La Sala Municipal de Exposiciones La Pasión acoge una muestra sobre la actriz, uno de los mitos de la historia del cine
Celebrando a Marilyn
La Sala Municipal de Exposiciones La Pasión acoge una muestra sobre la actriz, uno de los mitos de la historia del cine
Hace tiempo que se fracturó el canon modernista de la crítica. El presupuesto, si le hay, es el que manda. Los gustos y las preferencias las marca el mercado. Pero la crítica, si es crítica, está llamada a cuestionar las cosas. Entras en la Sala Municipal de Exposiciones: Museo de La Pasión para ver la exposición 'Celebrando Marilyn' y se te cae el alma a los pies. Da la sensación, por momentos, de haber entrado en una habitación de un adolescente. Porque se trata de obras de escaso valor, lo que las hace visualmente poco atractivas.
Que esta sala necesita una reforma lo saben los chinos. En esta sala es imposible disfrutar de nada. Una sala de exposiciones que se precie lo primero que tiene que hacer es generar en el espectador una transformación. Y este Museo de La Pasión no genera ninguna. Se corre el peligro de contar los visitantes de las exposiciones, sí, montones de gente pero que salen igual que han entrado.
Tendremos que esperar hasta que llegue una exposición en condiciones. Está previsto que llegue una buena de Marilyn a CaixaForum Madrid para otoño coproducida por La Cinémathéque francaise. Que Marilyn no necesita presentaciones lo sabe todo el mundo. Que el visitante recorriendo la exposición de La Pasión se puede hacer una idea de la vida personal y cinematográfica de Marilyn Monroe es evidente. Pero también se la puede hacer leyendo cualquier panfleto que hable de ella.
La artista, nacida como Norma Jeane Mortenson nos dejó un puñado de maravillosas películas: 'Vidas rebeldes', 'La tentación vive arriba', 'Con faldas y a lo loco', 'Los caballeros las prefieren rubias', etc. Que Marilyn es una de las mejores actrices de la historia del cine, no tengo dudas.
Marilyn conoció pronto "la inllevable soledad" de la juventud. Desde el primer matrimonio a los 16 años con el policía James Dougherty, luego DiMaggio y después Arthur Miller, su paso por esta vida resultó "un valle de lágrimas y estupefacientes". Ya sabemos que la vida sin amor es patética; con amor, se vuelve trágica.
Pero volvamos a la sala. A esta sala le falta alma. Una sala de exposiciones que tenía que ser el buque insignia de Valladolid y con un presupuesto en consonancia a la historia cultural de la ciudad, muere sin que haya medicina que lo remedie. Y eso que me consta que la concejala está por sacar dinero debajo de las piedras, pero…cine, cine, India, India, pádel, pádel, casetas, casetas… patrocinio de pinchos en África y otras lindezas, las salas de Valladolid están en la UVI.
Una buena sala de exposiciones (en Valladolid no hay ninguna) tiene que contribuir al desarrollo humanístico de tu ciudad, de la de ahora y la de los próximos cincuenta años.
Hace ya demasiado tiempo, que el arte y sus múltiples lugares han dado por muerto y enterrado al visitante de una exposición. Entras y sales como si fueras un zombi. Eso, sí, enormemente satisfecho porque todo lo que sabías estaba allí.
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