El artista vallisoletano lanza una propuesta urbana marcada por ritmos actuales, una estética romántica y un videoclip grabado en la ciudad
La danza es vida
Palabras contra el olvido
Que el coreógrafo taiwanés Po-Cheng Tsai que esta noche se presenta en el LAVA con su obra 'Floating Flowers' es uno de los grandes coreógrafos del momento pocos lo dudan. De la estirpe de Martynas Rimeikis, Marcus Morau, Angelin Preljocaj, Kaloyan Boyadjiev, Andrew Mcnicol, Jiri Kylián, Sofhie Laplane, Sol Picó, Johan Inger, Ted Brasan y Van Manen, bailarín y coreografo, cofundador del Nederlands Dans Theater, todos los citados en sus creaciones hablan de las relaciones humanas.
Y están empeñados en renovar la danza. Que la expresión está por encima de la técnica, pocos lo discuten. Esta noche viendo a B. Dance (Taiwán) salta a la vista. Aunque resulte paradójico, a estos bailarines y bailarinas no se les mueve un músculo de la cara. Y tienen un solo objetivo común demostrar al público del Lava que han trabajado duro, que se han dejado la piel, literalmente para poner este estupendo espectáculo en pie.
Todos los ensayos, todas las experiencias acumuladas a través de sus trayectorias profesionales, familiares y personales se exploran en B. Dance. Combinar la inteligencia del cerebro con la del cuerpo lleva su tiempo. El resultado que estamos viendo esta noche está cautivando al público.
Estos bailarines y bailarinas están dotados de una técnica que no se consigue en dos días. Poseen un virtuosismo y una concepción de moverse por el escenario que encandila la mirada y calma el dolor. Todo el elenco con su propia personalidad y estando atento para que aquello funcione como un Longines.
Sí que explora B. Dance ese mundo en el que el tacto ha desparecido por completo. Da como miedo tocarse y reconocerse. Y era chocante ver, parecían evitarse darse la mano, tocarse, como si estuviera prohibido y acarrearla una multa excesiva. Tocarse, eso era en el Paleolítico.
La composición musical de Rockid Lee me dio la impresión que conectó más con los bailarines y bailarinas que con el público. Demasiado plana y machacona para mi gusto, le faltaba sustancia, gracia y vuelo, en definitiva.
Y sobraron las pantallas. De las pantallas está uno más que harto. ¿Por qué no se dan cuenta? Lo que gusta es saborear lo que está pasando delante de tus ojos y darte cuenta que la persona que está a tu lado se relaciona con lo que ve.
En B. Dance se derriban muchos estereotipos. Aquí dentro hay de todo: mimo, teatro, pantomima, circo... y todo bien ordenado, al revés justo de lo que dicen los periódicos y la televisión que está pasando ahí fuera.
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