerdan tanto a Gaudí. Estas figuras podrían formar parte de la Sagrada Familia o del Palacio Güel sin lugar a dudas.
Partiendo de ese principio y de la idea de que la obra de arte siempre la termina su espectador, Erguidas y yacentes de Chiara Camoni, llega a establecer con el visitante que mira su obra, una fascinación sostenida que posibilita a poco que ponga de su parte una pequeña transformación. Una fascinación que tiene mucho que ver con la serenidad absoluta que el visitante percibe cuando lleva más de cinco minutos en la capilla del museo.
Solo el arte puede registrar los matices de la vida.
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